Las consecuencias de Bunbury

Por J.C. Ramírez Figueroa (23 de abril 2010, Emol).

bunburySi en Chile hay tantos que viven dentro de las canciones de Andrés Calamaro, Fito Paez o el Joaquín Sabina en modo rockero, resulta insólita la indiferencia hacia Enrique Bunbury. ¿Será por su impostadísima voz en Héroes del Silencio? ¿O los botellazos recibió esa banda por “osar” telonear a Iron Maiden en 1996? ¿O, quizás, el siniestro y bailable cover de Rafael de su hit “Maldito duende” [ver video acá]?. Lo curioso es que en países como México o Centroamérica es un ídolo. Y para qué hablar de España, donde siempre se aparece en las listas entre Los Planetas y Amaral. Es decir, mientras en otros contextos se toma en serio, acá sólo provoca extrañeza. Las consecuencias según el mismo Bunbury es su disco más oscuro e intimista. Como si los politóxicas encuentros con Calamaro (de la que salió la gran canción “All you need is pop”, 2000) o los abismos líricos compartidos con Nacho Vegas (remitirse al doble El tiempo de las cerezas, 2006) hubiese enderezado su camino como cancionista. Es díficil explicarlo, pero frases como “fui un turista de la belleza” o “el regateo de mi ficción” musicalizadas y fraseadas por él, tienen una carga simbólica a años de luz de, digamos, Ricardo Arjona. Marca la diferencia también el cuidado en la producción. Nada de mezclar rancheras con country blues, como lo ha hecho antes. “Un disco de cámara” definición que reconoce haberse inventado mientras presentaba su disco anterior Hellville de luxe (2008) “Musica suceptible de ser tocada en una habitación, donde todo instrumento tiene un papel concreto”, dijo al diario El País. Y esto se debe no solo a la cuidada instrumentalización y arreglos (violines, órganos Rhodes). Es más bien a cierta forma de trabajar las canciones que sumergen al auditor atento a una profunda melancolía. Esto es evidente en “El boxeador”. Una historia presumiblemente ambientada en México (“La virgen de Guadalupe te protegerá”) y que toma el arquetipo del guerrero del ring y cómo seguir adelante a pesar de los golpes. Lo que puede ser un cliché de la derrota, se redime con una serie de acordes en el puente tan tristes como el órgano Hammond y una guitarra desértica. Ese estado mental, entre la derrota y la ternura, entre la incomunicación y la ruptura (pareja, política, social) se hace oscuro en “21 de octubre”, amargo en “Nunca se convence del todo a nadie de la nada” y claro en el notable rescate de “Frente a frente”, popularizado por Jeanette, y cantando a dúo con Miren Iza. Si el single de 1981 era ingenuo y algo infantil, la nueva versión reconoce lo catastrófico e intenso de la historia relatada. Es interesante como Bunbury es capaz de la instrospección, el alto vuelo instrumental, una voz teatral (pero mucho más moderada que en su época con Los héroes del silencio) y los estribillos, puentes y acordes irresistibles. Esto incluye la desesperada “Los habitantes”, la balada folk “De todo el mundo” (con violín y órgano dylaniano) o la misma “Las consecuencias”. Un muy buen disco si buscas perderte con canciones en tu idioma.

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