Ariel Dorfman estrena sus memorias el exilio: “Apreciarán mi disposición a desnudarme” (31 de octubre 2012, La Segunda)

Llega a la Feria del Libro “Entre sueños y traidores”, donde narra su exilio, activismo político-literario, cómo convenció a Christopher Reeve de venir a Chile y su trabajo con Polanski.

Por J.C. Ramírez Figueroa

Striptease. Esa fue la palabra elegida por Ariel Dorfman (70) para definir su exilio en “Entre sueños y traidores”, continuación del libro de memorias “Rumbo al sur, deseando el norte” (1998). Una desnudez “en inglés” -su otra lengua materna- donde intenta explicarse a sí mismo su destierro.

Aunque técnicamente Augusto Pinochet le autorizó el retorno en 1983, en uno de sus múltiples viajes al país fue deportado (en 1987). Recién en 1990 volvería con su familia a Chile, abandonándolo -“para siempre”- apenas unos meses después. Se instaló en EE.UU., donde dicta una cátedra en la U. de Duke ubicada en Durham, Carolina del Norte

Así, “Entre sueños y traidores” puede leerse como un manual de supervivencia y ajuste de cuentas con las decisiones del pasado. El autor dice que lo más fuerte es convivir con los muertos. “Siempre estamos rodeados de los que no lograron salir con vida del trance que nosotros pudimos esquivar. Depende cómo, además, se sobrevive, si por empeño y astucia, si por prudencia y cautela, por no llamarla cobardía, o -en la mayoría de los casos-por mera buena suerte”.

En sus páginas habitan las temporadas de hambre y terror en el París de los ’70 -mientras su amada biblioteca quedaba a la deriva en Santiago- y también su activismo desde EE.UU. haciendo de nexo con Christopher Reeve en 1987 para apoyar a un grupo de actores nacionales amenazados de muerte.

Cuenta que fue alertado por Nissim Sharim y cuando habló con “Superman”, él no puso problemas a viajar, aunque su vida también corriera peligro. “Chris fue de los seres más valientes que conozco y debemos siempre estarle agradecidos de que volara -en efecto- al rescate. No podremos saber si fue su gesto el que salvó la vida de tantos actores, pero es posible que su intervención fuera decisiva”.

Dorfman cuenta que actor le pidió que escribieran juntos una película sobre el tema, donde el protagonista fuese modificado profundamente por los seres que encuentra ahí y que “lo salvan a él más de lo que él los salva a ellos”. “Ese filme no prosperó, pero vale la pena recordar aquel deseo de Chris, los meses que pasamos escribiendo juntos el guión, para ilustrar hasta qué punto quedó marcado por su viaje a Santiago”.

Accidentes y pruebas al ego

“Entre sueños y traidores” también profundiza en sus accidentados viajes al país, la lección para su ego en 1988 al leer un poema a una multitud que sólo quería ver a Sting en el Amnesty de Mendoza o la compañía de “una mujer de encanto” llamada Angélica Malinarich. A quien conoce desde los ’50, su esposa desde 1966.

También hay confesiones como un pasaje donde reconoce, como colaborador del gobierno de Salvador Allende, que “El nuestro no era un fracaso cualquiera. Al pueblo le habíamos prometido el Paraíso y en cambio habían cosechado, habíamos cosechado, los vientos del Infierno. ¿Habíamos prometido? Yo. Yo había hecho esa promesa…”.

-Esa rectificación y reconocimiento del “habían” por el “habíamos” es clave en el libro, ¿está de acuerdo?

-Es un pasaje fundamental del libro. El recuerdo de cuando tuve esa revelación todavía me persigue: me encontré en mayo de 1974 escribiendo en París, sentado sobre un water en un hotel de mala muerte un poco antes de la madrugada, y Angélica y Rodrigo (su primer hijo) dormían y no quería despertarlos, pero no pude dejar de teclear en mi vieja máquina las palabras infernales: “¿Cómo pudimos habernos equivocado tanto?”. Es decir, me permití, por primera vez desde el Golpe del año anterior expresar mi desesperación ante el fracaso de nuestro proyecto utópico de un Chile justo y digno y bello. En ese vacilar entre “habían” y “habíamos” hay una escisión de la identidad muy dolorosa: hay un ellos (el pueblo mayoritario) que estaba sufriendo en Chile al que no puedo ya acceder en forma directa y a la vez hay un nosotros, soy parte de ese colectivo y me debo a sus sueños, tengo que perseverar en la certeza de que vale la pena luchar por ese mundo mejor.

-¿Le parece que tiene que ver con un proceso de reconciliación y sanación que hasta ahora no llega?

-Es posible que tengas razón al sugerir que anticipa tal vacilación nuestra imposibilidad de reconciliarnos, de sanarnos, que es otro tema central del libro: cómo superar el odio, cómo no recaer en la guerra perpetua con el adversario si nuestros enemigos (la palabra misma no me gusta, pero me asalta) no quieren reconocer el daño que nos hicieron y si antes no reconocemos el daño que nos hemos hecho a nosotros mismos.

El libro fue publicado primero en inglés -traducido por él-, acompañado con una foto sesentera de un Dorfman joven y desafiante. El mismo que co-escribiría “Para leer al Pato Donald” (1971), un influyente ensayo que cuestionaba el colonialismo de Disney que fue quizá el más quemado por los militares en 1973. Después de un prolongado período de silencio literario comenzó a publicar obras como “La muerte y la doncella” o “Purgatorio”. La primera adaptada al cine por Roman Polanski y la segunda estrenada teatralmente el año pasado en Madrid con Viggo Mortensen (“Dorfman no tiene miedo de ir cambiando”, dijo a “El País”).

“Gran parte de estas memorias son un intento de mostrar minuciosa y descarnadamente cómo evolucioné desde un ser lleno de cólera y culpa a otro tipo de ser humano y cómo es fundamental para esa evolución reconocer cómo uno se contamina en la lucha contra el mal”, explica el escritor.

“Es posible que, debido a esta manera transgresora mía de plantear las cosas, este libro termine creando anticuerpos en un montón de personas. Pero estoy seguro, más que seguro, de que los jóvenes chilenos van a apreciar mi sinceridad, mi disposición a no mentir, a desnudarme”.

Angélica tiene “una paciencia más infinita que el multi-verso”

Dorfman se ilumina al hablar de su mujer, a quien le dedica todos sus libros. Confiesa que la gente siempre piensa que exagera -“lo que no es raro porque exagero mucho”- cuando dice que sin Angélica estaría muerto. “Pero resulta que es absolutamente cierto que sin ella no podría haber resistido el exilio, los vaivenes, las traiciones”. Dice que sus propias debilidades y dudas lo hubieran devorado.

Y para ilustrarlo cita una teoría de física cuántica que afirma que vivimos no en un uni-verso, sino que en un multi-verso. Infinitos universos paralelos y alternativos con una eternidad de diferentes azares, cada uno con una pequeña variación. “Cuando leí tal teoría pensé: Estoy seguro de que en cualquier avatar que me hubiera tocado, estaría mi Angélica cerca, me tendría que cruzar con ella, que ella me encontraría. Ella es un milagro y yo el que se beneficia de ese milagro”.

-Ella pareciera ser, en definitiva, el personaje central de sus memorias…

-La existencia sin ella es inimaginable. Ahora, asentándome más en la biografía personal y menos en la lírica: es ella la que una y otra vez hace de brújula cuando me pierdo (y me pierdo mucho, como queda de manifiesto en el libro) y es ella mi primera y principal lectora. Y cuando, por mi inmadurez o mis trabas y traumas, decido escoger el camino que ella me pidió que no tomáramos, es ella la que me acompaña, con feroz lealtad y con una paciencia más infinita que el multi-verso.

“Hace falta entender que el pasado nunca es reparable”

-En el libro usted cuenta cómo fue atacado por un cantante borracho y delirante, que usted ve como el peaje para entrar en “el otro Chile”….

-Fue en un bar y él tocaba en forma insigne la guitarra y yo comprendí su agresividad como justificada por mi invasión de su territorio. A la vez, era parte de la degradación de Chile durante la dictadura y también durante la transición. Y, sí, en efecto, creo que una gran parte de la población se ha vuelto invisible. De hecho, mi obra literaria tiende justamente a rescatar a hombres y mujeres que han sido olvidados, que se consideran desechables.

-¿Cuáles serían las cosas irreparables de Chile?

-Irreparable es una palabra significativa, que usa una y otra vez Paulina en “La Muerte y la Doncella” como un modo de ahondar en lo que le pasa a ella y, simbólicamente, al país. Hace falta entender que el pasado nunca es reparable, por mucho que tantos crean que el olvido es una forma de reparación y se empecinan en la amnesia cotidiana. Lo que sí se puede reparar es el futuro, tratar de no repetir lo que pasó.

Dorfman señala que la tragedia de Chile es que no hemos dado los pasos necesarios para mirarnos la cara y contar la verdad de lo que sentimos. “Espero que este volumen de memorias sea parte de una búsqueda más colectiva y menos mentirosa de lo que significa pasar por esa verdad”.

-Usted vuelve y re-vuelve a Chile. Sus memorias exudan amor y melancolía por el país.

-Tengo un amor entrañable y re-vuelto por Chile y mantenemos una casa en Santiago. Constantemente me inspira el país, pero me exaspera también, como les sucede a tantos otros compatriotas. Lo lamentable es que cuando finalmente retornó la democracia y la familia pudo reinstalarse en Chile en forma definitiva, o así lo pensábamos, encontramos un país que no nos permitía respirar. Tal vez el exilio nos había alterado en forma excesiva. Quizá era el país el que se había alterado. O le pedía demasiado a ese país, a nuestro pueblo, una salvación que no era factible. Los lectores dirán si las experiencias que transcribo en mis memorias explican por qué finalmente decidimos partir.

-¿ Nole daría una nueva oportunidad?

-No creo que haya marcha atrás respecto a esa decisión. Estamos bien instalados en el exterior y a mí me hace falta la distancia para poder escribir. Y aunque nos duela estar lejos, a la vez entendemos la identidad nacional como algo mucho más expansivo y extendido y sobrepuesto que una mera entidad geográfica. Por otra parte, en mi caso particular, tengo otras comunidades a las que me debo, especialmente por el hecho de ser enteramente bilingüe, nacido en Argentina y criado de niño en Nueva York.

Y se pregunta: “¿Qué más quiere Chile que un ciudadano que representa al país de una manera cosmopolita y global? Y enumera proyectos como una obra teatral con Martin Sheen y Lena Olin en Estocolmo, una una ópera en la India para el 2013, un musical-ecológico en Londres con el compositor de Alan Parsons Project.

“¿Cómo no va a ser bueno para Chile que yo trabaje con Viggo Mortensen en Madrid y con Polanski en París y con estudiantes en Italia y escolares en Sudáfrica? ¿O acaso Chile empieza y termina en la cordillera de los Andes?”.

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