Liniers y Calamaro: sorprendidos por la alegría (25 de noviembre 2007, La Nación Domingo)

El título de esta historia y las canciones corren por cuenta del músico que se presenta en Chile el 9 de diciembre. Los dibujos los pone Liniers, quien nos regala monos y razones para no volvernos locos. Aquí la crónica de un e-mail que se convirtió en el arte del disco “La lengua popular” y una historia de amor y alegría después de transitar por el lado salvaje.

Por J.C. Ramírez Figueroa

La niña contempla indecisa una biblioteca junto a su gato y dice: “Seguramente voy a leer muchos libros en mi vida, pero los que lea en mi infancia me los voy a acordar siempre ¡Es mucha presión!”.

Este tipo de diálogos y dibujos increíbles salen de la pluma de Liniers todas las semanas en el diario “La Nación” de Argentina. Andrés Calamaro, lector de “Clarín”, su competencia, lo descubrió tarde y de golpe no tuvo más remedio que enviarle un mail.

“Pensaba que era una joda de mis amigos”, cuenta Liniers, risueño, al teléfono desde Buenos Aires. “Yo era fan absoluto de Andrés y que de repente apareciera escribiéndome y felicitándome era sorprendente. Por las dudas le respondí”.

Pero en vez de un e-mail cortésmente desconfiado, lo hizo con una historieta donde aparece personificado en un conejo como habitualmente lo hace en sus tiras explicándole que Kevin Johansen se le adelantó y que tiene la portada de “Logo” a medio hacer (finalmente la terminó e incluso aparece dibujando en sus shows). Pero también le dice a Calamaro que “como todo el mundo, colecciono tus discos hace años… así que la idea de ver un dibujo mío en uno… ¿En serio sos Calamaro?”.

Así que esta es la historia de un rockero, un caricaturista, un disco llamado “La lengua popular”, un concierto en Santiago y todo lo que hay en el medio.

VIETNAM PERSONAL

“No tengo la costumbre de colgarme de los recuerdos”, dice Calamaro desde Buenos Aires. “Prefiero mi vida como está ahora. Pero tengo recuerdos muy interesantes y atrevidos de mi última década. Y recuerdos entrañables, alegrías y secretos de todas mis vidas anteriores”, dice.

En pleno cambio de milenio estaba claro que el lujoso “Alta suciedad” de 1997 (El de “Flaca” y “Loco”, grabado con músicos de John Lennon y Tom Waits) era apenas el principio. Dos años después vendría el doble “Honestidad brutal”, y el 2000 el quíntuple “El salmón”, con 103 canciones.

Allí, en su departamento madrileño bautizado como Deep Camboya en referencia a “Apocalypse Now” entre teclados, computadores, guitarras, crisis personales semipúblicas, y un portaestudios en “Rec”, decidió grabar una canción por día, abandonando los discos y shows en vivo (ojo, que incluso Bob Dylan lo felicitó por su “Elvis está vivo”).

El músico estaba tan iluminado que en cualquier momento parecía que se autodestruiría. Grababa 10 temas seguidos, literalmente hasta desmayarse, y mientras la “Rolling Stone” española se preguntaba “¿dónde se esconde Andrés Calamaro?”, el “Salmón” continuaba sus aventuras en Buenos Aires. Cada amigo, periodista o fan que entró a su Vietnam particular regresó del edificio con un CDR copiado por él.

“Ir al rescate de esas grabaciones propiamente dichas es un proyecto permanente y que siempre progresa de una forma u otra”, dice. En esa época, recién los músicos de Los Auténticos Decadentes lo obligaron a darse cuenta que a muchos les extrañaban sus canciones, hasta que la Bersuit lo arrastró a cantar de nuevo a fines de 2004.

NERD DE BIBLIOTECA

Hace 20 años, mientras Calamaro esperaba a su chica bajo la lluvia como un perro en Los Abuelos de la Nada, Liniers quien paga sus cuentas como Ricardo Liniers Siri era un niño que lo escuchaba por la radio mientras dibujaba historietas inspirado en Mafalda, Tintin o Condorito (“hace poco me enteré que era chileno, cada tanto incluyo un plop! en mis dibujos”, dice).

Por eso lo puso tan contento la petición de Calamaro. “En una de esas era el verdadero músico. Por eso respondí con un dibujo, ¡para entusiasmarlo! ¡No vaya a ser que se arrepintiera!”. Cuando se juntaron, el autor de “Sin documentos” le mostró el disco, intercambiaron ideas y al final le dijo: “Tienes la libertad de hacer lo que quieras con el arte del disco”.

Tras colaborar con revistas universitarias y publicaciones under, Liniers comenzó el 99 con “Bonjour” en el suplemento No de “Página/12”. Tenía 26 años y le ofrecieron ese espacio a raíz de otras colaboraciones que hacía para ese periódico. “Daba vueltas por la redacción una vez a la semana, cuando entregaba mis trabajos, y me paró un editor y me preguntó si quería colaborar. Creo que hay que tener ese golpe de suerte, pero también debes hacer las tareas”.

“Bonjour” eran unas tiras en blanco y negro, con situaciones como un señor con sombrero que le dice a una señorita: “Yo aún soy virgen y me gustaría que mi primera experiencia sea con usted”. Ella lo mira y le dice: “Ay, las cosas que dice. ¡Es usted un gracioso…! Virgen, jaja”. “Sí, de lo más cómico”, dice él riendo también, hasta que ella se va y él se queda solo y triste.
La saga que incluía sus tradicionales pingüinos, ovejitas y “cameos” de artistas tenía ya todo lo que nos gusta de Liniers y que continuó en “Macanudo”. Primero, la ternura que desprenden los personajes (la vaca cinéfila, Z-25 el robot sensible, Enriqueta y el gato Fellini). Dos, las situaciones (como la del párrafo anterior). Tres, la construcción de un mundo a la manera de las películas de Wes Anderson o los discos de Belle and Sebastian: libros, cafés, plazas, animalitos, el centro de la ciudad. Cuatro, las reflexiones simples pero de alto vuelo en la tradición de Quino. Quinto, un principio de bondad.

Sí, porque cada tira de Liniers es una buena razón para no volvernos tan locos y pegarnos un tiro. O dicho de otro modo, leerlo provoca esa inédita emoción que nos impulsa a querer más a la gente y la vida. Como cuando Enriqueta se dedica a leer, correr y jugar todo el día con su gato Fellini y dice: “Otro sábado bien aprovechado”. O cuando Angie se golpea la cabeza y el conejo Liniers le dice: “Odio verte lastimada”.

“Hay que tener tiempo para dialogar con la infancia. Es una época increíble de la que sin embargo se tienen pocos recuerdos. Un estado muy puro y lúcido que me intriga, tal vez porque en esa época no tienes nada que defender y eres más tú mismo y eres directo, en lugar de andar disimulando”.

LA LENGUA FELIZ

Un hombrecito de sombrero camina digno y orgulloso. Su panza brilla como un sol. “Fue el primer dibujo que hice y a Andrés le encantó, se rió mucho”, explica Liniers. La canción se llama “Sexy & Barrigón”, y en una parte dice: “Soy una buena combinación de Homero Simpson y Rolling Stone”, mientras una voz de mujer gime el título.

– ¿Volvieron las guitarras eléctricas, Andrés? 
-Yo toco unas cuantas, la única canción donde no hay otro guitarrista es ésta. La chica sexy es la computadora Apple de Cachorro López. Un poco de buen humor es necesario en el rock y la ironía es importante para las personas. Ese ritmo Motown es de los preferidos de Cachorro, que estaba determinado a incluir una canción así en el álbum. Suerte que se filtró un poco de espiritu Iggy Pop en el disco, de su groove personality. “La mitad de las olas” y “Sexy” tienen aires de este gran ninja de Detroit”.

La clave del disco es ésta. Porque aparte de la lectura “popular” en los ritmos o temáticas como la de “Comedor piquetero”, hay un sorprendente “rediseño de la felicidad”. Porque entre el disco de versiones “El cantante” (donde hacía suyos los versos de Héctor Lavoe: “Si no me quieren en vida, cuando muera no me lloren”); su regreso a los escenarios (con bandas de lujo como Bersuit, Ariel Rot o Fito & Los Fitipaldis) y “El Palacio de las Flores” (a cuatro manos con Litto Nebbia), el planeta Calamaro jamás se había visto tan recién pintado como ahora. Y sin proponérselo, simplemente sucedió como todo lo bueno en la vida: los músicos de la Bersuit lo animaron a regresar a los escenarios, conoció a una buena chica en el lugar menos pensando y, claro, se le aparecieron las historietas de Liniers y sintió que las comprendía perfectamente.

Tan importante como el dibujante, el apoyo de Cachorro López fue clave para Calamaro. Su ex compañero en Los Abuelos de la Nada lo ayudó a rockear las armonías populares aprendidas con Litto Nebbia. “Sí que quise que el disco tenga meneo subtropical y guitarras de rock, me gusta la cumbia y la movida tropicuartetera y era mi deseo incluir esta variedad en un álbum”.

LA LENGUA POP

El disco que Calamaro envió a Liniers quien incluso “dibujó” las letras esconde una gran verdad desde su rockera apertura “Los chicos” hasta el cierre de “Mi Cobain”. Ambos recuperados de su época salvaje de principios de milenio coinciden en que lo esencial no es invisible, como decía el Principito, sino que llega gratis e incluso podemos tocarlo.

“Es verdad. Lo esencial es visible. Al menos todo lo que dibujo es lo que veo. Sería interesante una historieta donde se dijera eso. A mí me gustaba El Principito , pero como lo leí cuando niño. Después, más grande, descubrí un airecillo a metáfora new wave que no me gusta”, opina el dibujante.

Calamaro reconoce no ser ya el “viejo Andrés que no dormía más” en la aceleradísima “La mitad del amor”. En “De orgullo y de miedo” el dibujo es un paisaje otoñal abierto incluso reconoce: “Cualquiera se cansa de milongas/ y quiere querer y también ser querido/ Confieso haber vivido afuera del margen de la moral y lo permitido”. “Es la letra de un corazón cansado que se sorprende latiendo de nuevo por alguien. No siento a diario el peso de la culpa ni creo haber cometido demasiados errores imperdonables, aunque tampoco podría recordarlos todos”, dice el músico.

Porque Calamaro, más que rock, hace canciones, patenta estilos y aunque dice a LCD que le gustaría mucho poder dominar el lenguaje del jazz y de la gran música, “confieso haber surfeado sobre acordes sencillos para hacer y cantar mis canciones Asimismo, mi paleta de acordes no es tan escasa, pero ya formo parte de los autores que hacen muchas canciones con pocos tonos”.

Y si andas tropical e incluyes dibujos en tu disco, es señal que andas más contento que nunca.

Incluso pulió su discurso antiindustria de los años de “El salmón”: “”Yo lamento que la música popular no forme parte de las páginas culturales de los períodicos. Vivimos en un mundo corporativo, pero prefiero no internarme en un laberinto de paranoia y mantener la frialdad para seguir siendo un buen francotirador. Contra el MP3 no tengo nada, pero creo que la música local debería pagarse siempre que exista esa opción. La música importada propongo bajarla Hay tanto para conocer que no se puede comprar todo, pero nuestros discos sí, porque necesitamos ser dignos, seguir encontrándole sentido a grabar discos y vivir en castillos de arena”.

Para Calamaro, lo mejor que le ha pasado fue “volver a Buenos Aires y empezar a vivir de nuevo”, también dar recitales satánicos (como el que promete para el 9 de diciembre en el Espacio Riesco) y el respeto de sus colegas y el pueblo.

“Sí, mi vida es buena. Lo digo yo”, aunque advierte: “La felicidad, finalmente, es más frágil que la tristeza, por lo menos la de los humildes. Eso dicen las canciones”.

Liniers sigue trabajando en sus caricaturas. A veces, cuando sale con su chica (al igual que Calamaro está feliz de al fin estar con una buena nena a quien dibuja siempre), pinta sus caricaturas con café. “Es un lindo color”, dice.

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