JUAN VILLORO llega a Puerto de Ideas: “Hay que desconfiar de un escritorio ordenado” (17 de septiembre 2013, Plaza Cultura, La Segunda)

Con la charla “El enigmático viaje en torno a una mesa de trabajo”, el mexicano inaugurará el encuentro en Valparaíso el 8 de noviembre. Además se presentará en la Feria del Libro el 5 de noviembre, donde también hablará de los misterios de la escritura.

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Por J.C. Ramírez Figueroa

El escritor mexicano Juan Villoro (1956) será el encargado de inaugurar la tercera versión del Festival Puerto de Ideas , el viernes 8 de noviembre a las 18:15 horas, en las ruinas del emblemático Edificio Subercaseaux de Valparaíso.

En ese lugar, que será rescatado para convertirlo en un edificio institucional, el autor dará una conferencia titulada “El enigmático viaje en torno a una mesa de trabajo”. Una reflexión sobre las condiciones “complejas” e “indescifrables” que inciden a la hora de escribir, además de los “placeres” y “condenas” que encierra la profesión de escritor.

Villoro sabe de ensayos. Cuentista, teórico del fútbol, cronista y novelista ha recibido distinciones como el Premio Herralde (2004) y el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso de la U. de Talca (2012). Entre sus publicaciones disponibles en Chile destaca “8,8: miedo en el espejo” (2010) y “De eso se trata” (2007). Una crónica sobre el terremoto de Chile, que lo pilló en Santiago en la víspera de un congreso de literatura infantil (que debió suspenderse) y una selección de ensayos sobre literatura, respectivamente (ambos de Ediciones UDP). También ha publicado el elogiado volumen de cuentos “El mariachi” (2012, Lolita Ediciones), la colección de artículos “Dios es redondo” (2006, Anagrama) y “Arrecife” (2012, Anagrama), su más reciente novela. En 2004 ganó el prestigioso Premio Herralde de la Editorial Anagrama

Su exposición se sumará a la de figuras como el francés Michel Houellebecq , que esa misma noche hará un recital de poesía, a las 20:30 horas, y Paolo Giordano , quien el sábado 9 expondrá sobre la juventud y su más reciente obra “El cuerpo humano” (Salamandra).

Villoro también visitará la Feria del Libro de Santiago en la Estación Mapocho. El 5 de noviembre dialogará con la periodista María Teresa Cárdenas sobre temas de “cocina literaria”. Precisamente sobre estas temáticas, “La Segunda” habló en exclusiva con el autor mexicano.

-¿Cual es su posición frente al acto de escribir: diversión, sufrimiento o experiencia artística en sí misma?

-En todas las pasiones se mezclan emociones muy diversas. La escritura no te da para una felicidad continua. Además, la felicidad es un momento preciso, no algo que se viva de tiempo completo. Tendrías que tener una tara muy fuerte. Una especie de idiotismo, para vivir en un estado de dicha continua, imperturbable. Al escribir hay de todo: desesperación, impotencia, esfuerzo, amargura, tristeza y, sí, felicidad. Esto cambia de género en género.

-¿Es diferente la sensación dependiendo del género a enfrentar?

-Cuando escribo un artículo, la tensión está en ser claro, entregar a tiempo, cumplir con la extensión. En una novela, la tensión depende de hacer una travesía de varios años sin meta a la vista. Son diferentes formas de estar nervioso. Por eso las combino.

-¿Influye la disposición de los elementos del escritorio? Sorprende la pulcritud de los muebles propuestos por las revistas de diseño, frente a las fotos de escritores en sus reales ambientes de trabajo…

-Tienes toda la razón. Hay que desconfiar de un escritorio que esté ordenado. El mío es una maraña de recuerdos, papeles que ya no sé a qué aluden, juguetes rotos, fotos de mi hija, talismanes raros, plumas que no pintan, pases de abordar que luego sirvieron de separadores de libros y donde anoté una frase que algún día usaré, facturas por pagar, recetas médicas… Por desgracia, este competente desorden no justifica que de ahí salga una obra maestra.

-¿Qué cosas externas influyen al momento de escribir? Ignacio Echevarría contaba que Roberto Bolaño escribía con audífonos, escuchando “rock duro”.

-A Roberto le gustaba el rock pesado y era capaz de escribir oyendo a autores que parecen estar contándote una historia, como Lou Reed. Yo puedo escribir con música o sin ella. Vivo rodeado de ruidos e interrupciones. Tengo la superstición de que la llegada del gas o del correo me han borrado frases célebres que se me acababan de ocurrir, aunque tal vez debo agradecerles que me sirvan de pretexto para no haber encontrado una mejor solución a determinado párrafo.

-¿El flujo creativo se modifica si el autor recibe una llamada telefónica , por ejemplo?

-Trato de no contestar el teléfono o de contestar sólo lo muy urgente, como las llamadas de mi madre… que por suerte sólo son cuatro al día.

-¿Y cuáles serían las condiciones óptimas de lectura y escritura?

-No tengo condiciones óptimas. Puedo leer en cualquier sitio, salvo en un autobús que se mueva demasiado. En cambio, me paralizo si no tengo nada más que hacer. La idea de ir a un retiro, sin otro compromiso que leer y escribir, me aterra. Necesito escribir “entre una cosa y otra”, sintiendo que debo aprovechar al máximo ese tiempo esquivo.

Su nuevo libro: “Más que un corrector necesita un urbanista”

Villoro está todo el tiempo publicando. El mismo reconoce que no puede funcionar de otra manera. 40 obras, que incluyen desde ensayo a piezas de teatro, además de la narrativa. En estos momentos prepara un libro de “memorias, crónicas y ensayos” sobre la ciudad de México. Aunque advierte que ha crecido tanto que “más que un corrector de estilo necesita un urbanista”

Antes de enumerar los nuevos autores latinoamericanos que le parecen más interesantes, aclara que “una de las ventajas de la literatura es que la idea de juventud es relativa”. Y destaca a Alejandro Zambra, Pablo Toro, Beatriz García-Huidobro, Alvaro Bisama, María José Viera-Gallo y Simón Solo. “Para no abusar de nombres, agrego a dos notables mexicanas: Guadalupe Nettel y Valeria Luiselli”.

Además, dentro de los no tan jóvenes, rescata a Rafael Gumucio, Francisco Mouat, Roberto Brodsky, Antonio Skármeta, Gonzalo Contreras, Arturo Fontaine y Carlos Franz (“la lista es larga”). Y dentro de la crónica menciona a Roberto Merino.

“Es más eficaz ser local en muchos sitios que supuestamente global”

-Hablemos de industria: España está en crisis y pone sus ojos en Latinoamérica. Nuestro continente a la vez, está experimentando un florecimiento de las editoriales independientes. ¿Cómo ves esa situación?

-Hay muy buenas editoriales pequeñas que, por desgracia, no circulan demasiado. Sin embargo, esto permite que un autor, en vez de publicar en un megaconsorcio español con pretensiones imperiales, lo haga en diversas editoriales independientes. Es más eficaz ser local en muchos sitios que supuestamente global. Mi libro «8,8: el miedo en el espejo», sobre el terremoto en Chile, ha aparecido en cinco editoriales distintas en otros tantos países, y en cada una de ellas ha sido un libro local.

-En Chile vivimos una crisis de la lectura. El libro tiene uno de los impuestos más altos del mundo y según estudios de la U. de Chile, más del 80% no entiende lo que lee. ¿Cuales serían tus medidas urgentes?

-En primer lugar hay que relativizar el tema. En todas las épocas los lectores apasionados han sido una minoría. Hay que luchar por que la gente tenga posibilidad de acceso a la lectura, pero no se puede imponer esa forma del placer, ni aspirar a que compita con los medios masivos de educación. Para aumentar la lectura, es decisivo que los padres se comprometan más en leerles a sus hijos, convirtiendo la lectura en una forma del afecto, y que los maestros sean, también ellos, lectores apasionados. La lectura no se impone, se contagia.

-En México, el Estado cumple un rol muy fuerte en cuanto a difusión y construcción de cultura. ¿De qué forma influye esto en los escritores mexicanos?

-La relación de los intelectuales con el Estado ha sido ambivalente. Eso permitió crear notables instituciones y apoyar la cultura en muy diversos niveles. Numerosos intelectuales han ocupado puestos de gestión cultural porque entienden su trabajo como una tarea civilizatoria, que mejora la sociedad en su conjunto. Esto ha tenido muchas cosas positivas pero también efectos secundarios negativos.

-El PRI pudo estar 71 años en el poder porque muchas de sus iniciativas fueron legitimadas por la clase intelectual (votaban contra el partido, pero aceptaban embajadas). Además, numerosos intelectuales hicieron carrera a través de puestos públicos y no de su obra, o del tráfico de influencias que permiten las muchas instituciones oficiales. No estoy a favor de hacer sufrir a nadie, pero un poeta becado de por vida acaba por escribir versos donde la métrica depende del subsidio.

-Como intelectual del fútbol, ¿cómo ves al Chile de Sampaoli tras la partida de Bielsa?

-Bielsa es un extraordinario entrenador que revoluciona el estilo de juego y dignifica el deporte, aunque eso no siempre vaya acompañado de los mejores resultados. Después de las ilusiones y los sueños que despierta, la siguiente fase del equipo que entrenó es, necesariamente, la de la dura normalidad. En esa transición se encuentra Chile.

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