Alejandro Jodorowsky: “Twitter me demostró que el ser humano no es la basura que dicen” (10 de agosto 2012, La Segunda)

El escritor y psicomago lanzó “Ojo de oro”, un libro donde recopila más de tres mil frases, ideas o refranes que dispara diariamente en las redes sociales. “En mi juventud estaba muy influido por Nicanor Parra y la antipoesía como reacción a Neruda. Pero me di cuenta que no se puede ser toda la vida anti algo. Hay que proponer”, dice ahora.

Por J.C. Ramírez Figueroa

Alejandro Jodorowsky (Tocopilla, 1929) acaba de publicar “Ojo de oro” (Random House Mondadori). Su propia recolección de sabiduría oral y escrita que propone diariamente en internet. “Metaforismos, Psicoproverbios y Poesofía”, como él define, concentrada en 3.000 twitteos, 1.000 preguntas con su respectiva respuesta breve y 64 reflexiones con los hexagramas de I Ching.

“Tengo un hijo que se llama Adanowsky y que es rockero. El fue el que me explicó lo que es. «Tú, que haces de todo, deberías investigar el Twitter… Deja de estar encerrado escribiendo, métete en medio del mundo y escribe rodeado de gente». Y así empecé”, relata Jodorowsky sentado en el lobby del hotel donde se aloja en Santiago.

En la introducción de “Ojo de oro” —que es un juego con las letras que componen su apellido—señala que “ahora la literatura, especialmente la poesía, surge de una colaboración estrecha entre el escritor y sus lectores: juntos, crean la obra”. Sobre sus followers señala: “Se conectan contigo, te siguen, te responden, pero si lo que dices no es lo que ellos desean oír, te cortan la lengua con unfollow. Te abandonan. Te los tienes que ganar cada día, sorprenderlos, convencerlos, remecerlos, acariciarlos”.

Frases como “No trates de convencer, brilla”; “La paz es el alma” o “El más vil instante de tu vida es un germen” que buscan, como él mismo explica, provocar, enojar, motivar cosas en quien las lee.

Todo mientras ultima detalles de la película autobiográfica “La danza de la realidad” que se estrenará el próximo año. El fin de semana pasado terminó de rodar en Tocopilla, su regreso después de “El ladrón del arcoiris” (1990).

“Siento que el castellano es una patria y que en ese idioma uno se entiende. Y si bien, cada idioma es un universo y una forma de pensar, yo quise hacer tanto los twitteos como la película en español. ¡Si los otros quieren entenderla, que aprendan nuestro idioma!”, dice.

—¿Cómo se dio cuenta que esto del Twitter estaba funcionando?

—Cuando fueron subiendo mis followers. Yo dije: No voy a hacer concesiones. No voy a hablar de mi ego o mi ombligo. Voy a hablar de temas impersonales. Cosas que me han servido en la vida. Frases de gente famosa. Pensamiento. Todo lo que he estudiado.

—La sabiduría humana…

—Exacto. Y empecé con cuarenta personas. Después eso fue subiendo y llegué a 1.000 por día. Y ahora estoy llegando a los 600.000.

—¿Cree que la gente está tan atrapada en la rutina que agradece pequeños estímulos para expandir el pensamiento?

—Yo creo. Incluso, la autoayuda inspira. Pero me parece una literatura comercial y muy simple. Pero me sirve como base, porque como yo dejo que me plagien, ¡yo puedo tomar de quien quiera también!

“Paré de ver TV hace 5 años porque me daba una imagen mediocre del ser humano”

“Busco lo que sea de utilidad pública. De sanación pública”, declara.

—Usted hace un ejercicio psicomágico al principio del libro en torno a la deconstrucción de las letras que componen el nombre.

—Es para que la gente aprenda a valorizarse. Para que sepa que es valiosa y que todo ser humano es una botella que contiene un océano. Y hay que llegar y darse cuenta que todos tenemos un nombre que tiene un valor mágico.¡Yo exalto mi nombre!

—¿Cuál es su rutina “tuitera”?

—Me prometí como acto de psicomagia dar todos los días 15 tweets. Llevo 3 años haciéndolo. Me despierto pensando lo que voy a escribir, porque apenas tengo una hora de tiempo. Le dedico 1 hora al día a internet. He regalado (piensa) como 800 horas de trabajo.

—¿Qué es lo que más le ha sorprendido de la gente?

—El deseo de superarse y descubrir, además del sentido crítico que están teniendo, de lo que pasa en la sociedad actual. También la búsqueda de la felicidad, del amor, y la sensibilidad artística. Yo le digo a todo el mundo: Paré de ver televisión hace cinco años porque me daba una imagen mediocre y vulgar del ser humano. Y yo me dije: ¡El ser humano no es eso!. ¡Es mentira! Twitter me demostró que el ser humano no es lo que se dice. No es el ser comprador despreciable. Todos están buscando la felicidad, la vida, trabajar en lo que le gusta y sus talentos. Hay 600 mil que están preguntándose las mismas cosas. Si hay tanta gente, por algo debe ser.

—Usted define los textos como “Metaforismos, psicoproverbios y poesofía”. ¿Cómo surgieron?

 —En mi juventud estaba muy influido por Nicanor Parra y la antipoesía como reacción a la poesía de Neruda. Pero luego me di cuenta que no se puede ser toda la vida anti algo. Hay que proponer cosas también, porque destruyendo no se llega a nada. Y yo propongo algo que exalta al ser humano y su arte a través de la psicomagia.

—¿Usted es consciente de lo que provocan en la gente sus trabajos?

—No lo podría saber, lo que si sé es que lo provoca en mí. Yo me dije: No quiero nada para mí que no sea para los otros. Y descubrí en mi corazón los sentimientos sublimes. Cuando me decían que el ser humano no valía nada, que era una mierda, que era asqueroso, yo descubrí el amor a la humanidad, al planeta Tierra, a las artes y la belleza. Hay que sembrar sentimientos sublimes. Porque nos están acostumbrando a que el único entretenimiento sea el mall y nos presentan este falo dominante (el Costanera Center, cercano a su hotel) que es una muestra de poder que aterra.

—¿Cree que todo eso responde a los miedos cotidianos que tenemos?

—Estamos esclavizados por el miedo a la crisis, a las deudas, a las epidemias. ¿Acaso no hay otra manera de dirigir el mundo? ¿Necesitamos eso? ¿Hasta cuándo aguantamos? Yo estoy en contra de los políticos porque la política ha cambiado. Ya no hay izquierda ni derecha. Lo que existe es un problema económico global, creado artificialmente, y ahí estamos eligiendo políticos que siempre nos van a decepcionar.

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