CAMILO MARKS: “El Premio Nacional me interesa menos que aprender urdú o suajili”

El escritor y crítico reflexionará sobre el cuento chileno en la Biblioteca Nacional durante agosto. Además, anuncia ensayo sobre el cuento policial. “Como ya no escribí mi propia biografía, haré una especie de sustituto, una existencia vivida desde el crimen”.

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Por J.C. Ramírez Figueroa

Desde la próxima semana, y cada martes de agosto, el escritor y crítico literario Camilo Marks encabezará, en la Biblioteca Nacional, el taller de análisis “Contando el cuento en Chile”, donde repasará el panorama -y las transformaciones- de este género en las últimas décadas.

Desde “Pobre feo” ( Eduardo Barrios ) hasta “El gran salto” ( Juan Ignacio Colil ), y pasando por José Donoso , Alberto Fuguet o Roberto Bolaño, se explorarán temas como por qué tenemos tan pocos cuentistas, obsesiones como la desintegración familiar o el sistema de clases, el triunfo de la ciudad frente al campo o la variedad temática casi ilimitada de la actualidad.

Marks (1946) -actualmente crítico en “Artes y Letras” y panelista de Radio Cooperativa- sabe del tema. En menos de una década ha publicado la colección de artículos “La crítica: el género de los géneros” (Ediciones UDP, 2007); el ensayo “Canon: cenizas y diamantes de la narrativa chilena” (Debate, 2009) y las antologías “Grandes cuentos del siglo XX” (Sudamericana, 2001) y “Los mejores cuentos chilenos del siglo XX1” (Sudamericana, 2012).

Sobre la primera, recalca Marks, “ha sido el libro que más éxito ha tenido y ya va en su tercera edición casi agotada”. Aunque la última fue la que mayor satisfacción le dio “desde el punto de vista de la relación que tuve con los escritores, ya que todos respondieron con entusiasmo, lo que quiere decir que me respetan y confían en mí”.

Marks se refiere a autores antologados como Pablo Torche , Pablo Toro , Lina Meruane, Sergio Gómez , Andrea Jeftanovic , María José Viera-Gallo, Alvaro Bisama , Diego Zúñiga, Claudia Costamagna o Juan Pablo Roncone , entre otros.

“Por supuesto, ninguna de las dos ha merecido referencia desde ciertos sectores… llamémosles… ¿serios, especializados, estudiosos?….Dudo incluso de que el Fondo del Libro adquiera ejemplares para bibliotecas públicas de «Los mejores cuentos chilenos del siglo XXI», porque jamás han hecho eso con un trabajo mío. Pese a que sean para dar a conocer nuestra literatura”, reclama.

“La memoria de elefante me ha sido de gran utilidad”

-¿Cuáles serían las conexiones y desconexiones entre los cuentos del siglo XX y XXI en Chile?

-Ambos libros son muy distintos: los cuentos del siglo XX que incluí fueron publicados hace 100, 80, 50 años, y han resistido el paso del tiempo. Los otros vieron la luz en la década pasada y está por verse el porvenir de sus autores. Aun cuando, a pesar de no ser un buen jugador, me gustan las apuestas literarias.

-¿Y cómo organiza estas antologías? ¿Relee los cuentos o prefiere quedarse con los apuntes o sensaciones originales?

-Desde luego, leo y releo varias veces los cuentos antes de decidirme por ellos. Lo que dices con respecto a la sensación original es clarividente: nunca jamás me ha fallado esa sensación original. Esa impresión imborrable que te dejan algunas piezas que leíste. La memoria de elefante que tengo me ha sido de gran utilidad en todo esto.

Marks dice que esto se ha potenciado en experiencias como los talleres de cuentos que dirige en Libros de Mentira (www.librosdementira.cl). De estos ejercicios le vienen las asociaciones de ideas. “No es necesario haber leído a Freud para saberlo”, dice.

-¿Utiliza la prensa o sugerencias de colegas?

-Claro. Siempre acepto las sugerencias cuando son buenas. No tuve ningún inconveniente en agradecerle por escrito a Germán Marín cuando fue el editor de mi primera antología.

-¿Hacia dónde va el canon de la actual literatura nacional?

-Nunca había sido tan difícil como ahora hacer pronósticos, ya que nadie sabe siquiera si en unos años más se continuará leyendo en papel. Así que es imposible hacer un canon, aunque sea tentativo, de la literatura actual, no solo chilena, sino también extranjera.

– ¿Cuánto de tradición y experimentación detecta?

– Tengo una impresión, derivada de la última antología que hice: se ha vuelto a un tipo de narración realista, más clásica, menos experimental. Eso vale para historias que transcurren en Santiago, Nueva York o Tokio. Sean los protagonistas heterosexuales u homosexuales; jóvenes o viejos; ricos, pobres o derrotados; locos o cuerdos. Pueden vivir en una población o barrios de lujo. O vivir enchufados a aparatos infernales. O lean todas las tardes “La Segunda”.

-¿Qué opina del auge de las novelas cortas, con apenas un párrafo por página?

-Te voy a decir con absoluta franqueza que el microcuento es un tipo de narración que no me gusta nada. Nada de nada. Porque generalmente es pretexto para la pereza. O para ir a congresos en Neuquén, Calcuta, Burdeos…

“La academia aburre al estudiante hasta el suicidio”

Marks ha sido crítico literario desde 1988 para la mítica revista “Apsi”y “La Epoca” de la mano de Carlos Olivárez, hombre orquesta del suplemento “Literatura y libros”. También pasó por la “Qué Pasa” (donde confiesa que le llegaban tantos paquetes de libros que terminó donándolos a cárceles) y TVN.

Aunque comenzó reseñando autores extranjeros, alguien le explicó que si quería instalarse en el mapa cultural nacional debía leer y reseñar a compatriotas. Que ellos, en su lógica vanidad y auténtico deseo de llegar lejos con su arte, reaccionarían, para bien o para mal. Y de ahí no paró.

-¿Cómo enfrenta usted un libro nuevo que le despachan para ser criticado? ¿Subraya, hace consultas a los autores, toma apuntes?

-No tengo criterios de prioridad, metodología de lectura ni un modo específico de organizar el texto crítico. Jamás de los jamases subrayo un libro, no porque les tenga un temor reverencial, sino porque desde muy niño mis padres me enseñaron que eso no se hacía. Eso de llamar a los autores para consultarles algo no lo haría ni a cañones. Además, no tengo sus teléfonos ni mails. Tampoco tomo apuntes. Cuando termino de leer algo, pesco unas tres a cuatro hojas tamaño oficio y escribo a mano. Después corrijo mucho y, finalmente, paso el texto al computador: casi siempre queda muy largo para el número de palabras que se me permiten, de modo que ahí comienza una segunda y mucho más difícil corrección.

-¿Cómo percibe los espacios que hay en los medios masivos, comparado con las publicaciones académicas?

-Son y siempre han sido dos espacios distintos y dirigidos a un público diferente. Si bien pueden coincidir perfectamente en armonía, siempre que quienes se desempeñen en la academia usen un lenguaje claro y accesible. Si escribo sobre Blest Gana, a petición de una revista de la Universidad Católica o la Universidad de Chile, no voy a hablar de los argumentos de sus novelas, pero si lo hago para tu diario u otro, nunca está demás recordar, al paso, cuál es la historia de “Martín Rivas”, “El loco Estero”, “El ideal de un calavera”.

-Para el crítico, el problema sería que en Chile, “la academia está enclaustrada: matan en los estudiantes el interés por leer, los aburren hasta el suicidio, y lo peor de todo es que los académicos escriben de forma horrible, latera, sin ninguna gracia, sin la más mínima consideración por el lector.

-A una década de su muerte, ¿cómo sigue afectando la obra de Bolaño en la narrativa nacional?

-No sé, en realidad, si Bolaño afecta o no a la narrativa nacional, porque no veo seguidores o sucesores suyos entre los prosistas del presente en Chile. Me parece que Bolaño es un fenómeno demasiado ajeno a nuestra tradición novelística y cuentística, que la supera con creces o bien se encuentra totalmente al margen de ella.

-¿Quién debería ganarse el Premio Nacional de Literatura este año?

-Muchos o pocos, dependiendo cómo se le mire: Diamela Eltit, Germán Marín, la postergada Delia Domínguez. El año pasado por suerte se lo dieron a Oscar Hahn, uno de los poetas eminentes de Chile. Sinceramente, el Premio Nacional me interesa menos que aprender urdú o suajili y no es que tenga nada contra esos idiomas…

” Hay críticas que se detienen en las personas”

El entrevistado ha publicado varias novelas: “La dictadura del proletariado” (2001), “Altiva música de la tormenta (2004) y “La sinfonía fantástica” (Mondadori, 2008). Las dos primeras finalistas del prestigioso premio Rómulo Gallegos.

Para Marks, la crítica y la creación “pueden convivir sin problemas” y además acepta que “pocas personas leen mis ficciones”.

“No hay paradoja: desde siempre, los críticos literarios, aquí y afuera, se han aventurado en la poesía, la novela, el drama…. Por ejemplo, José Miguel Ibáñez ha escrito una infinidad de libros de poemas. Hernán del Solar fue un notable cuentista. José Donoso, Manuel Rojas y Fernando Alegría realizaron una encomiable tarea de divulgación literaria o recensiones de libros”, enumera.

-¿Qué le llama la atención de las críticas y reseñas que reciben sus piezas literarias?

-En el caso de “La dictadura del proletariado”, la reseña que hizo José Promis para la “Revista de Libros” fue excelente. Tanto que me llegué a poner colorado cuando la leí, cosa que no me pasa a menudo. Sin embargo, lejos, lejísimos, la mejor crítica de una obra mía que se haya hecho, fue de ese mismo libro y la escribió Joyce Ventura, la mujer de Rodrigo Hinzpeter. “La sinfonía fantástica”, por otro lado, fue bien tratada por Juan Manuel Vial. Claro, hubo quien me tildó de desenfrenado por ese libro. Y la verdad es que me encantaría ser desenfrenado, si es que entiendo bien lo que eso quiere decir. Pero ya estoy un poco pasadito en años…

-Contestando derechamente a tu pregunta. Te diría que a mí me llaman poderosamente la atención las críticas que se detienen en las personas de los escritores y pasan por alto sus libros. Eso yo no lo he hecho ni haré jamás, porque es caer en algo, digamos, feo. Hay autores o autoras que a mí no me gustan. Quiero decir, no me gusta el modo en que escriben, pero nunca me referiría a la ropa que usan, al colegio donde estudiaron, a las marcas de perfumes que se echan encima…

Autobiografía policial: “Espero que no suene presuntuoso”

Entre los proyectos actuales de Camilo Marks está la publicación de un volumen de ficciones. “Ya fue aceptado por la editorial. Son tres novelas cortas en un solo tomo. Soy muy supersticioso, así que prefiero no explayarme más”, dice.

También va a publicar por Ediciones UDP un ensayo biográfico sobre el género policial. “Algo que siempre me ha fascinado, desde que tengo uso de razón y al que he dedicado un sitio destacado en mis crónicas”, explica.

“Está escrito en primera persona, lo que me cuesta un poco, porque no estoy habituado a ella. Resulta que mis padres, los amigos de mis padres y mi escasa parentela leían novelas negras desde que puedo recordar algo, y de ahí adquirí el vicio del crimen. De modo que es una especie de biografía literaria mía a partir de la novela de misterio. Espero que esto no suene presuntuoso: como ya no escribí mi propia biografía, haré una especie de sustituto, una existencia vicaria vivida desde el crimen de los crímenes, o sea, el asesinato”.

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