¿Por qué los discos de catálogo venden más que los nuevos lanzamientos? (5 de agosto 2012, Artes y Letras)

Por primera vez en Estados Unidos la venta de discos antiguos -clásicos, reediciones, cajas conmemorativas- supera a los nuevos lanzamientos. Un signo de que el público prefiere irse a la segura, mientras un estudio dado a conocer esta semana demostró que la música popular de las últimas décadas es básicamente una misma canción con pequeñas variantes.

Por J.C. Ramírez Figueroa

Una compilación con los hits “rockeros” de los Beatles. La discografía completa de Green Day. 18 discos de Grateful Dead que compila una serie de shows de 1990. Una remasterización de “Never mind the bollocks” de los Sex Pistols con DVD, material inédito, y hasta un diario de la época. Un disco conmemorativo de los 40 años del “Hot august night” de Neil Diamond con extractos nunca antes escuchados de diálogos entre el cantante y el público. Una caja con los seis discos originales de The Velvet Underground, incluyendo versiones mono y estéreo del original.

Todo lo anterior se anunció estas últimas semanas. Y se suman a las reediciones del “Destroyer” de Kiss, “”The Drift” de Scott Walker y los grandes éxitos de Marillion interpretados en vivo. También los documentales sobre el disco “Bad” de Michael Jackson y “So” de Peter Gabriel, el lanzamiento oficial de un “pirata” de los Rolling Stones en Japón en 1990, un doble DVD con los videoclips de Queen. O el relanzamiento del single “John, I’m only dancing” de David Bowie que cumple 40 años.

Es como si desde hace un tiempo la historia de la música pop confluyera discográficamente con sus distintas etapas y artistas al mismo tiempo. Como una biblioteca musical donde la novedad es la expansión del disco clásico: mejorías de sonido, el rescate de las canciones descartadas, archivo. Todo esto, en un flujo de relanzamientos constante y sin orden cronológico.

Esta avalancha de ediciones conmemorativas se apoyan en un dato trascendental: por primera vez en Estados Unidos, la venta de discos de “fondo de catálogo” -es decir, aquellos editados hace más de 18 meses- superaron a los discos nuevos. Según un informe de Nielsen Soudscan, durante el primer semestre de 2012 se vendieron 76,6 millones de discos “antiguos” frente a 73,9 millones de novedades.

“Hoy día, la música pop es más efímera”, señaló el editor de la revista Billboard Ed Christman. Y lo ejemplifica con datos duros: el 2000 los discos de catálogo equivalían al 34,4% del total de discos vendidos en el país del norte. En el 2008 ya equivalía al 41,7%. Un dato casi increíble, considerando que las disquerías están cerrando, pero que se explica en el tremendo mercado de la compra digital y física hecho por internet. Gigantes como Amazon tienen sus bodegas ubicadas en lugares donde el arriendo es barato, a diferencia de una tienda en el centro, lo que hace que el costo de mantención del stock de discos “clásicos” o “antiguos” sea bajo y la ganancia mayor.

Esta sensación de abundancia de discos antiguos y falta de novedades se potencia si consideramos que los lanzamientos de este mes son de bandas con más de dos décadas de carrera: Rush (“Clockwork angels”), Smashing Pumpkins (“Oceania”) o el nuevo disco póstumo de Joey Ramone (“…Ya know?”). El único lanzamiento que ha cosechado relativo revuelo es el debut del cantante Frank Ocean. Pero aun así, muchos piensan que a esta estrella del pop se le notan demasiado las costuras con que la industria discográfica lo ha construido.

“El pasado no puede evitar superar al presente, no sólo en pura calidad sino también en cantidad”, señala Simon Reynolds en “Retromania”, un libro que analiza nuestra obsesión cultural por el pasado traducida en revivals , versiones o plagios de lo que se ha hecho en los años anteriores.

Y propone un ejercicio. “Supongamos que cada año se produce aproximadamente la misma cantidad de música de calidad. Esto significa que la cosecha de material brillante de cada año debe competir con el montón de grandeza cada vez más voluminosa de todo el pasado”. Reynolds se pregunta cuántos discos recién lanzados podrían ser tan valiosos para el oyente que empieza a descubrir la música como algún clásico de los Beatles o Joy Division o The Smiths.

A esta imposibilidad de luchar con el capital simbólico de las bandas históricas -que documentales y revistas mantienen en el tiempo- se suma, según los analistas, la falta de éxitos globales en este primer semestre y la decisión del público de pagar por música que conoce antes que arriesgarse con las novedades, especialmente si está internet para escucharlo legal o ilegalmente.

Existe un proyecto en internet llamado “Million song dataset” que procesa la música y la letra de canciones compuestas entre 1955 y 2010 y la convierte en metadatos. A partir de esta información se hacen investigaciones comparativas. La más escalofriante indica que el pop de las últimas décadas suena prácticamente igual, siendo sus canciones siempre parecidas. Es decir, que ese juego melómano de buscar riffs , acordes o estribillos similares ha sido una norma en el último tiempo.

“Encontramos evidencias de una progresiva homogeneización del discurso musical, señaló el especialista en inteligencia artificial Joan Serra tras analizar los resultados. Explicó que tras analizar 464.411 canciones se descubrió que “las transiciones entre los grupos de notas han disminuido de forma continua durante los últimos 55 años”.

Así, las canciones tendrían una arquitectura interna de sonido más fuerte pero también son menos originales en los estribillos, melodías y tipo de sonido utilizado. Incluso los instrumentos suenan parecido. De hecho, para explicar el estudio se dice que si la música fuera un texto, en estos momentos habría cada vez menos palabras.

El crítico Jonathan Dean en su ensayo “El futuro no es lo que solía ser” cuestiona a los que creen que “no hay nada nuevo en la música”. Y destaca a James Ferraro, un autor que trabaja “sonidos basura” como ruidos de aplicaciones computacionales, música de películas para adultos o celulares. Para Dean el tema de Ferraro es cómo crecer en un entorno saturado de música. O, como decía Pablo Schanton en otro artículo sobre la manía por lo retro: “¿Desde dónde compone hoy un músico que no nació en el 63, sino en un ambiente donde la computadora, el celular e internet no tienen ya un “afuera”? Y es precisamente internet, que de “culpable” del fin de la industria tal como la conocíamos, se volvió archivo y, al mismo tiempo, en un instrumento musical. ¿No será ése precisamente el futuro?

El material brillante de cada año debe competir con la grandeza del pasado.

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s