Amamos tanto a los Beastie Boys

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EL RETORNO DE LOS CHICOS BESTIALES

El trío de rap neoyorquino cerrará el festival Santiago Urbano Electrónico (SUE) el próximo sábado. Hace 20 años revolucionaron el hip hop al fusionarlo con rock y letras irreverentes, llegando al tope del Billboard. En Chile acusan recibo.

Por J.C. Ramírez Figueroa (29 de octubre de 2006, Artes y Letras)

Hace 20 años, un Boeing 727 aceleró tanto, que terminó reventando contra la primera montaña que se puso por delante. No fue un choque en el espacio aéreo, sino en el musical, que se estremeció con la aparición de un disco -su carátula traía la imagen del avión- que mezcló al hip hop con el rock and roll, trepó al número uno del Billboard y demostró que los blancos también sabían animar la fiesta. Tres judío-neoyorquinos tuvieron la culpa: Los Beastie Boys y su disco “Licensed To Ill” brillará eternamente en las listas de discos que hay que escuchar antes de morir.

La fiesta era el eje del “disco de rap favorito de los que no soportan el hip-hop” como señaló un crítico. Una placa donde los riffs de Kerry King (Slayer), las baterías programadas, sampleos de Creedence Clearwater Revival o The Clash y letras exaltando el desmadre, lograron sacar al rap y al hip hop del ghetto, pavimentando el éxito de N.W.A o Public Enemy entre el público blanco. Después, con “Check Your Head” (1992) y el multiventas “Ill Communication” (1994) los B.B. se abrirían al jazz, las bases electrónicas, el hardcore punk de sus inicios y la conciencia social, clamando por la liberación del Tíbet. Y así aterrizaron en abril del 95 en el Teatro Monumental de Santiago ante 6.500 personas, cuando la escena hip hop nacional aún se agitaba en la periferia y de vez en cuando asomaba su cabeza a la radio con De Kiruza, Panteras Negras o La Pozze Latina, sus teloneros en esa ocasión.

Ducha fría a la transición

Algo habrán dejado en el aire estos neoyorquinos, que al poco tiempo Tiro de Gracia y Makiza -cuya líder Anita Tijoux es hija de exiliados en Francia- editaron “Ser Humano!” (1997) y “Aerolíneas Makiza” (1999), respectivamente. Una ducha fría y certera lectura social del Chile empantanado en la transición. Las sesenta mil copias del primero demostraron que se podía hablar de política o injusticias sociales y ser escuchado tal como Los Prisioneros en los ochenta. La clave era encontrar la forma de decirlo.

Una teoría que se repite es que el estilo fue traído a Chile por hijos de exiliados, que recibieron la traducción francesa, alemana o italiana que se hacía del hip hop norteamericano, enriqueciéndolo y volviéndolo más elegante e, incluso, más inteligente.

“Ahora el hip hop tiene su espacio en la cultura nacional, pero también se están separando las aguas, entre una escena mercantil y otra popular y combativa”, piensa Lalo de Legua York. Su banda, radical e izquierdista, se inserta dentro de una escena que cree en la acción social y el hip hop como forma de educar. “No creo que exista una clase media. Al final, todos son pobladores, que trabajan de sol a sol y que viven en un sistema desigual. A ellos va nuestra música. A nosotros nos gusta vivir con las patas en el barro”. Lalo cree en volver a las raíces y hacerle la cruz al mainstream.

La nueva generación chilena

Pero también existe un grupo de gente menos politizada, aunque no por eso inconsciente. Gente que en su adolescencia escuchó estos discos, pero no quiso integrar una escena, y que usando el hip hop de plataforma e internet como medio, están dando una nueva vuelta de tuerca, tal como los B.B. el año 86 cuando comenzaron a rapear para olvidar su fracaso como banda punk rabiosa.

“Makiza y Tiro de Gracia nos enseñaron a hacer cosas nuevas, sin limitarse a copiar el hip hop gringo”, piensa Gabriel Díaz, quien estuvo en el debut de B.B. y forma parte de CHC, colectivo que rima y junta palabras que suenan bien con bases originales y bien ejecutadas. Otro que no acata los esquemas “gringos” es Colectivo Etéreo, grupo formado por chicos que se conocieron por internet. Ellos comenzaron tocando en festivales hip hoperos disfrazados de rockeros o de frutas, mientras el público espantado les gritaba “maricones”. “Ocupamos el formato, pero no nos metemos en el movimiento. Creo que los hip hoperos nacionales son muy falsos, con esas ropas y actitud copiadas de los gringos, de machotes, de tipos rudos. Les debe chocar que nosotros hablemos de sentimientos”, dice Diego Vergara miembro de la banda. Su primer disco “Ijniaaa!!” es una colección de canciones sobre corazones rotos. Nerdcore -líricas nerds- como alternativa al rap gangsteril y al hip hop metafórico. Una nueva escena que también podrían integrar Compiuters o Dilema Industria, quienes ocupan los códigos del hip hop para hablar de otras cosas y cuyas canciones pueden bajarse de manera gratuita por internet.

Exposición mediática y lenguaje propio

El próximo sábado 4 de noviembre, cuando los B.B. toquen en Espacio Riesco, promocionando “Awesome; I Fuckin’ Shot That” -un DVD en vivo con 50 voluntarios del público grabándolos en un show en el Madison Square Garden el 2004-, serán teloneados por Tiro de Gracia. El dato no es menor, ya que el grupo fue uno de los antecedentes de la profesionalización del estilo. Un ejemplo de las contradicciones del género, que pelea entre la exposición mediática y la búsqueda de un lenguaje propio. Asunto que los neoyorquinos superaron desde el principio.

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El primer disco

Iba a titularse “Dont be a Faggot”, forma vulgar de referirse a los homosexuales, pero que también podía interpretarse como “No seas mamón”. Revisando el clip de “(You Gotta) Fight for Your Right (to Party)” -su primer single- es obvio que Mike D., Adrock y MCA -los chicos bestiales- se referían a lo segundo. Allí, el trío maravilla aleccionaba a una pareja de nerds sobre cómo tener actitud en plena era Reagan y, de paso, hacer guerras de comida y seducir chicas, mientras sus amigotes metaleros destruían la casa.

“El aporte de la banda es su ironía y el mensaje propositivo que esconden en ella. Porque también tienen conciencia social. Son emblemáticos”, opina Lalo York. “Ellos trascendieron el hip hop, porque lograron con la mezcla de estilo algo de buena calidad, un estilo integral. Lo mejor de la banda es su desprejuicio”, sostiene Gabriel Díaz de CHC.

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