Fernando Mena: “Un episodio de «ALF» puede perfectamente emocionarme”

 

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Por Juan Carlos Ramírez F. (8 de agosto 2017, La Segunda)

 

Entre el “Maracanazo” y el palo de Pinilla. Estos son los hitos que marcan a una generación de treintañeros que aborda Fernando Mena (32) en “Hogar” (Kindberg), su debut como novelista. Un área que se suma a la música, actuación y dramaturgia, donde ha sido especialmente prolífico. De hecho el año pasado protagonizó la película “Andrés lee i escribe”, de Daniel Peralta, y su obra “Negros” -realizada por Teatro La Peste- se estrenará en el GAM el 2018.

Su novela gira en torno a Manuel, un treintañero solitario y perdido. Mientras todos sus conocidos están casados y con casa, se siente como un millennial, sólo que ahora las conversaciones giran en torno a autos, celulares y sueldos. Un retrato de la alienación en Valparaíso que, a su vez, es la historia de esos adolescentes que vivieron la transición a pura cultura pop. “Todo lo que hago está teñido de nostalgia”, advierte. “Yo no vi cine arte cuando niño, vi a Spielberg. Un episodio de «ALF» puede perfectamente emocionarme porque me evoca cuando lo veíamos con mi familia mientras comíamos sopaipillas a finales de los 80”.

Generación perdida

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“La generación X de Seattle estaba cansada y sin sentido, nuestra generación X estaba cagada de miedo. Aunque nos guste Nirvana y las letras de Cobain, somos otra cosa”, explica. “Nací el 84 y vi con ojos de niño la fractura en el país y mientras crecía fui entendiendo lo que pasaba. Pero desde la no acción, nuestra generación simplemente se dejó llevar y acá estamos, pagando las cuentas, teniendo hijos, casándonos, ocupando Facebook, esperando el asado del fin de semana”.

La novela se lee rápido gracias a su falta de artificios y orden de capítulos: “Casa”, “Matrimonios”, “Hijos”, “Padres” y “Fuego”. Fue escrita en segunda persona e incluye letras de canciones (Javier Barría, Gustavo Cerati) y transcripciones de test de revistas de chicas. “Por ahí algún critico lo encuentra tedioso, pero fue un riesgo que quise correr y al parecer funciona muy bien”.

-Es contradictorio que el puerto sea un lugar asfixiante

-Pero el tránsito también cansa. La bohemia y postal de casas multicolores es muy distinta a la realidad. Es un lugar difícil, lleno de melancolía, de historias de tristeza, en el que cada cierto tiempo se queman sus cerros. El puerto alguna vez fue de su gente, hoy es una muralla de containers que le gana terreno al mar. Bien simple, ¿cómo no va a ser asfixiante no poder ver el mar desde el anfiteatro natural que es Valparaíso, porque lo tapan torres de edificios y pilas de containers?

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