We are The Pipettes

Por J.C. Ramírez Figueroa (20 de febrero 2008, Emol)

36102wearethepipettescoverSin buscarlo, el debut de las Pipettes, editado originalmente el 2006, constituye una provocación a los hábitos de consumo musical en la era wi-fi. Sí, porque tras esos vestidos de lunares, peinados modettes y coreografías de girl group se esconde un puñado de canciones que pasaron escandalosamente inadvertidas. Un soberbio trabajo de arqueología pop, en coproducción con la banda The Cassettes, que logró resucitar las claves de la era pre-Beatles: producción, ritmo, sexualidad contenida y melodías imposibles de despegar del cerebro. La misma efervecencia sonora que vemos en los documentales de la historia del rock cuando el “sonido de la joven América” del sello Motown y el Northern Soul (su versión inglesa) volvieron popular al viejo R&B. Un estilo que curiosamente fue usado por Lennon y McCartney, The Animals y los Stones para invadir Estados Unidos y, de paso, sepultarlo. Lo anterior es una denuncia que estas muchachas de Brighton hacen en su página web: “Los Beatles lo arruinaron todo al imponer todas esas aburridas bandas de muchachos con guitarra que sólo tocan para seducir chicas y ganar dinero”. En una entrevista defendían su opción, conscientes del panorama actual donde muchos creen que las canciones pegajosas las inventaron los Ramones. El largaduración y sus singles -muchísimos, como buena banda tributaria de los ’60- consiguieron una buena recepción en países de tradición “cancionera” como Alemania, Suecia o Australia. En Estados Unidos, aparte de los anglófilos (tribu urbana que ama a la Inglaterra sixtie con la misma devoción que el público Blondie lo hace con el britpop noventero), no pasó demasiado. Los indies fundamentalistas las acusaron de “sexualizar al indiepop” y el resto de los “auditores cazabandas” elegió al combo brasileño Cansei de Ser Sexy (sucios, ochenteros, electros) como la sensación de temporada. En Chile, como era de esperar, ocurrió lo mismo. La banda declaraba acertadamente: “en verdad, lo único que tenemos de indie es el sello”. La indiferencia al We are The Pipettes demostraría entonces que más que “canciones”, el nuevo público consumidor de pop (adolescente, conectado, adicto a MySpace), prefiere que las revistas, sitios web o redes sociales de recomendación musical (como Last Fm) “le eligan” ropa, estilo y actitud, usando el soporte de la “nueva música”. Bucear por Internet y disquerías hasta encontrar bandas con canciones que te hacen sentir como si estuvieras marcando un gol es casi utópico. ¿No se supone que ésa era la gran promesa de MySpace? Sin embargo la industria aprendió a vampirizarlo y promover bandas como Arctic Monkeys o Lily Allen como “salidas directamente de la red”. Con esa lógica sería imposible justificar por qué el estribillo de “Your kisses are wasted on me”, la infalible progresión de acordes de “Judy”, el ritmo frenético de “Pull shapes”, el muy Phil Spector de “Sex” o el gancho de la letra de “Abc” tuvieron que grabarse de nuevo (más crudo, más hot) para conquistar de una buena vez al mercado no-europeo. ¿No se supone que estos ingredientes han hecho triunfar desde Elvis hasta Pink Floyd, desde The Smiths a Oasis? Mientras tanto, los aburridos chicos de Artic Monkeys o My Chemical Romance, siguen haciendo esos riffs monocordes, afectando las voces, cantándole a la nada, como si nada de lo anterior importara.

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