“Los terremotos exacerban el pensamiento nihilista de la vida”

Por Juan Carlos Ramírez F. (10 de enero 2017, La Segunda)

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Rostros desencajados. Barcos hundiéndose. Cadáveres amontonados. Viviendas destruidas. Todas esas imágenes que asociamos a los terremotos están en “Acabo de mundo”, exposición que permanecerá en el MAC Quinta Normal hasta el 22 de este mes.

Su autor, Sebastián Riffo, dispuso una colección de dibujos, pinturas y textos sobre los cataclismos tomados del “Álbum gráfico del terremoto del norte” (Gustavo Miranda, 1922) o la cobertura de terremoto del 8 de julio de 1971 -con epicentro en Illapel- del periódico “Ahora Gráfico”, editado por Quimantú.

“Como vehemente coleccionador de imágenes sobre sismos, me interesa aprender algo de ellas. Y mediante el ejercicio de la pintura, generar conexiones inéditas, inesperadas y significativas. Asumo la pintura como un metalenguaje, donde todo lo depositado en ella se transforma en asunto del pensar”, dice el artista desde Itoshima, prefectura de Fukuoka, Japón. Allí se encuentra investigando el vínculo arte-terremoto-cultura de ese país, tan sísmico como el nuestro. Más adelante hará lo mismo en Lisboa, Portugal, donde se registró un gran terremoto en 1755.

Pero fue el 27/F lo que hizo a Riffo preguntarse por los vínculos entre arte y terremoto, que es también su investigación doctoral en la PUC. Por ejemplo, la falta de referencias del fenómeno sísmico en las artes visuales nacionales o por qué sólo está representado en imágenes técnicas provenientes de la prensa o la ciencia. Y uno de los disparadores fue la canción de Violeta Parra “Puerto Montt está temblando” (1960), donde cantaba “es un acabo de mundo/lo que yo estoy presenciando”.

“Ella da cuenta de las diferentes aristas desde dónde es posible reflexionar el vínculo entre arte y terremoto. Describe, con el corazón en la mano, las distintas alteraciones psíquicas desencadenadas por el sismo y expresa la imposibilidad de nuestro lenguaje para describir la dramática escena. También explícita el mítico y popular vínculo entre los movimientos sísmicos y lo divino, asumiendo la presencia del terremoto como santo castigo”.

Esquemas mentales

-En tu exposición incluyes el terremoto de Valdivia de 1960. ¿Por qué crees que nos sigue fascinando?

-Porque sigue siendo el terremoto más fuerte registrado por el hombre. Particularmente, me fascina por el amplio número de registros que dejó a su haber. En esta obra busqué concentrarme en una sola imagen, la que miré 21 veces, teniendo como resultado 21 observaciones distintas. Gracias a este tipo de experiencias, he ido comprendiendo que la mirada atenta sobre la realidad nunca termina por agarrar la totalidad de las cosas que se le presentan ante sí.

-¿Crees que los terremotos nos hacen asumir cierta fatalidad, el “para qué lo vamos a arreglar si se va a caer igual”?

-Creo que los terremotos ha moldeado distintos tipos de comportamientos en nuestro país, lo que ha creado un tejido bastante amorfo en nuestro inconsciente colectivo: mientras fortalece la preocupación por la mitigación del riesgo ante la muerte, exacerba el pensamiento nihilista de la vida; mientras nos irrita nuestra pequeñez ante las fuerzas descomunales de la tierra, fortalece nuestro humor como proceso resiliente. Maximiliano Salinas, en su libro “En el chileno el humor vive con uno” (1998), piensa expresiones como: «Nosotros nos reímos de las desgracias». Es, quizás, nuestro mecanismo de defensa natural más preciado y hermoso.

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