Elton John: Piano Rock

Fue una noche donde Elton John demostró que es el padre de todo el rock de pianos y que es bueno volver a los clásicos. James Blunt, por su parte, un influenciado indirecto del músico, corrió, saltó y dejó que las fans lo tocaran.

 

J.C. Ramírez Figueroa (26 de enero 2009, Emol).

Hubo un momento, hacia el final del recital de Elton John, en que cierto público VIP comenzó a retirarse en bloque. Mientras él aporreaba su piano de cola (y una pantalla gigante registraba estas acrobacias en primer plano), una pareja se levantó y corrió hacia la salida. Bastó ese gesto para que, muy a la “chilena”, otras parejas se animaran a seguirlos. Por un segundo, el músico pareció percatarse que estaba perdiendo gente, pero no le importó mucho y siguió tocando.

Más respeto con Elton John. El mismo Charly García reconoció que gracias a sus primeros discos se animó a reemplazar la guitarrita por el piano en Sui Generis. John Lennon dijo a principios de los setenta que lo único verdaderamente nuevo que había escuchado era él. Y lo más importante y que debería destacarse en todos los documentales y escuelas de rock: en un mundo de “héroes de la guitarra”, Elton John –bajito, encerrado en su closet, inseguro– se atrevió a imponer las teclas.

Soldado Blunt

Pero vayamos primero a James Blunt, el telonero influenciado –indirectamente– por el piano rock de Elton John. Ante los gritos femeninos y los aplausos respetuosos de los machos que las acompañaban, Blunt –entre el piano y la guitarra acústica– desplegó sus sentimentales hits: “Goodbye my lover”, “High”, y “You’re beautiful”, obviamente.

El ex soldado realmente estaba emocionado cantándolas y hasta dejó a la banda tocando para saltar hacia la cancha y correr hasta el fondo del recinto mientras las fans –en éxtasis– se empujaban para tocarlo y comprobar si los músculos exhibidos en el video de “You’re beautiful” estaban aún en su lugar. La misma “salida de libreto” hizo en Buenos Aires dos días antes.

El problema con Blunt es que no se define. No es pop ni soul. Sus canciones son lamentos construidos para gustar, con estribillos y trucos efectivos pero no por eso profundos o capaces de anudar gargantas. Grita, golpea el piano, le pregunta al público si quieren “happy songs”, hay un órgano Hammond emulando a The Doors y hasta toma una guitarra eléctrica ultra distorsionada, pero sus letras de amor parecen estar escritas por un futbolista.

Sin embargo, es innegable que el muchacho sabe usar los trucos que conoce. Como en “Because I love you”, una marchosa pieza que suena tan bien como la muy Coldplay “Same mistake”. Quizá si escuchara menos al manager, si empieza a decirle al encargado de iluminación que apunte a su banda (casi nunca se vieron), si explorara verdaderamente la canción de autor, su talento podría desarrollarse. Pero, ¿qué se le puede sugerir a un multiventas que canta feliz “1973” con su polera de la selección chilena con el sponsor de una compañía de celulares?

Sir Elton

Elton John apareció entre aplausos y una impresionante introducción en plan sinfónico. “Funeral for a friend / Love lies bleeding” se extenderían más allá de los siete minutos. Pura acrobacia instrumental y ya comenzaba a perfilarse el coprotagonismo de Davey Johnston, un guitarrista como los de antes: el pelo le volaba hacia atrás mientras hacía un solo con su guitarra de doble mango. No por nada también tocaba con Meat Loaf y Alice Cooper, auténticos monstruos de ese rock de estadios y long plays que ya no existe (afortunadamente, para los cínicos).

Parecía que el recital sería puro piano rock, tal como en los setenta. Sobretodo gracias a la pronta inclusión de “Tiny dancer”, ese himno a las groupies que todos cantaron en la película “Casi famosos”. Sin embargo, la organización de la banda impedía el necesario “aire” para que el piano liderara la canción. En verdad todo sonaba muy arriba, a diferencia de Blunt por esa maldita ley que hace que el telonero siempre suene más despacio.

Sin embargo Elton John optaría finalmente por sus clásicos más pausados como “Your song”,  “Daniel”, “Candle in the wind”, “Sacrifice” (con guiño synth pop incluído) y “Believe”. De paso, sonreía, saludaba, se sentaba encima del piano, hacía como que saludaba a alguien del público (¿Blunt?) y aprovechaba de extender canciones como “Madman across the water”.

En el escenario, aparte de sus manos en el piano proyectadas por una pantalla gigante, atrás pasaban unos diseños que más parecían de Windows 98 que de un artista tan divo como Elton John. Por ejemplo cuando cantaba “The bitch is back”, aparecía la palabra “bitch” gigante y bailarina, y eso era todo.

Se dice que Elton John volvió a ser el mismo de los setenta gracias al disco Heartbreaker (2000) de Ryan Adams (el eterno nuevo Bob Dylan del country alternativo americano). Aparte que el disco tocaba la misma fibra afectiva de sus viejos discos, Elton no pudo soportar que se haya grabado en doce días. Él que había compuesto la misma “Your song” en cinco minutos, decidió llamarlo y tratar de volver a los viejos tiempos. Aunque su voz ya no llegara a los agudos, como antes.

Así, esta gira “Red piano” incluye piezas extraordinarias de los setenta como “Rocket man” o “Bennie and the jets” o “Goodbye yellow brick road” y que son al final las que hacen inexplicable que ese público que tan bien recibió a James Blunt comenzara a retirarse antes de tiempo.

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