La retromanía

Por J.C. Ramírez Figueroa  (29 de mayo 2011, Artes y Letras)

Retromanía: el fenómeno que está cambiando el pop

Musicalmente, pareciera que estamos viviendo todas las décadas anteriores. Como si se hubiese borrado la idea de presente. Reediciones, giras de reunión, samplers . Todo remite a la memoria histórica del rock y pop. ¿Habrá alguna forma de escapar?

J.C. Ramírez Figueroa

Actualmente, la música pop pareciera estar obsesionada con lo retro. Enamorada de sus propios subgéneros -new wave, rock progresivo, psicodelia- a los que recurre una y otra vez. Como si sólo pudiera avanzar reviviendo su propio historial, desde la masificación del rock and roll en los cincuenta hasta el triunfo comercial de la electrónica cuatro décadas después.

Es la retromanía, la adicción cultural al propio pasado que nos ha situado en un limbo de citas a los años ochenta, reediciones de discos clásicos, bandas tributos, giras de reunión o biografías de tapa dura. Incluso, ya es posible asistir a espectáculos donde ni siquiera el artista está vivo como “Elvis on tour” o “This is it” (dedicado a Michael Jackson).

El ejemplo sublime es Lady Gaga. La cantante, posiblemente el fenómeno musical más teorizado del año pasado, replica prácticamente al pie de la letra la carrera de Madonna. Capítulo por capítulo, incluyendo sus clips o declaraciones públicas. Su música, por otro lado, asume todos los recursos históricos del dance y pop comercial, desde las máquinas a los sintetizadores.

Pero hay más casos: la vuelta del soul a lo Aretha Franklin con cantantes como Adele o Duffy; el muro de sonido sesentero de Phil Spector desplazando las guitarras ruidosas en el rock independiente; los discos históricos de The Kinks reeditados en CD por segunda vez en menos de siete años; la vuelta de The Cars sonando exactamente igual que en 1981; Bon Jovi marcando el récord de ganancias por una gira el 2010, por encima de la misma Lady Gaga.

Las décadas reunidas

“La primera década del siglo XXI, en vez de ser la puerta al futuro, vio cómo la idea del presente en el pop fue desplazada por los sonidos del pasado. Triunfando el archivismo y los recuerdos de los años gloriosos del rock. Así, en lugar de identidad, vivimos una época donde todas las décadas anteriores están sucediendo de nuevo, desapareciendo la idea de presente”, explica el crítico Simon Reynolds quien lanzará en junio su investigación ” Retromania: Pop culture’s addiction to it´s own past ” (Faber & amp; Faber).

Allí Reynolds se sumergió en el lucrativo mercado de las giras de reunión, donde muchas veces los músicos siguen sin soportarse tras la separación. Investigó los fenómenos donde “el rock se homenajea a sí mismo” en museos o documentales. Analizó el acceso a la historia de la música popular, ahora que existe YouTube , interfaces para escuchar discos online o leer entrevistas antiguas. Las técnicas de sampleo o mash-up , donde se intervienen pedazos de canciones son parte de este trabajo.

“Me interesaba analizar la locura de las bandas por revivir la misma secuencia discográfica de las bandas famosas. Pero también analizar la cultura del recuerdo y el reciclaje. El renacimiento infinito de la década de los ochenta. Y, especialmente, reflexionar sobre la relación de la música con el tiempo, la memoria, la nostalgia y el extravío”, explica el autor.

El triunfo de la ironía

La técnica del “mashup” cita Reynolds es otro signo de los tiempos. Se trata de mezclar dos canciones -preferentemente de estilos muy distintos- que provoquen un resultado nuevo. Un ejemplo clásico es el “The Grey album” (2004, de Danger Mouse, que toma piezas del Álbum Blanco (1968) de Los Beatles con las del Black Album (2003) del rapero Jay-Z. El gesto no sólo era experimental, sino también irónico hacia EMI, siempre recelosa del material beatle, pero también entre dos planos tan distintos: el rock clásico y el hip hop.

Y la ironía es vital para estos tiempos. Bandas exitosas como Vampire Weekend han patentado un estilo llamado “afroindie”, basado en el maquillaje de sus canciones pop con tambores africanos, entonación a lo Paul Simon, sintetizadores ochenteros y citas literales a Peter Gabriel. Por otro lado, los compilatorios de cumbia peruana se han convertido en un hit en los clubes más subterráneos de Nueva York. Lo mismo que el country-folk en países como Suecia o Finlandia. Chile no es la excepción: la cumbia ha llegado a los clubes más refinados y el pop melodramático de Lucero o Juan Gabriel ha sido adoptado por bandas de rock independiente en sus shows en vivo.

Este humor sonoro, sería pura retromania, porque -en términos de Reynolds- al intentar crear algo “nuevo” sin más recursos que lo “ya hecho” sólo contribuye a continuar con este tiempo cultural detenido. El libro “Qué fue de lo hipster” (Alpha Decay) lo llama “desregularización de la cultura” promovido por internet. Es decir, el libre acceso a todas las escenas y todas las épocas de la música pop. Y la construcción liviana e irónica de una identidad en torno a ella.

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