Patricia Espinosa rescata la escritura salvaje de ROBERTO BOLAÑO

La destacada académica y crítica literaria lanzará en abril un libro que analiza “Los detectives salvajes”. En el texto, analiza los conceptos de sujeto, vanguardia, novela y utopía, cosas que el escritor puso en tensión con su premiada obra de 1998.

patricia espinosa

Por J.C. Ramírez Figueroa
Basta con nombrar a Patricia Espinosa para que muchos escritores se pongan nerviosos. Sus textos críticos, publicados cada viernes en LUN, muchas veces los incomodan. Porque ella es capaz de trazar conexiones, poner el libro dentro de un contexto y alertar desde una mirada política endeble hasta el machismo implícito de una obra.

Y para una escena literaria pequeña como la chilena la opinión de esta doctora en Literatura U. de Chile, académica del Instituto de Estética de la PUC y directora de la revista Aisthesis del mismo Instituto importa mucho.

En abril publicará “Los detectives salvajes de Roberto Bolaño, la posibilidad de una comunidad” (Editorial RecortesCríticos), texto derivado de una investigación doctoral centrada en la literatura chilena postdictadura. De alguna forma, podemos decir que Espinosa rescata al escritor de los relatos biográficos de amigos y prensa cultural, para devolverlo a la reflexión sobre sus textos.

“La prensa fue extremadamente importante en lo que se refiere a la difusión de su obra. Podríamos quejarnos de la creciente tendencia a la fetichización y espectacularización de su figura, pero esto resulta un fenómeno casi inevitable frente a la importancia de Bolaño en un contexto literario latinoamericano donde las grandes figuras o monstruos literarios parecían estar en proceso de extinción”, explica.

Para ella también habría que considerar en este proceso los esfuerzos editoriales, los amigos y hasta la academia. Ellos contribuirían a que “importe menos la obra que la persona del escritor, a que valga más el dato menor, insignificante, que la discusión profunda”. En ese contexto se comienzan a buscar los “nuevos Bolaño”, sus discípulos, amoríos y papeles inéditos. “Pero de la mercantilización no sólo es víctima Bolaño; la cultura en su conjunto está siendo hegemonizada por el mercado. Levantas una piedra y aparece un amigo. El caso es tan extremo, que hoy en día hay un team de estos «amigos» viajando por el mundo, bastante bien remunerados a todo esto, contando cómo dormía el escritor, si usaba pijama, tomaba sopa o fumaba de tales cigarros”, critica.

“No quiero sobredimensionar o mitificar el rol de la Academia, pero creo que es uno de los pocos lugares, junto con algunos espacios de crítica literaria no académica, que aún pueden manifestar cierta independencia respecto de las lógicas mercantiles y desarrollar una investigación rigurosa”.

“Obsesión por destruir la novela”

Para la crítica, “Los detectives salvajes” (1998, Anagrama) es una novela que se ubica en medio de un escenario donde la utopía era prácticamente un elemento arqueológico. O, como explica, una manifestación de lo que en otras épocas marcaba el devenir de los sujetos y comunidades.

“Estamos frente a una utopía difusa, que ya no es tan clara como las del siglo XIX, que permitían vislumbrar el pronto advenimiento del fin de un sistema de dominio. En este caso, sus límites se van dibujando entre narradores, poetas y lectores ubicados en algún margen, en algún rincón de lo social, pero que se mueven o viajan cruzando las fronteras. «Los detectives salvajes» plantea una utopía en el preciso instante en que una comunidad puede ser restituida, y ésa es la comunidad nómade de los lectores que reiteran la búsqueda de los personajes de Belano y Lima, haciendo de la literatura un campo de resistencia”.

Espinosa identifica en la novela “una oposición entre la vanguardia histórica y una vanguardia caracterizada por la pérdida, el anonimato, el olvido”, donde se propone establecer un territorio ficcional paralelo a la historia literaria real”. Continuidad y ruptura con la modernidad, en cuanto a construcción de sujeto, vanguardia, concepto de novela y utopía. “Todo esto en medio de un movimiento que va desde lo grande a lo pequeño o, dicho de otra forma, desde el gran escenario de la Historia hacia las microprácticas, hacia las historias mínimas, o bien, desde las totalidades hacia los fragmentos”. -¿Qué cosas te siguen llamando la atención o has redescubierto del autor?

-Me sigue llamando la atención su obsesión por destruir la novela, por dar cuenta de la caída de la metafísica, la constatación de la performatividad del poder, su animadversión hacia la vanguardia, la fractalización del mal en las sociedades actuales y las formas de resistencia. Además, su ironía constante hacia el letrado.

-¿Qué sabor te dejaron los homenajes a Bolaño del año pasado?

-Me parece grandioso que se hagan homenajes a escritores grandiosos e incluso a malos escritores. El homenaje es un síntoma del orden o desorden de las cosas. Allí cabe desde el análisis serio hasta el balbuceo pedestre y el material para el buitre: servilletas, apuntes, papelería cotidiana, fotografías. Ahora bien, ¿podemos leer a Bolaño sin estos homenajes? Por supuesto. Con eso basta.

“No hay nada más inflado que el ego de un mal escritor”

Gracias a su intensa lectura de autores nacionales, Espinosa tiene una teoría interesante sobre narrativa y poesía: “Cunden los buenos primeros libros, seguidos de una acelerada decadencia o una sequía ridículamente extensa”. “Con la más que intensa actividad que muchas y muchos autores desarrollan en las redes sociales, se puede tener la legítima impresión de que le están dedicando más tiempo a las polémicas menores, el sobajeo, el cahuineo que a la lectura, la creación y la reflexión”.

También enumera lugares comunes particularmente torpes en la narrativa: “La insistencia de autobiografías insulsas, historias de adolescentes medio idiotas y compungidos por el desamor familiar. Por otro lado, también prolifera la metaliteratura con mucho protagonista escritor, artista o estudiante de literatura en proceso de escribir una obra. En términos de escrituras de mujeres, lamento profundamente que se encuentren amuralladas en dar cuenta de amores y desamores. También los juicios discriminadores de clase, género y raza”.

-¿Qué te provoca enterarte de las quejas de Gonzalo Contreras u otros?

-No hay nada más inflado que el ego de un mal escritor. Quizás por ello se quejan y lloriquean tanto, considerando inaguantable que una lectura esté en desacuerdo con su proyecto. Es interesante que diga que estamos en un momento literariamente decadente. Decir que comienza después de la llamada “Nueva Narrativa” es demasiado ridículo. Por decadencia, la “Nueva Narrativa” puede dar clases.

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