Los libros para entender hoy a la élite chilena

Desde La fronda aristocrática, un libro de 1928 que criticaba el amiguismo y la endogamia de la clase gobernante, hasta un análisis de cómo se cruzan el catolicismo y los negocios. Once intelectuales seleccionan ensayos, investigaciones y novelas para entender el presente.

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Por Juan Carlos Ramírez F. (6 de mayo 2016, La Segunda)

Gabriel Salazar:
“La fronda aristocrática”

“El libro ‘La fronda aristocrática’, de Alberto Edwards, y el mío: ‘La enervante levedad histórica de la clase política civil en Chile, 1900-1973’. El primero, porque él la conoció por dentro; y yo, desde la Historia.

Sonia Montecino: “El sentimiento aristocrático de las élites chilenas frente al espejo”

“‘El sentimiento aristocrático de las élites chilenas frente al espejo 1860-1960’, de la historiadora italiana María Rosario Stabili (2003, Centro de investigaciones Barros Arana), se basa en la historia oral de cinco mujeres de las élites de la zona central y que da cuenta desde los discursos subjetivos y la memoria de los modos en que se construye la identidad de los (as) que hablan de ‘la gente como uno’ y los ‘otros’, así como la configuración de esas identidades y sus vínculos con el Estado, la política y la economía”.

Patrio Navia: “Riqueza y piedad” y “En el nombre de la razón”

“‘En el nombre de la razón’, de Patricio Silva (2010, Ediciones UDP), y ‘Riqueza y piedad. El catolicismo de la élite económica chilena’, de Angélica Thumala (2007, Debate). Mientras Silva explica cómo el discurso de tecnocracia se cruza con las lógicas de reproducción de la élite en altas esferas de gobierno, Thumala muestra la relación de la élite económica chilena con la religión”.

Cristóbal Bellolio:”El Pacto” y “Barrio Alto”

“Si se trata de élites políticas, lo mejor del último tiempo es ‘El Pacto’, de Claudio Fuentes (Ediciones UDP, 2012), una investigación rigurosa acerca de cómo nuestra clase dirigente articuló la transición en materia constitucional. Si se trata de un retrato social, la novela ‘Barrio Alto’, de Hernán Rodríguez Matte (Alfaguara, 2005). Una descripción vívida de los niños ricos en el vertiginoso Chile de los 90″.

Hugo Herrera:”La fronda aristocrática”

“En una lista corta, y si se usa el término élite con alguna laxitud, creo que resultan fundamentales ‘La fronda aristocrática en Chile’ (1928, Alberto Edwards) y el ‘Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile en los siglos XIX y XX’, de Mario Góngora (1981, Biblioteca Nacional de Chile). Son textos viejos, pero clásicos, o sea, aún vigentes. Edwards, que era parte de la élite, la describe desde dentro. Dice que exhibe ‘una gran capacidad administrativa y financiera’, pero ‘una notoria ineptitud para apreciar y dirigir los elementos de la alta política’, asume ‘un desdén mercantil por los problemas de vastas proyecciones en el espacio o el tiempo’. Góngora, de su lado, destaca que ella no es algo parecido a una clase burguesa europea, autoconsciente de su papel cultural y socialmente rector, sino, antes que eso, asume un espíritu de ‘capitalismo aventurero, comercial y monopolista’. Si la élite de comienzos del siglo XX fue incapaz de comprender políticamente la situación, y eso nos hundió en una época de golpes, dictaduras y matanzas de la que se sale recién a finales de los 30, ¿no es la incapacidad de la actual élite de entender políticamente el actual escenario la que nos puede estar llevando a una crisis de proporciones extendidas?

Pablo Ortúzar: “Riqueza y piedad” y “La fronda aristocrática”

“Lo primero es aclarar que una élite es una minoría organizada capaz de organizar el poder, y que suele haber más de una en cada país. Luego, leer un poco sobre élites antes de definir a las chilenas. Un libro que resume la discusión es el de Michael Hartmann, ‘The sociology of elites’. En cuanto a Chile, hay trabajo serio en ‘Élites y desarrollo en América Latina’, de Lipset y Solari (1971), y ‘El sentimiento aristocrático. Élites chilenas frente al espejo 1860-1960’. El resto, entre lo que he leído, se mueve entre la parcialidad y la superficialidad, como ‘Notables, tecnócratas y mandarines’, editado por Alfredo Joignant, o ‘Siútico’ (de Oscar Contardo). Pero sí recomendaría dos para pensar la élite más tradicional; me la jugaría por el clásico de Alberto Edwards ‘La fronda aristocrática’ y, de María Thumala, ‘Riqueza y piedad'”.

Berta Concha: “La nueva provincia” y “Arte Vida”

“‘La nueva provincia’, de Andrés Gallardo (Liberalia, 2015), es una novela ejemplar que recorre, con un lenguaje y una historia que rezuman complicidad e ironía, la vida y lengua de un pueblo como Coelemu, para develar las formas de convivencia chilena y provinciana.

‘Arte Vida’, de Fidel Sepúlveda (Liberalia, 2015). A pesar de su evidente proyección universal, la reflexión recurrente de Fidel Sepúlveda se debate dentro de nuestras fronteras culturales, para preguntarse y develar nuestros más profundos vínculos de pertenencia a una naturaleza, a una historia y a una lengua.

‘El Chile profundo. Modelos culturales de la desigualdad y sus resistencias’ (Liberalia, 2014), de Alberto Mayol, Carla Azócar y Carlos Azócar. Una investigación sorprendente que desnuda, desde la sociología, esa anormalidad que es Chile y que está frente a nuestros ojos. Es esa anormalidad la que nos ha acompañado siempre como lo real indubitable, porque se ha diseñado y construido para parecer obvio”.

Carlos Peña: Bourdieu, Pareto y Bell

“Las élites -esos grupos que monopolizan el prestigio y el poder- acompañan como si fueran una sombra a todas las sociedades; no sólo se erigen en torno al poder económico; y en momentos de transformaciones parecen -pero usted no se preocupe, sólo parecen- languidecer.

Para entender qué son las élites y por qué acompañan a todas las sociedades, la obra clásica sigue siendo la de Vilfredo Pareto, basta leer una selección de su ‘Tratado de Sociología General’ (1919) que se ha publicado como ‘Forma y equilibrio sociales’ (2010, Minerva. Madrid). Suya es la frase según la cual ‘la historia es un cementerio de aristocracias’. Con ello quiso decir que las sociedades no pueden prescindir de las élites; pero que ellas no son quiescentes o fijas, sino que cambian y se renuevan por la incorporación de nuevos miembros. Siempre hay élites, pero las élites no son siempre las mismas. Todas las élites van incorporando nuevos miembros: meritócratas talentosos van desplazando -tenga cuidado- a herederos torpes, lentos, entontecidos por la comodidad y la endogamia.

¿De dónde deriva el poder de las élites? Su poder no deriva sólo de la posesión de capital económico. El capital económico, como enseña Pierre Bourdieu, otro autor imprescindible, se transubstancia en cultura, en redes sociales, en todas esas formas más o menos espirituales con que algunos grupos expresan y legitiman su posición de dominio. De ahí que los nuevos miembros de las élites se esmeren por exhibir el buen gusto mediante el consumo de pintura, libros, modales, etcétera. Es cosa de dar un vistazo a las élites chilenas conformadas por descendientes de inmigrantes, para advertir este esfuerzo más o menos espontáneo de conversión, el empeño por mostrar que se posee el habitus ‘natural’ de la clase. Las élites se esfuerzan por transformar su posición dominante en poder espiritual, en gusto, en distinción, en clase. Sobre esto debe verse ‘La distinción’ (original: 1978, edición actual 2010, Taurus) de Bourdieu.

Pero, como nada dura para siempre, los procesos de modernización (de expansión del consumo, de cambio en las condiciones materiales de existencia como los que Chile ha experimentado) generan contradicciones, del tipo de las que explica Daniel Bell en ‘Las contradicciones culturales del capitalismo’ (2004, Alianza) y enseñan por un momento a las mayorías que ellas son fruto de sí mismas y entonces ellas, hasta hace poco obedientes, se ponen descreídas, insolentes, dejan de comulgar con ruedas de carreta, revolucionan sus expectativas y las élites se debilitan.

Pero estése tranquilo: el proceso es transitorio y muy pronto la rueda comienza a girar de nuevo.

Andrea Repetto: “Listen, liberal”

“Estoy leyendo ‘Listen, liberal’ (2016, Metropolitan Books), de Thomas Frank. Es sobre EE.UU., del Partido Demócrata en particular. Una crítica a cómo se ha ido alejando de su ideario cercano a la clase media, creo que da luces para pensar Chile también. De acuerdo con la tesis de Frank, los problemas de desigualdad no resueltos en Estados Unidos por las presidencias demócratas no se deben puramente a un bloqueo de los republicanos en el Congreso. Más bien se deben a que el partido ha sido crecientemente dirigido por una élite cerrada educada en instituciones de más alto prestigio, pero sin diversidad y capacidad para comprender la realidad de quienes, en principio, no tendrían los méritos con los que este grupo cuenta. Eso haría al electorado buscar alternativas de gobierno”.

Carlos Huneeus y sus 4 fundamentales

1. Ricardo Ffrench-Davis: “Entre el neoliberalismo y el crecimiento con equidad” (J. C. Sáez Editor, 2014, 5ª edición actualizada). “Analiza la revolución neoliberal impulsada por los ‘Chicago boys’ en dictadura, que desmanteló el Estado empresario y el Estado de bienestar, imponiendo un Estado mínimo, que se ha mantenido en democracia”.

2. Oscar Muñoz (editor), “Después de las privatizaciones. Hacia el Estado regulador” ( Cieplan, 1993). “Permite entender la débil capacidad de fiscalización y regulación del Estado chileno, visible en las obras públicas”.

3. María Olivia Mönckeberg: “La máquina para defraudar. Los casos Penta y Soquimich” (2015, Debate). “Libro indispensable para comprender los alcances políticos del ‘milagro económico’ iniciado por el régimen de Pinochet y continuado por los gobiernos democráticos”.

4. Cristián Bellei. “El gran experimento. Mercado y privatización de la educación chilena” (2015, Lom). “Fundamental para comprender las causas y consecuencias de la privatización de la educación, una de las expresiones del desmantelamiento del Estado de bienestar, que no fue detenida o revertida en democracia”.

Tironi: “Sudor” y “Casa de campo”

“Pienso en dos autores y varios libros: José Donoso, en particular ‘Casa de Campo’. Arturo Fontaine, en especial ‘Oír su Voz’ (Planeta, 1992), pero también ‘Cuando éramos inmortales’ (1998, Alfaguara). Y ahora ‘Sudor’ (Penguin Random House, 2016), de Alberto Fuguet. Es sobre la nueva élite. Los otros son sobre la tradicional. Este exhibe con descaro (y probablemente con exageración) los meandros de la nueva élite, la élite creativa”.

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