Mena

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Por J.C. Ramírez Figueroa (24 septiembre 2010, Emol)

Escuchar los primeros compases de una canción desconocida, inevitablemente nos hace imaginar su desarrollo. Como si dibujaramos en al aire un horizonte de melodías, instrumentos y acordes posibles. Con ese acto revivimos el mismo proceso que al artista le llevó semanas -o años- de ensayo y composición. Esta tesis de Eloy Fernández contenida en su libro “Homo sampler” (Anagrama, 2008), es perfecta para entender Mena, sucesor de Esquemas juveniles (2006), que fue su debut oficial.

Siguiendo esta lógica, es obvio buscar en “Ahondar en tí”, en “Acá entera” o en “Sufrir” referencias del primer disco. Están las programaciones y la voz, claro. También los arreglos que homenajean al pop más luminoso de los ’80. Pero ya a la altura del coro, queda bien claro que las nuevas canciones son distintas. Si Esquemas juveniles era reposado y clásico (recordar las baladas “Sol de invierno” y “Cámara lenta”), acá el ritmo y las “identidades” de cada canción están mucho más marcadas.

En efecto: Javiera Mena y su productor Cristián Heyne lograron hacer un disco donde cada una de las nueves canciones es distinta. Desde las lentas a las bailables, no hay ripios ni improvisaciones aburridas. Por eso es tan fácil escuchar el disco una y otra vez. Además, la nostalgia adolescente del primero ahora es reemplazado por cosas más concretas. “No te cuesta nada” y “Un audífono tú, un audífono yo”. Esta última -con recitado romantico incluído- se potencia por unos arreglos que recuerdan los lentos tipo New Kids on the Block.

Pero más destacable aun es como la dupla eludió la tentación de volverlas un ejercicio de estilo en torno a “los ochentas”. Podrá haber sintetizadores, reverberancias en la voz o influencias del ítalo-disco, pero todas las canciones están escritas desde “el presente”. Una forma de componer clásica en escenas como el pop sueco (remitirse al sello Labrador). Por eso no es casual la colaboración de Jen Leksman en “Sufrir”.

Mena está destinado a ser escuchado fuera de nuestras fronteras, porque está en sintonía con el pop que se hace actualmente. Lograr mirar más allá de nuestras apretadas fronteras y crear canciones de estandares mundiales es el gran logro del disco. Por algo se lanzó por iTunes. Es difícil que los antiguos fans se sientan decepcionados. Más bien vivirán el mismo proceso compositivo de la autora al escuchar estas nuevas canciones. Y, al final, comprobar que el camino elegido fue el correcto.

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