Claudio Bertoni y sus “Chilenas”

El poeta publica “Chilenas”, una recopilación de sus famosas fotos de mujeres acompañadas de ardientes artefactos poéticos. Acá reconoce que lo más rico es cuando una madre joven se le acerca colorada en el supermercado con su hija para felicitarlo por sus poemas y anuncia nuevas publicaciones.

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Por J.C. Ramírez Figueroa (25 de agosto 2009, LCD, La Nación Domingo).

“Una ayudita por favor/ una tetita/ una zorrita/ un culito/ una corridita de mano/ lo que sea/ una ayudita por el amor de Dios”. Versos tan desesperados como el de “Mendigo sexual”, incendian las 140 páginas de “Chilenas” (Ocho Libros), el nuevo lanzamiento de Claudio Bertoni. Una “selección de fotografías de mujeres en la calle que vengo haciendo desde hace unos treinta años”, como él mismo define. Capturas que se debaten entre el voyeurismo y la contemplación. O la calentura y la admiración. Un trabajo que él ha expuesto desde siempre, ahora reunido en una elegante edición y con un revelador prólogo de Rita Ferrer (ver recuadro). Son mujeres -y sobre todo adolescentes- que Bertoni encontró en la calle, micro o poblaciones y les hizo “clic”. “Nada más”, concluye.

Sin embargo, las improvisadas protagonistas de su obra no miran jamás a la cámara. Ni siquiera parecen darse cuenta que son capturadas. “Fotográficamente hablando no me atrevo a mirar por el visor. Disparo desde la cintura -por timidez- como un cowboy. A veces le achunto. A veces no le achunto. A veces casi le achunto. Quería un rostro y sale una oreja, una frente, un mechón de pelos. A veces sólo sale el cielo. Y las hojas de los árboles. Y las ventanas de los edificios”, explica Bertoni en la contratapa. Sin embargo, el resultado es más amargo que erótico, como si el protagonista de los poemas le fuera imposible romper el misterio y tirar contra la pared estas “chilenas” de una buena vez.

foto_1620090812150707 foto_1620090812150707 (1)-En una vieja entrevista decías que a la mayoría de los hombres no les gustan las mujeres. Más bien, les gustan los “culos y las tetas”. En cambio a ti te gustaban enteras. ¿Aún crees en eso?
-Sí. Tienes que pensar que se habla de mujeres en la primera plana de La Cuarta, en “Mekano” y en los programas de Kike Morandé. Pero también hablan de la mujer André Bretón, Georges Bataille, Pablo Neruda y Gonzalo Rojas. Es como el amor en Tolstoi, Stendhal o en una teleserie venezolana. No es lo mismo.

MÁS QUE HIPOCRECÍA ES IDIOTEZ

A Bertoni no le gusta mucho explayarse sobre el deseo hacia las adolescentes, uno de los ejes de su obra. Tal vez siente que explicándolo se pierde la gracia de sus artefactos poéticos. Cosas como “Me tocó levemente su mochila/ su mochila tocaba su chaqueta/ su chaqueta tocaba su jumper/ su jumper tocaba su calzón/ y su calzón tocaba su poto…/ me di por satisfecho” (“Satisfaction”)

“Más que hipocresía (de los adultos) es idiotez -dice-. ¿Qué decirle a los obreros de una construcción silbándole a una liceana? Pero no se puede hablar de esto con seriedad en un diario, sobre todo porque hay una “mancha” en el sentimiento del 90 por ciento de los pelotas que leen esto, compañero”.

Una “mancha” que al parecer la gente joven no tiene. Por un lado compositores como Angelo Pierattini (ex Weichafe) declaran abiertamente que les gustaría tocar con él (“Me gusta cómo maneja esa cosa erótica adolescente. Una vez lo encontré en la calle, pero no me atreví a hablarle”, dice). Y también, claro, las admiradoras.

“¡Qué bueno lo de Pierattini!, y aunque no lo conozco (soy extraordinariamente ignorante) le agradezco el sentimiento. No sé si hay una generación que se siente particularmente expresada en mi obra, pero me hablan y me saludan y dan muestras de interés… ayer por ejemplo una niña en el supermercado me dijo ‘tú eres Claudio Bertoni’ y se puso colorada y me dijo ‘estoy colorada’ y le decía a su abuelita todo lo que le gustaba mi poesía y llamó a su hijita de 7 años para que me conociera y en eso llegó su abuelito y me lo presentó y a su pololo y a su papá le gustaban también mis poemas y se juntaban los fines de semana y los leían juntos y les escribí un papelito y nos despedimos con besos y abrazos y esto es muy rico. Esa es la verdad”.

EN REPOSO

Se sabe que Bertoni vive “retirado” en Concón. Si bien no es un aislamiento extremo como el de Salinger, le da tiempo para escribir y tomar fotos. También escuchar discos. No por nada en su biografía se destaca su paso a mediados de los setenta por Fusión una de las primeras bandas en electrificar el jazz con los códigos del rock en el país.

“No es que yo haya preferido la poesía y la fotografía, de hecho prefiero la música, pero soy tonto y débil de carácter, y el jazz y el rock para estas manos de ex percusionista desapareció”. También dejó de recolectar los zapatos que recogía en las playas.  Ahora dice que junta cajitas de té en bolsitas, boletas de compraventa, botellas de agua mineral y todo tipo de cajitas (“pero voy a dejar de juntarlas porque la verdad es que me abruman”). “¿Mi rutina de trabajo? Me levanto a las 8. Voy a Viña me tomo un café y me fumo un Marlboro, el único cigarro del día, sin aspirarlo. Vuelvo a Concón, ando por ahí todo el tiempo con mi cuaderno y anoto cosas. Ahora, sobre todo paso en limpio mis cuadernos de Europa 1973-1975 para otro volumen de mis diarios en la Universidad Diego Portales”.

VOYEURISMO SIN INTERNET

“Chilenas” puede leerse también como testimonio del voyeurismo sin internet. O cuando la geografía erótica del país aún no era  invadido ni por el reggaeton, ni las cámaras digitales ni los shows frente a la webcam.

Porque Bertoni no tiene internet. Tampoco sabe adónde se encaminan nuestros canales de escritura con esto de los blogs o Twitter. Tampoco le importa. “Mi generación por lo menos seguirá enamorada de los libros hasta su extinción yo creo. (La idea de) bicentenario, 200 años o 25 minutos me da lo mismo. ¿Imagen país? Para mí es paisaje, algunas calles y cuerpos y caras. El capital de Chile es que no andamos muertos de la risa todo el tiempo”. Lo único que le importa es producir, a un ritmo de una obra por año como mínimo. De hecho, ya está preparando otros libros con material inédito. “Creo que este año habrá otro libro de fotos titulado “Desgarraduras” para Editorial Quilombo, otro volumen de mis cuadernos en la UDP y espero seguir por lo menos con un libro de poemas todos los años y el próximo año y después mis desnudos en blanco y negro y color para Ocho Libros y seguir con mis cuadernos que me abruman pero sigo”, explica.

Este sentimiento también lo tiene con las entrevistas. No le gusta darlas. Le carga explicar lo que ya está explícito. Dice que a veces hay buenas entrevistas que al final nunca terminan reproduciendo lo que hubo. De hecho, se comunicó con nosotros por teléfono y luego desde un cibercafé de Concón. ¿Se habrá quedado mirando a alguna niña que chateaba?

“Para serte franco sólo conozco el Fotolog de oídas y no sé en que consiste un Flickr. Tampoco sabía que las chicas se tomaban fotos a veces totalmente explícitas y es una razón más para unirme al internet”.

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