Alberto Montt adelanta show con Kevin Johansen: “Me imaginaré al público desnudo” (25 de octubre 2013, La Segunda)

El ilustrador participará en la Filsa junto al músico argentino en un insólito cruce de humor, música y dibujos. “Esto será como el fan que se sienta con el ídolo. Ojalá puedan quitarme la cara de baboso que pondré”, reconoce el creador de “En dosis diarias”.

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Por J.C. Ramírez Figueroa

Desde que llegó a Chile en 1998, el ilustrador ecuatoriano-chileno Alberto Montt (40) ha sabido cómo trasladar su mundo personal a las grandes audiencias en revistas, diarios, afiches, libros o internet. Su trazo y particular sentido del humor son altamente reconocibles. Es cosa de chequear las actualizaciones de su web “En dosis diarias”, cuya versión “física” acaba de editarse en México a través de la prestigiosa editorial Sexto Piso.

En la Feria Internacional del Libro de Santiago (Filsa) va a protagonizar un esperado encuentro junto al músico argentino Kevin Johansen. Será el sábado 9 de noviembre, a las 19 hrs., en la Sala de las Artes de la Estación Mapocho. Esta mezcla de música e ilustración recuerda, sin duda, a la que aún realiza Johansen junto a Liniers. En esos shows, a medida que avanzan las canciones, se proyectan en una gran pantalla dibujos hechos en tiempo real y basados en lo que se está tocando.

Sin embargo, Montt dice que, aunque habrá semejanzas, en el show podrá pasar cualquier cosa. Aunque lo que más la preocupa es que podría quedarse mudo en el escenario. “Intentaré imaginarme al público desnudo”, dice riéndose. Y luego, más serio explica: “Es básicamente una conversación sobre cómo el humor forma parte del trabajo. Lo que me interesa es jugar con el material de Kevin como fuente de inspiración para dibujos. Tenemos que reunirnos ahora, pero nuestra idea es ¡divertirnos!”.

-¿Cómo conociste a Johansen?

-Lo conocí por Liniers, que es nuestro amigo en común. Siempre ha habido buena onda con él. Es que Kevin tiene algo que me encanta y es que siempre me hace reír. Eso se traslada de la persona a su obra. Aunque debo decir que mi relación es de fan. Esto será como el fan que se sienta con el ídolo. Ojalá puedan quitarme la cara de baboso que pondré.

-¿Sientes que hay una conexión particular entre la música pop y la ilustración?

-Para mí, uno de los grandes saltos de la ilustración fue desde los 60 cuando la gente compraba discos, donde se podía incluir arte de tapa como con The Beatles o King Crimson. Así, sin querer, te vas llenando de imágenes. Esos discos son el primer arte a domicilio. Esa relación es fuerte para mí. Muchas de mis viñetas están inspiradas en canciones como las de Tom Waits o Les Luthers, que son como viñetas cantadas. También Kevin, que tiene algunas frases que te gatillan otras asociaciones y eso me encanta. Comparto con él eso de “saborear” el idioma, la semántica y cómo cambiando una letra se pueda dar una vuelta a las canciones.

“Chile no es un país que consume humor”

Montt actualmente prepara “Achiote” , un nuevo volumen de relatos gráficos. El nombre hace referencia a una planta de su natal Ecuador, que se usa para el aliño. “Son anécdotas de mi vida como perdedor, esos capítulos que me gustaría borrar de mi cabeza”.

En la Filsa, Montt también participará en presentaciones y mesas redondas como “La trinchera de la imagen”, ese mismo sábado 9 a las 12:30 junto a figuras como el chileno Francisco Javier Olea y la ecuatoriana Power Paola.

-¿Cómo ves la efervescencia de la ilustración en nuestro continente?

-Internet hizo que explotara todo. No habría podido conocer a una grosa como Power Paola sin la red. Pero siempre ha habido monstruos en la ilustración: Oski, Quino, Fontanarrosa. Lo que pasa es que ahora, al ser uno el editor de contenidos de lo que consume, hace que la cosa explote. Ya no necesito que un diario decida a quién debo leer.

-¿Y cuál debería ser el siguiente paso?

-Crecer y servir de apóstoles para alfabetizar a la gente con el humor. Chile no es un país que consuma humor en las cantidades de Argentina, Colombia o México. La tarea es cambiar eso. Yo ya estoy un poco viejo, pero los jóvenes están abriendo espacios; no sólo para ellos, sino que también para otra gente.

-¿Por qué nos sucede eso?

-Yo creo que es un poco de inseguridad. Eso hace que como sociedad seamos incapaces de reírnos de nosotros mismos. Esa inseguridad se traduce en falta de humor. En Argentina, la mayoría de los chistes tienen que ver con idiosincrasias. O en Estados Unidos. Tú ves un sketch de Saturday Night Live y si lo pones en Chile, el CNTV revienta en quejas. Esa incapacidad de vernos como un individuo completo y con humor hace que no existan espacios. Pero no se trata tanto de reír, sino que de graficarse. Mostrarse como uno es. Yo soy un tipo promedio. No he leído más libros que la mayoría, ni soy más especial tampoco. Entonces, si te reflejas, es muy probable que otros como uno se sientan identificados.

-¿Qué te provoca mirar atrás y ver que tu obra adquiere volumen?

-Me genera sorpresa. Cuando dibujas una idea al día, no es nada. Pero cuando revisas hay 3 mil, ahí cambia la cosa. A mí me gustaría que los dibujos funcionaran más allá de la contingencia, que puedan ser valorados como un conjunto. A veces me pregunto que si la gente se ríe con mis chistes sobre Arjona es porque está bien construido o porque es él. Aunque no me gusta mucho reírme de las personas.

La Segunda Digital

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