Gufi – Corazón D´Roto

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Por J.C. Ramírez Figueroa (3 de noviembre 2008, Emol)

Gufi apareció en el mapa el 2003 gracias a “Por ella”, la historia de una novia que terminó suicidándose, y luego “Paul”, el comentado tema sobre un adolescente masturbador. Canciones herederas de la fórmula pop + punk tan fundamental en la escena hardcorita de esos años. “Síndrome Peter Punk” con guitarrazos y buenos estribillos. Sin embargo la banda ya cargaba una larga historia: trabajaron con la dupla Packman (Cristian Heyne y Koko Stambuck), se les congeló un prometedor contrato con EMI México (que terminó quedando en nada), sufrió la retirada de un integrantes (Gustavo “Chabin” Labrín, quien luego formaría Tronic popularizando en vivo a “Paul”) y vivió el asesinato callejero de Emmanuel “Chiwawa” Finlayson, baterista de la banda.

Corazón d’roto es el sucesor de Historias de la calle (2005), aquel disco “detenido” por los mexicanos y que funciona ahora como la segunda parte de estas crónicas de supervivencia adolescente. Historias que van un paso más allá de las letras pretendidamente confesionales del punk radial o eso que insisten en llamar emocore. Como el fundacional Dookie de Green Day, este disco se escucha de una, siendo imposible no seguir las baterías y las guitarras con las manos. Acá hay amistad (“Bar de René”), sexo pokemonesco (“Condón”), padres que se fugan con otra mujer (“Ganas”), la soledad (“Enchúlame el corazón”). Postales generacionales de clase media que merecen ser tomadas en serio.

A diferencia de Los Miserables –que ponen los ojos en blanco homenajeando a Caszely y declaran que todo este “punk” joven es basura- los Gufi tocan muy bien, tienen un inadvertido potencial pop y su energía está centrada la vida en vez del típico odio punk sublimado en discurso político. Incluso cuando encaran el clasismo educativo y los papás que intentan meter a los hijos en un colegio particular (“Apariencia”), o la traición (“Maricones”). El disco está repleto de guitarras potentes que pasan del riff a la explosión, buenos quiebres de batería y la voz de Picchetti que le debe mucho a Green Day y Blink 182, música que escuchaba cuando era niño en EE.UU. Que nos perdonen los rabiosos punkies politizados, pero bandas como Gufi sí que saben escribir historias que involucran a su público.

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