Carlos Faz en tres tiempos (13 de diciembre 2013, Plaza Cultura, La Segunda)

La Segunda Digital 1

La Segunda Digital 2

Mientras en el Museo de Bellas Artes se expone una gran retrospectiva, aparece un libro que recopila la potente obra del viñamarino, no lo suficientemente conocida en Chile. Con sólo 22 años, se lanzó al puerto de Nueva Orleans, en una extraña escala de un barco que lo llevaría a Barcelona. Esta es la historia de un artista que “vivió como si lo estuvieran apurando”.

Por J.C. Ramírez Figueroa

El fantasma de Carlos Faz (1931-1953) ha perseguido a la coleccionista Francisca Alcaíno, quien ha luchado durante años por obtener la mayor parte de su obra. “Una vez vino a la casa un señor que me dejó una carpeta. ¡Eran todos los recortes sobre sus exposiciones y la muerte! Nunca supimos de dónde salió. También me llega gente misteriosa con sus pinturas. Hay un cuadro que él intentó quemar y fue rescatado, que siempre ha provocado problemas. Cuando lo adquirí, por primera vez discutí fuerte con mi marido. Y dije: ??No, hay que llamar a un cura??¡Asunto solucionado!”, explica.

Ella es la nieta de Clara Faz, hermana del artista y creció bajo la figura misteriosa de “Carlitos” y una muerte inesperada: cayó al río Mississippi en una “escala” del barco que lo llevaría a estudiar desde México a Barcelona. Jorge Edwards sostiene en el prólogo del bello libro “Carlos Faz” -que ella acaba de editar y ya disponible en la Galería Animal-que fue “por tratar de alcanzar la música y no prever el correspondiente peligro”. A Carlos le gustaban tanto el jazz y el blues que decidió lanzarse impulsivamente a las tierras donde nacieron.

Gran parte de ese material testimonial -pasaporte, fotos, cuadernos ilustrados en el barco- está actualmente en la retrospectiva del Museo Nacional de Bellas Artes que se presentará hasta el 5 de enero. En un artículo periodístico se lee una de las pocas notas que alertaron sobre su deceso: “Quería vivir para Chile y murió en las turbias aguas del Mississippi”.

Pero, sin duda, lo más impactante es el casi centenar de obras, distribuidas en la inmensa sala Matta, donde puede comprobarse su rápida evolución desde una pintura luminosa y colorida hasta piezas potentes y maduras, pero también mucho más oscuras, hechas en su etapa neoyorquina. “No entiendo por qué Carlos no es más conocido. Creo que podría conectar perfecto con la gente joven, sensible, con inquietudes artísticas”, dice la coleccionista que ha luchado por décadas en reconstruir este puzzle artístico.

Uno: El artista inquieto

Nacido en Viña del Mar, fue el sexto hijo de Marta Camus, quien muere tras el parto. Su padre, Santiago Faz, decidió entregarlo a su hermana, María Faz de Soffia, quien lo recibió como el hijo que nunca tuvo. En una ciudad que aprovechaba su bonanza económica, Faz se nutrió de libros, arte y música. Aunque luego entraría en una adolescencia “de desequilibrios enormes”, como le reconoció a su amiga Carmen Silva en una carta. Lo pasaba mal en los Sagrados Corazones: la formación conservadora y católica le hace mal. Siente que en la casa lo quieren simplemente “por caridad burguesa” y veía a sus parientes “incapaces de ser humanos”. Por eso, como recuerda Francisca, se refugia en los cómic y comienza a pintar obras con referencias a Superman o los personajes de Disney.

Entre los 15 y 18 comenzó a pintar como un enajenado, aislado, encerrado e influido por los postimpresionistas. Luego, experimentaría con el cubismo, el arte abstracto y la pintura flamenca.

“Me fui refugiando con todo adentro, me fui huyendo y me escondí en un hoyo profundo y me tapé los ojos, empecé a querer sólo lo mío, lo pequeño mío ese mundo de mis «monos» que parecía que en ellos estaban o podían estar lo único dulce de mi vida y me entregué a ellos tratando de separarlos de esta vida para que no se fuera a ensuciar y descubrí así un mundo más puro”, escribió Faz recordando su infancia y ya instalado en Nueva York.

“Su trabajo a mí me gusta describirlo como un magnifico trabajo de taller, ya que en él se puede ver y entender el recorrido técnico y temático que sigue Faz como artista autodidacta”, explica Carolina Roa curadora de la muestra y coautora junto a Carola Labarca del libro. “Carlos tiene la convicción profunda de que el arte puede cambiar a la sociedad; gran parte del estudio y búsqueda pictórica que emprende la realiza desde la responsabilidad social”.

La imagen que se le quedó grabada a Edwards es la de un joven callado y sentado en un sofá, con los brazos colgando, “como si hiciera ostentación de un desgano, de una distancia”. O, sentado en el suelo con un vaso de gin en el Club de Jazz de Merced, y con un mechón de pelo en la frente como James Dean. “Practicaba una especie de absorción silenciosa, natural de todo aquello que lo rodeaba”.

Fue definido por sus amigos como un “eterno niño”, que comenzaba a viajar a Santiago y con un carácter contradictorio, entre la timidez y la pasión. “Nada o casi nada le era indiferente, las cosas le eran odiosas, intolerantes o le interesaban verdaderamente”, recordó Carmen Silva en un ejemplar de la revista “ProArte” de 1954. A ella la conoció precisamente en la capital y tuvieron una particular relación de amistad hasta su muerte.

Dos: Nueva York

Todo cambió para Faz cuando llegó a Nueva York en 1952 por una beca de la Fundación Henry L. and Grace Doherty. Lo logró gracias a Helen Wessel, norteamericana radicada en Viña e hija del sostenedor de la fundación. Fue su principal mecenas y promotora. El chico se fue al Greenwich Village y se inscribió en los cursos de grabado de la Universidad de Columbia.

“Pasó muchas pellejerías allá. Si te fijas la figura del catre de su departamento aparece en varias pinturas. Antes en sus obras había mucha gente, celebrando, pasándola bien. Ahora es pura soledad”, dice Alcaíno. Sin embargo, Faz dijo que en este viaje “dejaba su concha de caracol” y empezaba a ser un “ser humano”. Aunque, por otro lado, se quejaba de la frialdad de los neoyorquinos.

Comienza a aparecer la figura de la madre y sus cuadros adquieren tonos más oscuros y torturados. “Ese periodo de trabajo estuvo marcado por una gran intensidad, la ciudad lo desbordó a nivel creativo. El viaje lo hace tener una mirada crítica sobre su infancia y adolescencia; este proceso probablemente lo llevó a vincularse con la muerte de su madre en el parto”, explica Roa.

Tres: Final abrupto

Tanto museo, aprendizaje del grabado en el Atelier 17 de William Stanley Hayter, jazz, café y jornadas de más de 10 horas trabajando tenían a Faz sobregirado en Nueva York. “Pero estaba muy solo, en verdad. ¡Imagínate cómo son los inviernos en esa ciudad!”, dice Alcaíno. Un año después de su llegada, logró exponer en la Sede de la Unión Panamericana en Washington DC, donde se llenó de público y el MoMA le compró un par de sus trabajos. Al mismo tiempo que consiguió una nueva beca para estudiar en Barcelona y debió partir a México, para lograr embarcarse desde Veracruz. Ahí se codeó con la escena mexicana, donde viajó por el interior junto a su amigo André Racz. Demasiado en tan poco tiempo. “Es que Carlos siempre vivió como si lo estuvieran apurando”, agrega Francisca.

El artista declaró a la revista “Eva” que quería formar en Chile un grupo similar al Taller 17 para producir y editar grabados. Su otra idea era implantar y potenciar la pintura mural. “Por eso creo que la idea de un suicidio no tiene sentido”, dice la coleccionista.

El hecho es que, luego de pasar por Houston el barco hace una escala en Nueva Orleans. Aparentemente, como forma de eludir el control aduanero estadounidense que no lo había dejado bajar (su visa estaba vencida), él saltó del muelle, muriendo ahogado. Sus restos tardaron casi un año en ser repatriados a Valparaíso. Su obra quedó repartida: óleos y serigrafías en Nueva York; otros en México y muchos como parte de las colecciones de amigos y familiares en Chile.

“Creo que su trabajo no es más conocido porque su obra se encuentra mayoritariamente (cerca del 95%) en colecciones privadas”, clarifica Roa. “Esto ha generado que su obra salga a la luz pública en muy pocas ocasiones, de las cuales la actual es la tercera muestra que permite hacerse una idea de la evolución de su trabajo. También es importante considerar que hasta ahora no se había hecho una publicación de su trabajo; este registro espero que genere nuevas investigaciones”.

“Fue todo muy intenso y brusco. Como una película que recién está empezando y se corta. Y qué emocionante que es”, concluye Francisca Alcaíno.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s