Ilan Stavans: “Trump es vergonzosamente monolingüe”

El académico mexicano e impulsor del spanglish, analiza los cambios que podría generar la nueva administración estadounidense en el lenguaje

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Por Juan Carlos Ramírez F. (3 de febrero 2017)

En el año 2002, Ilan Stavans publicó una traducción al spanglish del primer capítulo de “El Quijote”: “In un placete de La Mancha of which nombre no quiero remembrearme”. Dos años después lanzó el estudio “Spanglish: The Making of a New American Language”. Es además responsable de centenares de textos donde defiende el aporte cultural de Cantinflas y Chespirito en la configuración de la lengua.

En cuanto ganó Donald Trump, en noviembre pasado, el New York Times le encargó un artículo sobre cómo influye en la comunidad el idioma español. Y el spanglish , del que el académico ha sido uno de sus más fervientes promotores.

La tesis de Stavans es que el Presidente desprecia el segundo idioma más hablado del país. “Trump no está solo entre los más limitados de su clase. También parece ser alérgico a las lenguas extranjeras, en especial al español. La lista de usos incorrectos de palabras durante la campaña presidencial es infame, e incluye expresiones como ‘bad hombres'”, escribe.

Pero su tema va más allá de la contingencia, según nos cuenta desde Massachusetts. Ahí hace clases en el Amherst College, universidad privada fundada en el año 1821.

“No hay un spanglish sino muchos: el de los mexicanos, el de los puertorriqueños, el de los cubanos, el de los dominicanos, y demás. El número de chilenos en EE.UU. -según entiendo, hay unos 857.781 expatriados chilenos en el mundo y el 13% de ellos, unos 115.000, vive en Norteamérica- es demasiado pequeño para crear un hábitat lingüístico influyente”, reconoce.

300 mil dólares en derechos

Stavans es también responsable de “The Norton Anthology of Latino Literature” (2011), volumen monumental de 2.500 páginas que reúne las claves literarias de los latinos en EE.UU., desde la Conquista a la primera década del siglo XXI.

“Me llevó trece años prepararlo. Los derechos para incluir a autores costaron cerca de 300.000 dólares. Por supuesto que hay autores chilenos, entre ellos Isabel Allende y Ariel Dorfman”.

Inevitablemente, en la conversación surge la figura de Bartolomé de las Casas, sacerdote que aprendió a valorar la cultura del Nuevo Continente ante el espanto de la Corona española.

“Es el precursor de Rigoberta Menchú y del subcomandante Marcos, e indirectamente de José María Arguedas y Eduardo Galeano. Es decir, es el ‘defensor de los Indios’, una figura paradigmática, el primer intelectual latinoamericano (aunque nació en Sevilla y murió en Madrid) que se enfrenta al poder sin temor y habla por los desposeídos a pesar de las consecuencias. Sin él, ¿qué seríamos? Poseedores de una identidad con una mitad eclipsada”.

-¿Como la mirada “colonialista” de la RAE que has denunciado?

-El diccionario de la Real Academia es un instrumento evangelizador que sale de España. El viaje de una palabra que se gesta en Quito, por ejemplo, a las páginas del diccionario es arduo y penoso. Muchas palabras nunca llegan a reconocerse. El efecto, pues, es imperial: es en España donde se legisla la normalización de la lengua, lo que me parece absurdo si consideramos que la población de España es de 47 millones y la del ámbito de habla hispana en América Latina es de cerca de más de 400 millones. México tiene casi 125 millones.

It’s a Trump

Esta semana se abrió @CasaBlanca, una cuenta oficial de Trump en Twitter en español.

“Este triunfo de la resistencia no está mal como un principio, sobre todo si consideramos que Trump es vergonzosamente monolingüe. En el contexto de los presidentes norteamericanos, Obama hablaba indonesio, George W. Bush español, Bill Clinton alemán. Calvin Coolidge, que se graduó de Amherst College, sabía francés, latín y griego. Y Jefferson sabía esas tres lenguas más español e italiano”.

-¿Modificará la administración Trump la evolución del spanglish?

-El spanglish es una realidad. Hay 37 millones de personas que lo hablan en Estados Unidos. Su atributo es la libertad. No tiene una página oficial. No tiene a un ejército que lo defienda. No hay manera de atacarlo. Trump quiere construir muros y cerrar las fronteras. Terminaremos como el Japón en el siglo XVI, que ilusamente creyó que la expansión el cristianismo en el mundo arruinaría su cultura.

-¿No crees que en el futuro el castellano o el spanglish funcionarán como una forma de resistencia?

-La decisión de Trump de eliminar el castellano de la página oficial de la Casa Blanca convierte, de golpe, al español en el idioma de la oposición. Y sabemos muy bien que basta con prohibir una idea, un libro, un idioma para transformarlos en cause célebre. Eso es lo que le ocurre ahora a la lengua de Cervantes.

El entrevistado destaca, a propósito de los 400 años de “El Quijote”, que esa obra fue escrita cuando el Imperio Español estaba en decadencia. “Lo mismo le ocurre a los Estados Unidos en la actualidad. Si hay algo bueno en Trump es el hecho que, bajo gobiernos despóticos, el arte, la literatura y la lengua maduran a la velocidad de la luz”.

“Piensa, a manera de comprobación, en la novela latinoamericana”, analiza. “Le debemos a dictadores o juntas militares sucesivas obras como «Rayuela», «El otoño del patriarca», «Conversación en La Catedral», «El siglo de las luces» o «Cien años de soledad». De alguna forma, les debemos a Pinochet, Perón, Trujillo, Castro y Chávez la adaptabilidad metonímica de nuestra lengua. Mientras más necio es el poder, más fértil es la imaginación”.

Y concluye: “Por mucho tiempo he pensado que la literatura norteamericana de las últimas décadas es parroquial. No me sorprendería ver que durante el trumpismo se publiquen obras maestras del tamaño de aquellas aparecidas antes, durante o después de la Guerra Civil, escritas por autores como Walt Whitman, Emily Dickinson, Ralph Waldo Emerson, Nathaniel Hawthorne, Herman Melville, Harriet Beecher Stowe y Mark Twain”.

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