El emergente mundo de las “drogas digitales”

SE TRATA DEL I-DOSER, BÁSICAMENTE COLECCIONES DE SONIDOS ELECTRÓNICOS QUE ESTIMULARÍAN EN EL CEREBRO ALTERACIONES DE LA PERCEPCIÓN SIMILARES A LAS QUE SE PUEDEN EXPERIMENTAR CON SUSTANCIAS ALUCINÓGENAS O SEXO.

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Por J.C. Ramírez Figueroa (10 de octubre 2010, La Nación Domingo)

Cuando en 1967 Los Beatles lanzaron “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, su álbum más famoso, la BBC lo censuró al instante. Canciones como “Lucy in the sky with diamonds” o “With a little help from my friends” incluían juguetonas referencias -muchas de ellas involuntarias, como declararían los músicos después- a los estados alterados por las drogas.

Pero “A day in the life” fue prohibida por una razón diferente: su música, que según la estación, emulaba la experiencia con las drogas. Porque hay dos momentos en que la canción es interrumpida por una orquesta de cuarenta músicos que generan un efecto caótico. Justo cuando el protagonista del tema dice haberse “fumado algo” y luego una voz dice “me encantaría excitarte”.

Cuatro décadas después -y tras géneros como el acid house sostenidos en el consumo de drogas- se popularizó la primera droga digital: el i-doser, que es básicamente diversas colecciones de sonidos electrónicos que estimulan en el cerebro alteraciones en la percepción.

Basta ser mayor de 18 años (una exigencia tan obviada como en los sitios porno o de fotos sangrientas), ingresar al sitio, descargar el programa y digerir las “dosis gratuitas”. Las otras van desde los tres a los 200 dólares, dependiendo de la duración y la “exclusividad”.

Aunque muchos las han subido a la mala en foros o blogs preguntándose mutuamente si les pasó algo al escucharlas. También hay un reproductor que, se advierte, es una demostración de las capacidades del i-doser, pero que para disfrutarla plenamente debe ser con el software oficial. Basta intrusear un poco para toparse con “ofertas” de sonidos que emulan desde los efectos cerebrales provocados por una borrachera hasta ¡un orgasmo!

EL SECRETO BINAURAL

Según los creadores, cada “pieza” es “un ritmo binaural avanzado que sincroniza tus ondas cerebrales con ambientes sonoros que te inducen a la euforia, la relajación y las alucinaciones, según gustes”.

Esto fue descubierto por el físico alemán Heinrich Wilhelm Dove en 1835, un método para alterar la percepción usando dos sonidos similares pero en distintas frecuencias. Ahora, por primera vez, se explota en internet, aunque rápidamente han surgido webs alternativas como SBaGen o Binaural Beats.

No son pocos los que sospechan el fraude: el mismo redactor de esta nota se sometió a los “sonidos” de la marihuana, peyote y cocaína y no sintió nada. Excepto, el enfermante ritmo electrónico que parecía no terminar nunca. Es decir: el i-doser más que reproducir las consecuencias cerebrales de la droga, es como escuchar mil veces seguidas un mal reggaeton.

MALDITA DROGA MUSICAL

Ya van casi dos millones de personas que han bajado archivos del i-doser. Una moda que ha sido seguida más con curiosidad que como algo oscuro y prohibido.

Aunque, como se señalaba, aún no hay investigaciones sobre el tema, es innegable que al jugar con ondas alfa (que tienen que ver con los estados de relajamiento) o las betas (asociadas a estados de vigilancia) pueden pasar cosas.

Hay dos archivos, que son los más caros y enigmáticos: “Gate of Hades” (“Puerta del Hades”) y “Hand of God” (“Mano de Dios”). 30 minutos de infierno o cielo, respectivamente. Algunos especialistas dicen que el efecto se acaba inmediatamente tras abandonar esta música, pero también podría haber efectos secundarios como problemas auditivos o ansiedad. Aunque la adicción, por el momento está descartada.

EN VOLADA

A pesar de que el i-doser fue lanzado el 2007, recién en julio de este año se popularizó mundialmente, tras una curiosa noticia aparecida en los cables: tres alumnos de un colegio de Oklahoma fueron llevados donde el director porque parecían estar drogados.

Ellos dijeron que habían estado tomando esta “droga digital”. El director, espantado, citó a los padres y pronto se convirtió en una noticia nacional.

Al punto que ya hay ejemplos del sonido binaural en YouTube, crackeos del programa oficial, videos de gente “drogada digitalmente”, gente intercambiando drogas -o más bien sus “efectos cerebrales”- por chat.

“Es conocida la relación de música -o mejor dicho sonidos- con alteraciones de la consciencia e incluso con estados alucinatorios. Algo evidente en las ceremonias religiosas primitivas que puedan llevar a un trance. Sonidos repetitivos y monótonos, que he visto también en agrupaciones evangélicas. Con otra música, quizá, pero siempre con una monotonía invariable”, explica el siquiatra Iván Nazarala.

Para él, la lógica de estas “drogas digitales” no es muy distinta de la naturaleza de la música tecno. Sonidos repetitivos que inducen al trance.

Sin embargo, nada prueba que estos artilugios puedan replicar con tanta precisión los efectos provocados por consumir drogas o tener sexo. De hecho, el director de diagnóstico auditivo del hospital de Boston, Brian Fligor, al enterarse del caso, señaló que no hay ninguna investigación científica que señale que es posible drogarse realmente con música.

“Es una forma de jugar con la percepción del sonido… Es interesante, pero no tiene absolutamente ningún efecto en tu percepción del placer o ninguna otra sensación como se ha dicho. Es completamente neutro. No es dañino en ninguna forma y yo encuentro que es una historia entretenida”, agrega.

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