El boom editorial independiente: Entre la guerrilla y la búsqueda de lectores (6 de noviembre, La Segunda)

Que un libro publicado casi sin promoción venda 7 mil ejemplares y se sitúe por meses entre los más vendidos, es una gran señal. La agrupación más importante de independientes se tomó parte de la Feria del Libro. El argentino Damián Tabarosky y dos editores locales analizan el fenómeno.

Uno de los hitos editoriales del año ha sido “La danza de los cuervos”, una demoledora investigación de Javier Rebolledo sobre la experiencia de Jorgelino Vergara como “mocito” de la DINA.

Sin mayor promoción, el libro, que revela detalles inéditos -y sangrientos- de los organismos de seguridad en los ’70, ha vendido 7 mil ejemplares y ha permanecido meses entre las listas oficiales de los más vendidos en Chile.

Un triunfo para Eugenia Prado de la Editorial Ceibo que se la jugó por esta publicación que, una vez conocida su temática, generó el interés de las editoriales grandes que intentaron -evidentemente, sin éxito- tentar al autor para que publicara con ellos.

Todo esto se conversó en la mesa-debate “El boom de la edición independiente en Argentina y Chile”, en el marco de la Feria del Libro. Un tema que tomó fuerza gracias al stand doble (E16 y E17) que agrupa a editoriales de poesía y nuevos narradores como Puerto de Escape, Cuneta, Calabaza del Diablo, Libros de Mentira, Chancacazo y Das Kapital.

También gracias al notable catálogo de Hueders (D57) que acaba de editar “Todo Santiago”, compilación de crónicas de Roberto Merino y “La batalla de Placilla”, de Marcelo Mellado.

O a la visita del argentino Damián Tabarosky , director editorial primero de Interzona y luego de Mardulce , que esta semana lanza en su país “Ficciones argentinas”, 33 ensayos de Beatriz Sarlo sobre autores como César Aira o Pola Oloixarac Además es un auténtico agitador cultural que en “Literatura de izquierda” (2004) puso en el tapete el tema del convervadurismo estético -y temático- de muchos escritores supuestamente antisistémicos.

“Si las grandes son los panzers; nosotros somos la guerrilla”

“En una época se hablaba de editoriales chicas y editoriales grandes. Lo que pasó es que las primeras -que eran locales como Sudamericana o Emecé- fueron compradas por multinacionales. Entonces eran chicas versus globalizadas. Y pasamos a llamarnos «independientes»”, explica Tabarosky.

Así, para él esta independencia es la oposición a lo totalitario; es decir, el mercado. Pero, aclara, no es sólo la independencia económica, sino también de criterio. Porque lo económico determina también la estética, y lo independiente debería ser una oposición a eso.

“Lo que me interesa es que el catálogo arrastre al lector hacia otros autores que no conoce, creando un gusto, generando nuevas zonas de discurso y espesura intelectual, problematizando lo contemporáneo. Si las editoriales grandes son los panzers, nosotros somos la guerrilla: sabemos movernos y atacar bien”.

Galo Ghigliott o, de Cuneta, es también organizador de La Furia del Libro, encuentro de editoriales independientes cuya nueva versión -promocionada como la “última”, ya que supuestamente el mundo se acabaría este año- será entre el 14 y 16 de diciembre en el GAM.

“El ideal sería que cualquier persona supiera la diferencia entre una transnacional y una independiente. Creo que sigue siendo una ventaja de unos pocos «iniciados», que entran a la feria del libro y se vuelcan de inmediato a los stands de las independientes para ver qué nuevas joyitas han publicado”, explica.

También cree que las instituciones piensan que “somos demasiado coléricos y que en cualquier momento saldremos con un discurso contestatario o nos quemaremos a lo bonzo”. Aunque reconoce que en parte es así. “A pesar de la diferencia entre los proyectos editoriales independientes, a todos nos motiva un rechazo a la condición actual de la cultura, tan sometida al mercado. Esa lógica mercantil es la del Gobierno, como lo expresó Sebastián Piñera en un debate hace años: «Los libros malos no se venden, la gente elige qué quiere leer», pero no toda editorial tiene un plan de marketing, ni los recursos para desarrollarlo, entonces habrá una enorme cantidad de gente que nunca sabrá que existen libros que realmente quisiera leer”.

Para Marcela Fuentealba, de Hueders, estas editoriales “han marcado la pauta de lo mejor que se edita en Chile” y destaca que ya en los ’80 era casi la única opción con Lihn y Lira publicando “casi fotocopias”. Aunque aclara que las independientes se convertirán en un acontecimiento cultural “cuando seamos más profesionales, los lectores nos conozcan y juguemos de igual a igual con las grandes… que hasta el momento eso no pasa ni por asomo”.

Sin embargo, hay un tema de fondo: “Faltan lectores. Por algún motivo, la gente en Chile compra pocos libros. Es una cosa mucho más allá del IVA, que si es que se quita tampoco soluciona el problema de un circuito libresco pobre. Las ayudas tampoco son garantía y a mi juicio oponen el peligro de las pautas culturales”.

También está el tema de las compras del Estado, como las criticadas recientes adquisiciones para bibliotecas públicas: “A veces ese es el único financiamiento disponible para las editoriales, grandes y chicas. Ahí hay mucha plata y mucha opacidad. Pero creo que las editoriales no se pueden quedar en la queja de falta de apoyo institucional. Hay que ser más busquillas y seducir con los libros”, plantea.

La solución para Fuentealba está en bibliotecas accesibles y grandes, más prensa literaria, libros electrónicos gratis o baratos y “buenas políticas de apoyo a la competitividad e internacionalización de los libros independientes”.

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