Florcita Motuda revive su particular himno del “No” (3 de agosto 2012, La Segunda)

“No fue una genialidad, ni me las di de gran artista”, cuenta ahora sobre el episodio que lo tiene en la película que se estrena el próximo jueves. “Un tipo me decía lo mucho que le gustaba la canción… y era partidario de Pinochet. Así se neutraliza la violencia”.

Por J.C. Ramírez Figueroa

Florcita Motuda (Curicó, 1944) vive desde hace décadas en El Arrayán. Entre vestigios campestres y elegantes residencias, sobresale la entrada de su casa que tiene escrito “Danger” en sus muros.

“En los 80 cuando estaban buscando a un militar secuestrado… Carreño creo que era… vinieron a mi casa. ¡Ningún problema! Les servía té y les mostraba las piezas para que buscaran más cómodos. Les indicaba donde se les había olvidado revisar”, recuerda, muerto de la risa y sentado en un patio que, literalmente, se convierte en cerro.

Y precisamente ese buen humor, reconoce, ha sido la conexión que usa para comunicar ideas más profundas como la “no violencia inspirada”. Una forma de enfrentar la vida “individual y colectiva” que busca encender esa chispita que tiene el adversario y lograr así el entendimiento, explica. Esa misma filosofía que lo inspiró a crear “El vals imperial del no” para oponerse a Pinochet en 1989. En rigor, una variación de la famosa melodía de Johann Strauss II “El Danubio azul”, conocida popularmente como “El vals de los novios”.

“No fue una genialidad, ni me las di de gran artista. Simplemente, le puse la letra «no no no no no» y a la gente le gustó. Lo más increíble es que se empezó a prohibir en casamiento de militares, porque todos empezaban a tararear el «no no no no no»… Un tipo en la calle me paró y me decía lo mucho que le gustaba la canción… y era partidario de Pinochet. Así se neutraliza la violencia”, sostiene.

Ese aporte de Florcita a la campaña del “No” aparece retratada -con variaciones- en la novela “Los días del arcoíris” y la obra teatral (inédita) “El referéndum”, de Antonio Skármeta, fuentes principales de “No”, de Pablo Larraín, que se estrena el próximo jueves.

En ambas obras Florcita hace un particular cameo, alumbrando al equipo de publicistas encargados de convencer con música a los indecisos. En la cinta aparece en la recreación de la grabación de “Chile, la alegría ya viene”, en el Teatro Huemul. Y luego, en la Marcha de la Alegría, cantando el vals.

-Skármeta hablaba sobre “el triunfo de la imaginación”, más allá de la política, lo que permitió el triunfo del “No”.

-Fue la música la que terminó con el miedo que sentía la gente. El “vals imperial del no” tenía implícita la idea de casamiento con la democracia también. Pasa que nosotros los humanistas, al centrarnos en el ser humano, no creemos en el enfrentamiento físico, sino en la no violencia inspirada y creativa. Porque otras formas de protestar ya han sido asumidas por la represión. Por ejemplo, las “sentadas” antes funcionaban. Ahora llegan los carros lanzaguas y barren con todo. Piensa en los jóvenes que bailaron como los zombies de “Thriller” el año pasado. ¿Aparecieron encapuchados? ¿Hubo represión?

-No. De hecho, fue muy celebrada por todos los lados.

-Porque usaron el principio de la no violencia inspirada y creativa. Era algo nítido y transparente que mereció todo el apoyo. En cambio en Siria, todos protestan a la antigua.

“Yo era un gil, como cualquiera”

En 1965, Florcita Motuda se convirtió en uno de los pioneros del rock nacional con incursiones en bandas como Los Stereos y Los Sonnys. Estos últimos “nacionalizaron” hits de los Box Tops o The Kinks, además de empezar componer canciones propias. Pero su gran revolución vino cuando ingresó al Conservatorio de la U. de Chile a principios de los ’70, cuando descubrió el movimiento humanista de la mano de Silo (Mario Rodríguez Cobos).

“En esa época me retiré de la música. Era plena dictadura y nos vigilaban. Parte de los ejercicios espirituales era cavar un hoyo en la arena. Entonces ellos decían: Ah, están enterrando a alguien. Pero nosotros volvíamos a meter la arena. ¡Y ellos, los agentes, no entendían nada! Por supuesto, tuve amigos que sufrieron. De hecho, pienso que si padeciste algo así, la forma de procesar la no violencia es distinta y se debe comprender”.

-¿Cómo retomaste la música entonces?

-Es que todo es creatividad. Hay que abandonar la idea del genio alejado de la humanidad que crea obras increíbles. Todos somos creativos. Es algo que tienes dentro. Así volví a la música, como un gil, como todos nosotros, que llega al escenario y al ser reconocido, provoca empatía.

Tras su éxito en los ’80, fue pifiado en el Festival de Viña 1992. “Le pregunté a la gente: ¿Quieren que siga? Me dijeron que no. Bueno, entonces, me retiro del escenario. Para la próxima vez será distinto”.

Y le ocurrió: Se convirtió en un referente para el rock chileno de los ’90, arrasó en la OTI de 1998 y dio charlas sobre creatividad en las Escuelas de Rock del país, lo que hace hasta ahora. Se ha convertido en un activo twittero (@FlorcitaMotuda) y apoya a Raúl Márquez (Illapu) en su cruzada por renovar la SCD, donde acusa a ex dirigentes de sobresueldos y malas prácticas. “Sólo pedimos que se modernice para que involucre realmente a todos nosotros, los músicos”, sentencia.

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