Salvatore Hasard

Por J.C. Ramírez Figueroa (17 de septiembre 2009, Emol)

Aunque le duela a rockeros, a los folcloristas o a los músicos de fusión, el gran legado de hispanoamérica a la música universal son sus cantantes melodramáticos y el género que ayudaron a crear: el pop latino. Un estilo que no sólo potencia la buena voz, la presencia escénica y la visión comercial, sino también la perversión de los códigos del rock y el pop anglosajones. Esto gracias a pequeñas dosis de flamenco, bolero o salsa. Música que refuerza la fantasía de la pasión, el romanticismo y el baile que supuestamente llevamos en la sangre. Ahí tienen a Julio Iglesias causando estragos en sus recientes shows en Israel, Juanes convertido en ídolo en Europa del Este o Shakira rotando en Estados Unidos y Europa su comentado video “She wolf”. Para qué hablar de Ricky Martin o Luis Miguel. En un contexto así se mueve el cantante Salvatore Hasard, quien está decidido a encontrar su espacio. Virtudes no le faltan: es multinstrumentista, compositor, maneja el inglés y el italiano y viene del rock progresivo (tocó en el grupo Dwalin en los ’90). Esto se nota en el quiebre de “Hope”, que parte como una balada pop adulta y que antes de llegar al estribillo, se transforma en un majestuoso puente de notas menores. O “El imperio de ayer”, una canción que por temática, estructura y notas, sonaría increíble en una banda de metal sinfónico. Sin embargo City club se concentra más en explorar las posibilidades compositivas de Hasard, antes que desarrollar una identidad específica. Algo absolutamente comprensible en un disco debut: a veces, antes de tomar un camino, hay que mostrar todas las posibilidades. Así, “Cruel traición” es un pop-flamenco a lo Alejandro Sanz. “Better life” se aproxima al reggae. “Love at you rhythm” juega con el disco-funk. “Ayer te vi de lejos” y “Who do you think you are” son composiciones de blue-eyed-soul enriquecidas con órgano Hammond. Hasard ha sido inteligente al mostrar su disco en el mercado argentino y además, cantar en inglés e italiano. Tal como sucede la banda 1945, su propuesta es excéntrica en un país que, para la música, depende tanto de la moda dominante. Si quiere lograr trascendencia como cantante, deberá cultivar un estilo en lugar de apuntar para todos lados. A su favor tiene el capital de tocar todos los instrumentos y entender que sin estribillos una canción pop no llega a ningún lado.

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