Vuelven los “Girlgroups”

Por J.C. Ramírez Figueroa, (14 de enero 2007, Artes y Letras)

“Los Beatles lo arruinaron todo”, dicen The Pipettes -el prometedor trío maravilla del pop británico, a pesar de que ni los sellos grandes ni el aún influyente semanario “New Musical Express” les den bola- agitando coquetamente sus vestiditos de lunares y peinados a go go. Y lo repiten para quien quiera escucharlas: con los fab four comenzó la aburrida moda de las boysband, estáticos con sus guitarras eléctricas, seduciendo jovencitas y engordando su cuenta corriente al mismo tiempo. The Who, The Kinks, The Rolling Stones, todas caben en el saco, porque sepultaron la inocencia de las bandas de chicas, las grandes orquestaciones y productores obsesivos, convencidos de que el single es una obra de arte mayor. “La historia se puede contar de otra manera”, escriben en el manifiesto de su página web, para luego deshacerse de la tradición beatlera y los clichés del rock/blues y revolver los vinilos del sello Motown, el Northern Soul y Phil Spector, y refugiarse en ellos para siempre. (Ver recuadro)

Al otro lado del charco, en las salas de cine, “The Dreamettes” empiezan a lograr el éxito en un mundo pre-Beatles, pasando de ser unas chicas gospel a un fenómeno pop gentileza de su productor Curtis Taylor Jr. La mismísima Beyoncé sorprende como actriz encarnando a la sufrida-pero-ambiciosa Deena Jones, en una historia inspirada en un exitoso musical de Broadway que remite a la biografía de Diana Ross con las Supremes, quien terminó entre una ráfaga de hits -como la impresionante “Stop! In The Name of Love”- comiéndose a la banda, ganándose el afecto incondicional de Berry Gordy (el dueño de la Motown) y el odio de medio mundo.

“Dreamgirls” y The Pipettes son las tenazas que rescatan y dejan a la vista de todos la locura de los girlgroups y el r& b en la década que sucedieron todas las cosas, los sesenta. La primera -firme candidata al Oscar y que llegará a nuestras acondicionadas salas el 15 de febrero- es una fascinante lectura desde los ojos del american dream, el mundo del show business y la película de crecimiento. La segunda es mejor aún: una banda de amigas obsesivas, guapas y melómanas de Brighton -ciudad capital de las batalla entre los rockers y los mods en 1964- decidieron componer sus propios números uno, inyectarle punk y encapsularlos en su reciente disco debut “We Are The Pipettes”.

Ya era hora de reivindicar el sonido -y las coreografías-, que tras la invasión británica de 1964/1965 terminó perdiendo el rumbo y relegado a los contornos, muchas veces escondido entre acoples de guitarra y prensa rockera mal informada. Pero siempre estuvo respirando, en cada línea vocal del disco “With The Beatles”, en la Nueva Ola chilena, en Sandro, Raphael o Camilo Sesto, en los baladistas italianos, en los jingles de cualquier radio del mundo, en la experimentación de Velvet Underground, en cada gesto de David Bowie, en el punk de los Ramones, en las comedias románticas de John Cusack con guión de Nora Ephron, en The Smiths y Jesus and Mary Chain, en los Strokes y Franz Ferdinand. ¿Y dónde estaban las chicas? ¿Viendo documentales de rock donde los músicos del sello Motown reconocían que nunca pudieron superar en influencia y popularidad a los Beatles?

Coquetería y moda

Hace rato que el formato disco está muerto. Con internet y el MP3 , las bandas deben defenderse con canciones que peguen, que vuelvan loco y paralicen para no pasar a la siguiente del playlist. El single ha resucitado en gloria y majestad, como a fines de los cincuenta, cuando nadie imaginaba que The Who o Pink Floyd harían esos discos conceptuales con largos solos de batería o historias retorcidas.

Claro que Beyoncé no habla del tema en las entrevistas promocionales. Sólo frases de buena crianza sobre lo orgullosa que se siente con el éxito del filme. Después de todo, “Listen”, el clip promocional de “Dreamgirls”, es un desabrido y tópico r& b, de radio FM destinada a la pareja. Las inglesas son más combativas, dicen que aunque es imposible sonar como las Ronettes producidas por Phil Spector, hay que rescatar la mirada de las bandas de chicas que inexplicablemente no supieron enfrentar a los rockeros.

“Por cada banda que desnuda las emociones de la vida real se necesita una banda que la evada, que escape de ella”, dicen en un informe “The Guardian”. Claro, la idea espantará a muchos que creen que la depresión o la ironía son más verdaderas que el enamoramiento tonto en que basan sus canciones. Como si la onda del rock de garaje neoyorquino -que va en picada- o los cantautores que buscan en las disquerías los discos folclóricos que salvarán su carrera fueran más verdaderos que tres calcetineras enamoradas. Pero esto es el principio: tras las Pipettes vienen The Priscillas y The Puppini Sisters, y tras la película de Beyoncé se vislumbran reality shows y reediciones de las viejas colecciones de singles. Justo lo que necesitábamos.

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Coordenadas

Be My Baby (The Ronettes, 1963): el pattern de batería y las castañuelas abren una de las canciones más gloriosas de la historia. Canción de amor, cuando ni se te ocurre que la otra persona podría rechazarte, voces dulces y la pared de sonido de Phil Spector enmarcan una canción perfecta y mil veces copiada, homenajeada y amada.

Phil Spector. Productor/compositores: El primero desarrolló en los studios Gold Star el “Muro de Sonido”, que consistía en juntar instrumentos típicos de una orquesta con guitarras eléctricas y batería, instalar decenas de micrófonos y producir una almohada envolvente para cobijar a artistas desde las Crystals hasta los Ramones y John Lennon.

Motown: Mítico sello de Detroit que editó y trabajó con artistas negros que mezclaron el country, rock and roll, r& b, soul y blues para crear un sonido único, el de “la joven América”, como rezaba su logo y que disputó con artistas como The Supremes, The Four Tops o Marvin Gaye los número uno con los Beatles, Beach Boys o quien fuera.

Edificio Brill: Factoría de la canción pop norteamericana ubicada en Nueva York durante los primeros sesenta. Allí se reunían compositores y letristas como Burt Bacharach y Hal Davis, Carole King compuso “Will You Love Me Tomorrow” para las Shirelles y nacieron los hits mundiales de Aretha Franklin o Dionne Warwick. “No entiendo cómo podían salir canciones así. Ni siquiera consumían drogas” dijo Noel -Oasis- Gallagher en un documental.

We Are The Pipettes (2006): Explosivo álbum debut del trío formado por Riot Becki, Gwenno y Rosay más los músicos que se bautizaron como The Cassettes. “Pull Shapes”, el primer video es un homenaje a la película de culto “Beyond The Valley of Dolls” (1970) de Russ Meyer (que mezcló la edición ultra rápida, los senos al aire y la psicodelia pop para salvar a la 20th. Century Fox de la quiebra), y nos introduce en un mundo repleto de voces en armonía, faldas coquetas, tontas letras de amor, punk rock y por supuesto un viaje que se alimenta de toda la herencia de las bandas de chicas en canciones con títulos como “Me duele verte bailar tan bien”, “Sexo” y “Tus besos ya me cansaron”. “Somos unas pipetas, unos tubos de ensayo para experimentar con el pop”, dicen.

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