Valentín Trujillo: “Tengo 77 años; ya estoy viviendo mi futuro”

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Por Juan Carlos Ramírez F. (25 de octubre 2010, La Segunda. Fotos: Habib Aravena)

Valentín Trujillo (1933) se levanta, firme como una roca, y dice que no tiene ningún problema para conversar. Sus colegas, entre ellos Tommy Rey, que hablan en el camarín lo miran con admiración. “Conversemos”, dice el pianista.

Estamos en el Teatro Municipal de Ñuñoa, en la trastienda de “Los hermosos años 50”. Un evento que busca homenajear al mítico tío Valentín y, de paso, a toda su generación: músicos curtidos por el swing, bolero, cha-cha-chá y rock and roll.

“No me arrepiento de hacer música popular”

Su gran héroe es George Gershwin, el pianista neoyorquino que desde los años veinte fusionó ópera y música docta con el jazz, blues y folk de la época.

“Era un genio, sin siquiera tener estudios formales. Y claro que fue mi inspiración. El mezcló los dos mundos, algo que me interesaba a mí también. No me arrepiento de haber dedicado mi vida a la música popular”.

Y su curriculum avala esta decisión: desde tango a lo tropical, de la música infantil al pop, Valentín Trujillo ha incursionado en todos los estilos junto a su “hermano de sangre”, el piano, como fue presentado en el escenario ante el estruendoso aplauso del público que copaba el recinto.

Un instrumento que lo acompañó desde que fue a presentarse en una radio a los 9 años para tocar el vals “Antofagasta” frente a su propio creador, Armando Cabrera, que no podía creer lo que escuchaba.

Después terminaría tocando con Nat King Cole, Sara Montiel o Bill Haley, en sus visitas a Santiago. Además de dirigir las orquestas de artistas como Cecilia, Los Huasos Quincheros, Arturo Gatica o Vicente Bianchi.

Si bien su rostro se hizo conocido como “el tío Valentín” gracias a la televisión y los programas de Don Francisco, Pin Pon y el Profesor Rossa, conjuntos como el Angel Parra Trío se han interesado en rescatarlo como músico virtuoso.

“Ha sido una buena vida”, dice, ante el silencio del camarín.

“¿Cómo me voy a ir así?”

El maestro dice que no puede proyectarse. Es sabido que ha estado delicado de salud en los últimos años. Aunque esta tarde de domingo se le ve animado y feliz.

“Tengo 77 años. Ya estoy viviendo mi futuro”, afirma. Sólo puede adelantar que se presentará junto a Verónica Villarroel en la inauguración del Teatro del Lago de Frutillar el 6 de noviembre.

“También tocaré jazz junto a Daniel Lencina. Un dúo de trompeta y piano que pensábamos llamar «el dúo bicentenario». Pero parece que a él no le gustó mucho el nombre”, se ríe de la alusión a la edad de ambos músicos más que a los doscientos años del país. Ellos tocarán al día siguiente junto a la Big Band de Puerto Varas.

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Mientras Los Rumberos del 900 ya están empezando a tocar cha-cha-chá en el escenario, Valentín reflexiona en voz alta: “Sólo quiero seguir vivo, disfrutando la música que es el camino y la meta”.

-Este año usted ha sido muy homenajeado, como en el Festival de Viña pasado…

-Sí (se queda pensando). Me siento muy feliz de todo esto. Compartir con amigos músicos, que quiero mucho, que compartimos la profesión y el oficio. Lo que prima al final es lo humano en todo esto. La amistad. ¿Cómo me voy a ir así?

Después se ríe al recordar algunos colegas “incluso mayores que yo”.

A principios de mes, el Presidente Sebastián Piñera en una entrevista a la Asociación de Radiodifusores de Chile (Archi) señaló su posición contraria a la ley que obligaría a tocar un 20% de música nacional en las emisoras locales.

“Buscamos formas para promover la música chilena sin atentar contra la libertad de las radios o de la gente. Vamos a buscar un camino que nos permita compatibilizar ambos objetivos”, dijo. Valentín Trujillo saca el tema a colación, para manifestar su enojo.

“Me parece inconcebible que el primer ciudadano de este país salga con estas ideas poco felices. Me hago responsable de esta opinión”.

Volver a los cincuenta

El escenario del teatro parece haber viajado a los tiempos del Bim Bam Bum. La música, que recrea el sonido de orquestas como la Huambaly suena rítmica y fuerte de verdad, gracias a los más de quince músicos -trompetas, percusiones, saxofones- sobre el escenario.

El animador Angel Fontana va contextualizando los artistas y estilos que van desfilando. Habla sobre la revolución del rock and roll que acá se conoció primero por Bill Haley o la importancia de Lucho Gatica. Mientras, van pasando estrellas de la época, como el saxofonista Carmelo Bustos, Juan “Chocolate” Rodríguez o José Alfredo Fuentes.

El público -gran parte por sobre los cincuenta años- les grita, celebra sus tallas y muchos se quedan en silencio emocionados de los boleros o baladas interpretadas.

Pero el momento más alto es cuando sale Valentín Trujillo, junto a un piano de cola que brilla con las luces que lo enfocan. Mira las teclas y empieza a tocar, primero solo, luego junto a Claudio Escobar “La voz de Chile”, recordando a los amigos ausentes como Humberto Lozán, Luisín Landáez y Juan Azúa.

“He vivido una existencia sobria, no de ángel, pero tranquila. Estoy muy feliz de ella”, había dicho el “tío Valentín”, mientras sus amigos simplemente lo escuchaban.

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