¿Vivimos la peor época de la historia del rock?

Radiografía de la industria musical

Al parecer, se acabaron las superbandas de rock. Y también los discos que se escuchaban enteros una y otra vez. Pero, al mismo tiempo, estamos con superávit de estilos y canciones. Para unos (la mayoría), estamos en plena decadencia; para otros, nunca pudimos estar mejor, musicalmente hablando. Un debate candente en la prensa musical extranjera.

J.C. Ramírez Figueroa (30 de mayo de 2010, Artes y Letras).

 

A mediados de 2001 comenzó a sonar insistentemente The Strokes y su single “Last Nite”. El videoclip simulaba haber sido grabado tres décadas antes: escenografía avejentada, errores de edición, ropa pasada de moda, colores toscos. Tan reciclada como la canción, que mezclaba The Doors (voz), Velvet Underground (estructuras), soul a lo Motown (bajo y batería) y rock and roll (guitarras). A pesar de eso, fueron proclamados por la industria como “la salvación del rock” y “los nuevos niños bonitos”. Y tal como pasó con los Sex Pistols , Nirvana y Oasis , se generó todo un movimiento mediático de bandas afines, pero algo salió mal, y ya a mediados de la década pasada este “movimiento” se desinfló, las ventas cayeron, los singles fracasaron, The Strokes suspendió sus actividades, y varios foros descubrieron que “Last Nite” era un asalto a mano armada a “American Girl”, un hit de Tom Petty & amp; The Heartbreakers de… ¡1976!La anécdota ilustra perfecto la caída de las bases donde se sostenía el discurso pop: la canción novedosa, el reciclaje exitoso y el relato de ficción en torno a las bandas y movimientos, creado por la prensa musical y la industria de la cultura, que los fans se creían al pie de la letra. Con The Strokes , una banda trabajada para ser fenómeno global, se topó con la crisis provocada por internet, y fracasó estrepitosamente.

¿Qué está pasando en el mundo de la música popular?

Fragmentación

Las listas de “los mejores discos de 2009” nunca fueron más difusas. Mientras la New Musical Express elegía a “Primary Colours” ( The Horrors ), la revista Spin elevaba a “The Crying Light” ( Antony And The Johnsons ), el sitio Amazon lo hacía con “My maudlin career” ( Camera Obscura ), y Rolling Stone eligió “No line on the horizon” ( U2 ). En el mundo más independiente se repitió la tendencia. El prestigioso periodista musical Simon Reynolds intenta explicarlo en un artículo para The Guardian : “La fragmentación del rock/pop ha estado operando desde que tengo memoria, pero esta década parece haber cruzado un umbral. Hubo tanta música en la cual interesarse e investigar. Ningún género desapareció, todos siguieron adelante (…) El descenso de los precios de los estudios caseros y las tecnologías de grabación digital, combinado con la riqueza histórica que los músicos pueden absorber y recombinar, intensificó la calidad de la producción musical. Pero el resultado de toda esta sobreproducción fue que “nosotros” fuimos diseminados a lo largo de un vasto terreno sonoro. Es por ello que hay tan pocas coincidencias entre las distintas encuestas de fin de año o de fin de la década publicadas en las revistas musicales”.

Lo independiente se hizo dependiente

Mientras hay escenas -la adolescente y bailable- que jamás han perdido su buena salud ( Hannah Montana , Lady Gaga , Jonas Brothers ), en el rock ocurrió un fenómeno curioso: las bandas nuevas comenzaron a preocuparse más de las fotos y que su hit de myspace apareciera en alguna publicidad. Casos notables: Arctic Monkeys , que maliciosamente fueron exaltados por todos los medios de Inglaterra como “la mejor nueva banda de la historia”. U OK Go , que con un video de YouTube donde ejecutaban una complicada coreografía en una sala de máquinas deportivas, lograron aparecer hasta en Los Simpsons. Es decir, lo que antes era independiente, en el nuevo modelo necesita urgente de la aprobación de los mundos publicitarios. El crítico estadounidense Mark Fisher lo clarifica: “‘Lo alternativo’ y ‘lo independiente’ no designan algo fuera de la cultura mainstream ; más bien, son estilos. De hecho, los estilos dominantes dentro de la cultura hegemónica. Nadie ha encarnado (o luchado contra) este conflictivo punto más que Kurt Cobain y Nirvana (…) Cobain sabía que era solamente otra pieza del espectáculo, que nada funciona mejor en MTV que una protesta contra MTV; sabía que cada uno de sus movimientos eran un cliché programado por adelantado, incluso dándose cuenta de que eso es un cliché”. Y por supuesto Cobain perdió.

Sobredosis de (¿buena?) música

Ahora se hace mejor música que nunca. Pero también es verdad que eso nunca antes importó menos. Así resume el músico español Francisco Nixon en la revista Squire la situación del pop contemporáneo. Aunque aclara que eso se refiere más bien a la situación de su país. “Por calidad, me refiero a que hay más medios para grabar, la gente sabe tocar mejor, conoce más música. No entro a valorar la calidad de las canciones, porque es muy difícil hablar en general. También me refería al hecho de que ahora tenemos acceso a mayor cantidad de música, cosas que antes estaban descatalogadas o eran difíciles de encontrar. Por contra, antes los discos tenían una vida más larga”.

Sin embargo, la revista Rockdelux se pregunta, en su edición especial del 25 aniversario, qué ocurrió que la internet no ha podido multiplicar la creatividad musical. Más bien -dicen-, ha multiplicado el mimetismo y el reciclaje como herramientas principales de la arquitectura sonora. Sin embargo, Simon Reynolds es enfático al señalar, a propósito del raro consenso en torno a la calidad del disco Funeral, de Arcade Fire : “El resultado de la sobrecarga de ‘cantidad x calidad’ es que aquellos optimistas implacables que anualmente corean que el año ha sido fantástico y que ‘cada año se produce más buena música que el año anterior’ están en lo cierto. Pero los previsibles gruñones que se quejan de las deficiencias de la cosecha anual también lo están. Más y más música entre buena y excelente se produce cada año, pero ese mismo hecho frustra la emergencia de la música realmente grandiosa, sofocándola. Cuando mayor es la diseminación, más nos diseminamos ‘nosotros’. Y es incluso peor: a medida que los artistas internalizan la reducción de expectativas, el ciclo menguante sigue descendiendo en forma de espiral”.

¿Existe disidencia en el consumo del pop?

Si en la última década se reivindicó a nivel masivo el canon “alternativo” del rock ( Velvet Underground , Modern Lovers , Brian Eno , The Smiths ), también es cierto que esto parece un supermercado extramusical. Estilos, peinados, leyendas, frases célebres, modelos de guitarras. Incluso Hollywood ha aumentado sus referencias a canciones y bandas. Basta recordar (500) Days of summer o Adventureland -donde la protagonista usaba, como si nada, una polera de los héroes del hardcore punk Husker Du -. Aunque aún existen bandas con estatus de culto, como Belle and Sebastian -que harán gira latinoamericana el próximo año-, solistas como Jonathan Richman, o sellos independientes de catálogos exquisitos como Elefant, Labrador o Bonjour.

El sociólogo uruguayo Sandino Núñez -cuyo programa de filosofía Prohibido pensar es un hit en la televisión charrúa- es enfático: “El mundo del rock/pop (y sus ramificaciones) es un universo fantástico de dioses y divos barrocos y mutantes genéticos, parecido a un gran programa de lucha libre (…) abre nichos iniciáticos cada vez más finos en el mercado y el consumo, para dar finalmente con el centro mismo del capitalismo mediático: el hiperconsumo, el consumo de segundo grado. No consumimos objetos o cosas (música, digamos), sino subgéneros y lenguajes de coleccionistas e iniciados: consumimos consumo, consumimos la acción misma de consumir”.

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