Fernando Casasempere, escultor: “Como artista, no me gusta mitificarme”

Su pasión por la alfarería y cerámica latinoamericana lo tiene hace 20 años luciéndose en Europa. Ahora prepara su más grande instalación en CV Galería.

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Por Juan Carlos Ramírez F.  (10 de noviembre 2017, La Segunda)

Cuando Fernando Casasempere (58) llegó a Inglaterra, en 1997, estaba en pleno auge el Y.B.A. (Young British Artist), el paralelo al britpop de las artes visuales con artistas como Damien Hirst, Tracey Emin o Chris Ofili, tan controvertidos -y mediáticos- como Oasis o Pulp. El escultor chileno que estudió en España y que siempre había trabajado con arcilla, hornos e imaginarios precolombinos sintió por un momento que no tenía nada que hacer en ese ambiente tan vanguardista.

“Obvio que uno se inseguriza. Pero eso sólo puedes hablarlo con tu pareja, tus amigos o tu familia. Pero también te hace bien vivir eso. Te confronta y depura. Y hace avanzar tu trabajo”, recuerda, recién llegado a Santiago. Mañana estará en Puerto de Ideas contando sobre este viaje que, para él, recién comienza.

Radicado en Londres hace ya veinte años, está por estos días supervisando “Migraciones”, la mayor escultura de Casasempere hasta ahora, instalada en la planta principal de CV Galería. Serán 6 mil flores de porcelana suspendidas en el espacio. Es el mismo edificio donde se realizó la feria Chaco. Casasempere saluda a los maestros encargados de montarla. “El trabajo lo hacen ellos, en realidad”, dice, mientras toma apuntes.

En Chile su obra empezó a hacerse conocida a principios de esta década. En 2012 expuso “Out of Sync”: diez mil narcisos de arcilla mezclados con cobre frente al Somerset House de Londres. Lo invitaron a La Moneda a replicarlo, después de exponer en París, galerías como la Parafin o el New Arts Centre de Londres y de ser elogiado en las mismas revistas donde aparecen los ya no tan jóvenes artistas británicos de los 90.

“Como artista, no me gusta mitificarme. Si me va bien, son los otros los que deben evaluarlo. Uno no es tan consciente de su obra. Uno hace las cosas nomás. Lo que sí tenía claro era que instalarse en Londres requería cierta planificación, porque debía montar un taller, trasportar los materiales en barco y tener cierta tranquilidad”.

Cuando se inaugure la obra, en marzo del próximo año, el artista estará en Japón, donde fue invitado para trabajar 6 meses y exponer en el Art Tokyo, en Tomio Koyama, totalmente dedicada a él. En 2019 inaugurará una nueva muestra en el San Diego Museum of Art de California, en la que lleva un año trabajando.

-¿Cómo salió adelante en un circuito donde su trabajo era tan distinto?

-En Europa no les interesa que les muestres lo mismo que ellos hacen. Por eso lo que yo hacía llamó la atención. Creo que lo he latinoamericanizado, como tú dices, por la materia que utilizo. Siempre he dicho que la arcilla es uno de los grandes materiales de las Américas, sobre todo en las figuras prehispánicas. Al abordar el paisaje y tratar siempre de integrar mi obra con él, me uno al movimiento land art , pero desde una visión que ellos no tenían; la mirada desde el rescate del medio ambiente.

“Todo lo que gano lo invierto en materiales”

-¿Chile le quedaba chico?

-No tiene que ver con eso (piensa). Es que simplemente nuestro país es muy pequeño y el arte no es tan relevante. Allá, por volumen, hay más gente dispuesta a conversar sobre tu trabajo. Creo también que la constante diáspora de artistas latinoamericanos, pensemos en Matta o Fernando de Szyszlo, es también una necesidad de existir en la discusión del arte.

-¿Un intento por incorporarse al canon que, finalmente, se elabora en Europa?

-Nosotros como país no escribimos la enciclopedia, por lo tanto nos es muy difícil oficializar “nuestra obra” en el mundo de arte. Esto, si te haces un espacio internacional, te lo dan los países desarrollados.

-Usted dice que desde niño le interesaba explorar la cerámica.

-Hay algo que me interesa mucho en el acto de tocar, de palpar, de crear con las manos. Y nuestro continente tiene una tradición alucinante al respecto. Siempre supe que en esta área estaban mis intereses y, si se puede decir, también mis talentos, sobre todo en lo tridimensional. A los 14 años ya sabía, pero no le ponía nombre a la carrera. Hoy, todo lo que gano lo invierto en materiales.

-¿Por qué intervenir espacios públicos?

-El espacio público te da varias posibilidades como escultor; la primera es poner al público, en general, en contacto con el arte. Es un público más masivo el que se encuentra con la escultura en su tránsito diario en la ciudad. Segundo, estoy convencido de que otorga al espacio donde la obra se emplaza mayor calidad de vida, y tercero, normalmente te plantea como escultor el gran desafío de la escala monumental.

 

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