Ilan Stavans, lingüista: “Hay algo indecoroso en Parra. Williams, por su parte, es un tipo muy decente”

Le encantó Paterson -cinta basada en el poema épico de Williams- y lamenta que no sea tan conocido en castellano.

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Por Juan Carlos Ramírez F. (10 de julio de 2017, La Segunda)

 

“Paterson”, estrenada hace un par de semanas no sólo marcó el regreso en grande de su director, Jim Jarmusch, sino también del poeta estadounidense William Carlos Williams. Entre 1946 y 1963 (año de su muerte) publicó un monumental poema en cinco volúmenes. Y ese es el punto de partida de la película.

Al lingüista y escritor mexicano radicado en EE.UU. Ilan Stavans todo esto le dio vuelta la cabeza. “Es extraordinaria. Jarmusch es en sí un director de primera. La cualidad más sobresaliente de la película es su paciencia: el recorrido diario de un chofer de autobús llamado Paterson en la ciudad de Nueva Jersey de igual nombre, él escribe poesía y admira a Carlos Williams. Y tiene una novia muy loca que tiene un perro que lo odia. En realidad a lo largo del filme no pasa nada y ese precisamente es el mensaje: la inercia que sentimos cada mañana es una gran aventura”.

Stavans reconoce que William Carlos Williams “es un desconocido entre nosotros”, a pesar de sus evidentes conexiones con el castellano. “Su madre era puertorriqueña, por lo que él se sentía tangencialmente latinoamericano. Los latinos en EE.UU. que lo adoramos solemos revertir su nombre para hispanizarlo: Carlos William Carlos”.

El autor, dice el lingüista, atacaba la herencia colonial norteamericana. “Habla de los conquistadores y misioneros españoles como soldados de la muerte. Su español era de alta calidad. Además de Neruda, Paz y Parra, tradujo a modernistas como José Asunción Silva y a José Santos Chocano. Y también al puertorriqueño Luis Palés Matos y a la costarricense Eunice Odio. Creo que es el poeta norteamericano del siglo XX con la mayor pasión por nuestra poesía”.

-¿Entonces por qué lo desconocemos los latinoamericanos?

-Las razones por las que se desconoce a Williams en América son múltiples. Una de ellas es que ha sido poco o mal traducido al español. Otra es que su poesía no es pomposa sino moderada, incluso yo diría sencilla, y al público internacional que lee la poesía norteamericana le suele atraer lo bombástico. Recuerda que si América Latina es un lugar de contrastes, Estados Unidos es un país de excesos.

Stavans dice que Williams es uno de sus poetas norteamericanos favoritos. “Voz aguda, sólida, comprometida, es el heredero directo de Walt Whitman y el maestro e inspiración de los beatniks , en especial Allen Ginsberg. Williams, que desviste al idioma inglés de toda ostentación, no escribe para las élites. Leída conjuntamente, su obra es un asombroso mapa de los quehaceres diarios del norteamericano típico, el que vive humildemente, sin llamar la atención”.

Conexiones parrianas

-Si Nicanor Parra renovó la poesía en castellano, bajando a los poetas del olimpo, ¿Carlos Williams lo hizo en inglés?

-Parra no es solamente el anti-poeta sino también el anti-profeta. No se toma en serio a las musas. A Williams tampoco le interesa el Olimpo pero no enuncia ese desinterés. Más bien se concentra en escribir lo que otros poetas descartan: la rutina, el hábito.

-¿Ves conexiones concretas entre sus proyectos poéticos?

-Los dos continuamente insertan referencias históricas en sus obras. Y amoldan el idioma a sus intereses. Pero el humor de Williams es dócil, callado, reservado mientras que Parra es un bromista irredento, un bufón que se ríe de todo y de todos. Hay algo sacrílego y hasta indecoroso en Parra. Williams, por su parte, es un tipo muy decente.

-¿Qué le faltó a Parra para lograr entrar a EE.UU.?

-Acaso suene pedantemente mercantil lo que voy a decir pero todo poeta debe saber venderse. Parra, que es pedante, no supo hacerlo en EE.UU. Tuvo oportunidades y las desperdició.

Un poema

-Para quien no conoce la obra de Carlos Williams, ¿cuál sería la pieza fundamental para introducirse en su lectura?

-Uno de los poemas de Williams, “This Is Just to Say” -breve, inolvidable, sobre el placer y la culpa-, es acaso el más memorizado del país. Me atrevo a traducirlo aquí, para el lector de “La Segunda”:

“Me he comido

las ciruelas

que estaban en

la nevera

y que

tú quizás

guardabas

para el desayuno

Perdóname

estaban deliciosas

tan dulces

y tan frías”.

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