Volver al poder crudo del rock (30 de enero 2011, Artes y Letras, El Mercurio)

Imagen

En marzo se lanza “Después del rock” (Caja Negra/Cuarto Propio), de Simon Reynolds. Una colección de catorce ensayos que reivindica la crítica de la música popular como un ejercicio exigente.

J.C. Ramírez Figueroa
¿Ha muerto definitivamente el rock? El debate lo originó el escaso 3 por ciento de canciones rockeras que figuraron en el ranking 2010 según la revista especializada Music Week. Una respetada lista de los cien singles más vendidos del año, elaborada exclusivamente con datos de la industria. El mismo jefe de la publicación, Ben Cardew aseveró que “la caída del rock entre las preferencias mayoritarias ha coincidido con una explosión en la popularidad de la música de raíz urbana en los últimos doce meses”. Una lista liderada por Eminem y Matt Cardle (ganador del programa-concurso “X Factor”) y repartida entre el hip hop, r& b, pop y música dance. Según la publicación el estilo rock sólo estaría presente en el cover de “Don`t stop believin” -original de Journey, 1981- hecho por la integrantes de la serie Glee; el indie de Florence and the Machine y el amable “Hey, soul sister” de Train. Con estos datos -discutibles, polémicos- el diario catalán La Vanguardia aseguró en un titular: “El rock vive su momento más bajo desde hace medio siglo”.

Todo lo anterior, el libro “Después del rock” lo reduce a dato anacrónico, ingenuo, carente de importancia. Catorce ensayos donde su autor, el crítico inglés Simon Reynolds (ver recuadro) elude los clichés sociológicos (estilo “el rock es rebeldía”) para explorar los subgéneros, ideas y las “políticas de sonido” que despegaron junto al género.

Destruir los mitos oficiales

El libro comienza, de hecho, con un golpe a la historia oficial que eleva al punk como una renovación en la música popular. Para Reynolds, The Ramones y Sex Pistols no cambiaron nada. La verdadera subversión vino con bandas como The Fall, Joy Division o Suicide que exploraron nuevas técnicas de grabación y composición, además de plantear un discurso político inteligente (“Postpunk. La revolución incompleta”). En el siguiente ensayo (“La revuelta en el estilo: Política y pop”) el autor deconstruye la creencia de que el rock pueda generar un cambio social. Sobretodo, -escribe- en un contexto que pertenece a la industria de la entretención. “Encuentro más ‘política’ en la incoherencia de Nirvana que en el lenguaje lleno de denuncia ‘que dice las cosas como son’ de Rage Against The Machine”. Reynolds es especialmente cruel al referirse a los raperos: “El yo del hip hop es ego masculino in extremis, es decir esquizofrénico-paranoico (…) combina los delirios de grandeza con un sentimiento de asedio en todos los frentes” (En “Hip hop”). Pero también se mete con Madonna: “las ideas de la cultura gay y luego convertirlas en marketing para las masas”. (En “Postfeminismo y pop”).

Políticas de sonido

“Después del rock” se vuelve más brillante, cuando Reynolds se embarca en el análisis del sonido. Partiendo por la psicodelia (En “Amor o confusión”), donde reinvindica a The Byrds quienes junto a The Beatles hicieron de la “difuminación del sonido” una marca de fábrica entre 1966-1967. En la misma línea, Reynolds alaba el ruidismo (En “Los poderes del horror”) donde exige “una toma de conciencia” sobre cómo Diamanda Galas, Tim Buckley o Cabaret Voltaire han abierto las posibilidades sonoras, por encima de la “música contemporánea” y el “new jazz”. También se reproduce el famoso “Post-rock” publicado originalmente en 1994 y que dio nombre a todo un subgénero. Allí Reynolds elogia aquella música que “usa la instrumentación del rock para propósitos ajenos al rock: usar las guitarras como vehículos de timbres y texturas más que de riffs y acordes de potencia”. Todo, en un contexto donde la música alternativa, era “una limusina destartalada que sólo marcha atrás”. La electrónica está presente también en los documentadísimos “Historia electrónica” y “Psicodelia digital. Sampleo y pasaje sonoro”.

En la conversación, reproducida al final del libro, Reynolds, reconoce como pasó de una fase de “rock orientado al goce” hacia una nueva forma de escribir sobre música. Un proceso rejuvenecido gracias a la música electrónica. “Los ideales de un underground musical, de un sonido que sea desafiante, que mire hacia el futuro, que se encuentre en un camino imparable de innovación y futurismo: todos ellos estaban vivos en la electrónica”. Esta pasión eleva el libro de Reynolds a un nivel poco visto en la “literatura rock”. Más allá de su incontinencia de citas y teorías (acá se cita desde Derrida a Brian Eno), sus textos cuestionan el tentador inmovilismo de recibir la información musical ya procesada. Como “El agotamiento de la innovación”, un ensayo implacable sobre la última década bajo la influencia de internet.

“Podría ser que estemos presenciando el equivalente musical-cultural de una crisis ecológica, los recursos finitos de las posibilidades del pop como un suelo explotado hasta su agotamiento”, escribe. Sin embargo, la postura de Reynolds jamás deja el optimismo. De hecho una de las virtudes del libro es que, de alguna forma, entusiasma. Y hace que uno corra a comprar -o más bien, bajar- la música que recomienda. “Bien adentro de mi corazón, todavía pienso que la escritura de rock debería ser como cuando yo era joven. Debería ser ferviente, encendida, ridículamente polarizada en sus juicios; arriesgarse hasta el absurdo por tomar las cosas tan en serio; debería embriagarse con su propio poder (¿de qué otro modo podía tener la esperanza de intoxicar al lector?)”, escribe en la introducción.

Y agrega: “La música debe ser como la Verdad dándote un puñetazo en la boca. Debe sacudirte con la vibración que Nietzsche llamó voluntad de poder.”

Después del rock: psicodelia, postpunk, electrónica y otras revoluciones inconclusas.

Simon Reynolds,Caja Negra/Cuarto Propio,2010, 230 p.


Simon Reynolds

Nacido en Londres en 1963, es uno de los críticos de rock más respetados de la actualidad. Colaborador de Melody Maker, The Wire, Rolling Stone y Spin. Ha publicado ensayos como “The sex revolts”, “Energy Flash” y “Rit it up and start again”. El primero, junto a su esposa Joy Press, sobre la diferenciación de géneros en el pop. Los otros dos se sumergen en la escena electrónica y post-punk, respectivamente. Una de sus virtudes es que se aleja de la interpretación sociológica o el simple análisis biográfico/lírico de las bandas, para centrarse en las políticas de sonido (estrategias compositivas), teoría económica, psicoanálisis o géneros poco explorados por la crítica como el pop underground de los ochenta o la electrónica de vanguardia.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

w

Connecting to %s