Nacho Vegas: Por el lado salvaje

No sé bien como llegué a NV. Imagino que todo comenzó con esa canción que venía en la RDL -la que venía con The Strokes en la portada- y que me llevó a explorar su discografía y sentir que las letras funcionaban como una especie de sesión de psicoanálisis. Curiosamente en esa época yo escribía en un sitio indie y el encargado del sello me mandó un mail que yo me demoré en contestar. Coordinamos y una mañana de noviembre conversamos por teléfono. Fue la primera entrevista que hizo para Chile.

Por J.C. Ramírez Figueroa  (19 de noviembre 2006, LCD, La Nación Domingo)

nachovegas_foto1

Oscuro, literario y rockero, Nacho Vegas transita por la misma senda de Nick Cave y Bob Dylan, pero en nuestro idioma. Ahora prepara su desembarco como solista y con un proyecto paralelo junto al ex Héroes del Silencio Enrique Bunbury. A fin de año viene a Argentina y tal vez inyecte su veneno en Santiago.

Por J.C. Ramírez Figueroa*

Detrás de un cristal, cuatro putas invitan al extranjero a entrar mientras bailan un transpirado vals. Un padre no puede evitar mirar la mancha oscura que dejó su hijo Simón en el colchón después de suicidarse. Ante el juez, Ramona dice que mató a un hombre por culpa del calor y la humedad, y además porque esta vida iba a ser otra y algo salió mal. En el Bar La Sed Mortal, un borracho comienza a pedir perdón por todas las cosas y un payaso le cuenta que hasta los perros se ponen tristes después de eyacular.

Nacho Vegas (31 años, Gijón) escribe canciones que no sólo se escuchan, sino que también se leen. Y si una buena canción es aquella que te obliga a dejar cualquier cosa que estabas haciendo, el compositor español da en el blanco. Pedazos de un hombre/espejo roto que duele y muchas veces corta, desde “Actos inexplicables” (2001) y “Cajas de música difíciles de parar” (2003) hasta los simultáneos “Desaparezca aquí” (Limbo Starr) y “El tiempo de las cerezas” (Emi) –álbum doble junto al ex Héroes del Silencio Enrique Bunbury–, este flaco se ha convertido en el secreto mejor guardado del rock ibérico.

Aunque –tras sus constantes apariciones como artista o disco del año en la revista “Rockdelux”, el lanzamiento continental del disco con Bunbury y la bendición del YouTube de Internet– no es difícil encontrarlo, con sus gafas oscuras y su chaqueta de terno, caminando la senda de Nick Drake, Leonard Cohen o Nick Cave.

LOS CUATRO PASOS

Lo primero fue escuchar a Morrissey. “Era sensibilidad, ambigüedad sexual, provocación, belleza… todo. ¿Qué más se le puede dar a un adolescente desencantado con el mundo y hambriento de mitos a los que aferrarse?”, escribió el propio Vegas en un fanzine español dedicado al cine.

Luego, aprendió guitarra –inspirado en Sonic Youth– y formó bandas como Eliminator Jr. y Manta Ray. Después se encerró a leer y empezó a escribir letras en castellano. “Uno de los defectos de mi generación es abusar del inglés que oculta carencias y pone una frontera entre tú y lo que quieres decir”, manifiesta. Finalmente decide cantar en solitario.

Esos fueron los cuatro pasos de Nacho para convertirse en Nacho Vegas. Un compositor que ha sido saludado por “Página 12”, “Rolling Stone” e “Inrockuptibles”, y que ya inició el desembarco en nuestro continente con su sello Limbo Starr. El primer puerto es Argentina.

“El rock tiene una urgencia particular que lo hace muy excitante, especialmente cuando eres joven. La poesía es más sintética. El peligro es que puedes escuchar música lavándote los dientes, adoptando un papel pasivo, mientras que un libro siempre es activo. Los discos que más disfrutas también son activos”, explica Vegas al teléfono desde Gijón.

Y en su música, que alterna la electricidad despiadada y una perversa calma acústica, se detecta fácil un ADN de bibliotecas y rock. Pero, además, Nacho Vegas se salta el recurso del estribillo tarareable para caer en una zona del alma del oyente a la que pocos saben llegar. Historias de culpa, drogas, insomnio, muerte y amor condensadas en personajes miserables y atrapados por el destino como en los grandes dramas griegos.

“Unamuno decía que la gente prefiere el infierno a la nada. Lo único bueno del sufrimiento es que te hace sentir vivo. Y una de las cosas que más luces arroja sobre la naturaleza humana son los dilemas morales, el enfrentamiento con uno mismo”, dice soltando una bocanada de humo al auricular.

Aunque reconoce que hay un sentido del humor implícito en sus textos, se percibe un exquisito cinismo de cantautor a negarse a explicar lo que las canciones evidencian. “Es necesario llegar a un punto donde se crea una distancia entre la canción y el autor, trascender el puro relato autobiográfico. Las canciones sirven para cuestionarse a uno mismo y lo que te rodea, y uno puede intentar reconocer sus errores sin dramatizar todo. La tentación, cuando utilizas la primera persona, es caer en el ombliguismo”, explica.

Vegas estaría tocando a fin de año en Ciudad de México, iniciando su plan de promoción junto a Bunbury –del cual ya se desprende el single “Días extraños”, con aires a canción de carretera y al “Everybody’s talking” de Harry Nilsson– y además aprovechará de visitar Buenos Aires en plan solista, aunque no se descarta un showcase en Santiago de Chile.

“Yo creo que las canciones salen del desorden, de los sentimientos confusos y encontrados, un caos que escapa de la lógica y que uno necesita ponerle melodía y letra. La gente cree que mis canciones son tristes, pero eso es reducirlas. Transmitir esa sensación de absurdo es difícil”.

*publicado en La Nación Domingo. 19 de noviembre 2006.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s