Luis Almendra: Amores Perros

Luis Almendra es un “artista de acción” que ha convulsionado el sur de Chile con sus delirantes acciones de arte. Primero se disfrazó de guardia para proteger su propia obra (y dio entrevistas como tal). Después destruyó todo el trabajo, haciendo una fotonovela sobre ello, que ya va en su cuarta edición. Más adelante trató de dormir y comer dentro de un tagadá en movimiento. La saga continúa junto a los perros de Becerro y una acción sorpresa el 26 de enero. Ojo, con el arte.

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Por J.C. Ramírez Figueroa, (18 de enero 2009, LCD, La Nación Domingo)

UN ARTISTA DISFRAZADO de guardia de seguridad protege su propia exposición. Un travesti sana a un enfermo con la leche de sus pechos. Pacientes del psiquiátrico se disfrazan de superhéroes y marchan por el centro de Concepción desplegando una alfombra roja. Un pez gigante sobrevuela el río Biobío hasta hundirse en el mar. Un personaje intenta desafiar la fuerza de gravedad de la máquina más vomitiva del mundo: “el tagada”. Otro, arranca el corazón crudo de un vacuno y se lo come en un palacio patrimonial que pronto será demolido para construir el segundo mall de Concepción.

Son episodios documentados -y revividos vía Youtube- en el sorprendente blog de Luis Almendra (29). Un artista-de-acción criado a un costado del Estadio Higueras, en Talcahuano y en plena ebullición.

La próxima semana comenzará su desembarco en Santiago para producir junto a la connotada artista Elizabeth Neira, la fotonovela “El Dios de los perros”. Ambos compartirán con los célebres perros embalsamados de Antonio Becerro. La obra, que incluirá una acción de arte sorpresa, será el quinto número de una novela gráfica iniciada por Almendra el 2005.

Aunque reniega del concepto performance (“se ha manoseado tanto que pierde su sentido al igual que la política”, dice, sus acciones artísticas son verdaderos “acontecimientos convulsivos”, como él mismo dice. Pero lo más importante es que cada una de sus obras funcionan como acciones sueltas y dementes de una exploración mayor: el viaje al corazón de los monstruos y sueños incumplidos que mueven la maquinaria de la “chilenidad”. Bienvenidos al planeta Almendra.

AMOR DE POBRE

“Artista se pone en guardia para defender su creación” titulaba el diario Crónica de Concepción (14-10-2003). En la foto aparecía el autor, uniformado, cuidando su exposición “Amor de pobre sólo puedo darte”, en la penquista Sala Andes. Fue su primera obra tras llegar de Ámsterdam. Había ganado una beca del Museo de Bellas Artes, gracias a la pintura–instalación “El bello durmiente”. Se trataba de un cuadro enmarcado en un catre de cama en donde se representaba a sí mismo durmiendo. Y bueno, masturbándose, tras una colorida frazada.

Los medios penquistas se sorprendieron con este guardia/artista. “Fue intuitivo. En la precaria sala de arte no había nadie cuidando y algunos empezaron a robarse cosas y objetos de la muestra. Así que decidí convertirme en el cuidador y a las vez cambiar mi personalidad por la de mi falso hermano gemelo. De hecho, durante el desarrollo de la acción di una entrevista en la radio como el guardia Alfonso Almendra, hermano gemelo del autor. El uniforme fue un préstamo de mi padre”.

Es más: el guardia terminó siendo parte fundamental de la obra -que incluía cosas como huevos que se reventaban con cohetes y el dibujo de una pistola junto a la frase “cuando tenga ganas de matarme lo haré con balas de juguete”- y todo terminó abruptamente con una máquina retro excavadora destruyendo la muestra y dando muerte al “gemelo”.

“Recuerdo que para ese entonces a un profesor de la U. de Conce le interesó mucho la situación ocurrida. Para él toda esta acción era una metáfora de lo que finalmente les ocurría a muchos artistas jóvenes en el país: terminas en la invisibilidad, con tu propuesta plástica destruida y olvidada en algún lugar”. Y fue tal el estímulo, que Almendra conoció la liberación artística de ser “otra persona” y que su estudio performático “Amor de pobre solo puedo darte”, se convirtió en su primera novela gráfica. Una revista que iniciaría una impresionante saga protagonizada por el mismo autor y sus delirantes transformaciones.

ILUMINACIONES EN EL ESTADIO HIGUERAS

La Villa Presidente Ríos, nombre oficial de Las Higueras, es un oasis residencial cubierto por cerros entre Concepción y Talcahuano. Detrás, emerge un gigantesco parque industrial con sus chimeneas vomitando humo día y noche.

En los ochenta, Huachipato organizaba en su estadio, un espectáculo navideño que incluía desfiles, cuentos y fuegos artificiales. Un milagro, entre las ollas comunes y la dictadura. El pequeño Almendra se impresionó mucho con el evento. “Para mí aquel espectáculo fue uno de mis primeros encuentros con el universo del arte de acción o perfomance. Algo insólito. Era como tener en el patio de tu casa a “La Fura Dels Baus” pero a la chilena y a la cresta del mundo. Hasta el día de hoy intento recuperar la intensa emoción que provocaba esa orgía de formas plagadas de barroquismo y extrañas imágenes. En parte la obra que realizo se remite bastante a todo ese imaginario”, dice. Por eso a su productora “en bancarrota” la bautizó como “Huachistáculo”, en honor al “maestro de ceremonias” que presentaba el show, quién tuvo un final trágico, según cuenta Luis: en su última aparición comenzó a incendiarse cayendo en medio de la cancha.

Para Almendra su taller es el espacio público, la calle es su centro de operaciones. Por tal motivo entre varias de sus acciones esta haber dormido en los cementerios y techos de las casas en plena zona industrial. “En esa época yo era un mochuelo viviendo sólo y pasando apreturas económicas. Dormía en una pieza chica, sin ventanas. Un día asqueado de ese cuarto decidí convulsionar e interferir mi vida cotidiana. Así que me fui a dormir a la calle sin siquiera saber que tal acción vislumbraba otra forma vivir”. Así que se fue por un tiempo con cama y pijama, mientras las gaviotas formaban la letra “v” encima de él. Los que ven las fotos no pueden creer que el paisaje de tuberías y tumbas no haya sido photoshopeado.

“Para mí el sur de Chile en general es una especie de paraíso exuberante a la hora de llevar a cabo estas acciones de arte. Si trataras de ocupar una calle de Barcelona o Berlín la policía o guardia urbana te pondría obstáculos, sobre todo siendo ilegal; antes de realizar tu acción tendrías que dar explicaciones acerca de quién eres, ya que en aquellos territorios todo está normado. La gente también se acerca con otra disposición. Incluso en Santiago. En cambio acá se puede inventar y hacer casi de todo… quemar una cama en la mitad de un puente por ejemplo. Hasta los travestis prefieren venir a Conce, donde pueden crear sus espacios y no hay ningún neonazi hueveándolos”, dice Almendra mientras toma una cerveza en un local de la Diagonal que conduce al hospital de Concepción. Varios amigos entran, lo saludan felices y salen.

FOTONOVELAS

El verano de 2004, Almendra volvió a aparecer en los medios penquistas. Su nueva acción consistía en paralizarse dentro en una nave de cartón cubierta de avisos económicos, en el centro de Concepción.

“La gente pensaba que yo era una estatua humana, pero la verdad es que yo permanecía inmóvil por más de seis horas dentro de esto que parecía un robot pobre o espanta pájaros urbano. El episodio por supuesto era chiflado ya que las personas se sentían estafadas al ver que el armatoste no se movía… jejejeje, incluso en varias oportunidades trataron de botarme. Y pensar que en el fondo dicha acción para mí era una forma personal o ingenua de protestar acerca del indecente sistema laboral para jóvenes chilenos”

Pero lo más notable vino tiempo después, con la segunda parte de su fotonovela “biográfica” titulada “Una funeraria llamada Jesús de Nazareth”, donde el cuerpo del guardia/artista ahora se descompone al estilo película Gore hasta cobrar nueva vida. En la tercera parte, “Quirófano” (2006), comienza la reconstrucción y en “Historia de un hombre que fue devorado por un pez”, comienza el conflicto con una criatura marina infernal.

EL DIOS DE LOS PERROS

A Becerro le impresionó el trabajo de Almendra y le propuso prestarle las instalaciones del centro de arte experimental “La perrera” para continuar su alucinante fotonovela. Entre perros disecados, el protagonista de la obra, escapando del pez mutante tiene entre otros, un encuentro con los canes, que, como ha dicho Becerro son el más fiel reflejo de la chilenidad: sin un pasado y expulsados a la carretera, viviendo de lo que encuentran cada día.

“No tengo claro aún lo que haremos en vivo. Tampoco quiero contar mucho. Lo importante es que trabajaremos una semana con los perros y habrá una performance sorpresa. Será violenta y explorará actos físicos que no son muy trabajados por los artistas de acá”, dice Almendra, enigmático. Dice, además que gracias a Elizabeth Neira, que se ha destacado por su exploración de los tabúes sexuales, podrá llevar su obra a otro nivel. “El dios de los perros”, séria el quinto tomo de su fotonovela, que espera pronto editar en una versión de lujo.

“Tú me preguntas por el sentido de mi obra. Pero es una pregunta y repuesta compleja por que hasta el momento y siendo franco no tengo claro de quién soy, por lo mismo no sé bien hasta dónde quiero o puedo llegar. Pero si puedo reconocer el interés -mediante estas obras- de generar un “contra – universo”, o zona en el mundo en donde no existen las certezas de la vida capitalizada. Y para esto se me hace necesario vivir intensamente la vida subjetiva, destruyendo paulatinamente mi educación para reeducar mis sentidos. De todos modos no creas nada de lo que digo”, cierra Almendra, mientras sus amigos entran al local, lo saludan y se va

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