“Por nuestra mentalidad de terremoto, nos acostumbramos a perderlo todo”

Tras diez años y 10 mil post en su blog Urbatorium, Criss Salazar sacó un libro con las historias ocultas de Santiago.

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Por J.C. Ramírez Figueroa (26 de diciembre 2017, La Segunda)
Desde hace una década que el investigador y editor Criss Salazar explora Santiago y escribe sobre sus descubrimientos en Urbatorium. Un blog bien documentado y escrito, que aclara lugares, historias y leyendas nebulosas de la ciudad. Desde la elefanta Fresia a los edificios supuestamente embrujados, pasando por túneles subterráneos en el centro, estaciones de trenes demolidas o cómo el polo económico estaba, en un principio, más cerca de la Plaza Brasil que de Santiago oriente.

También hay temas como la repetición del 11 de septiembre como fecha fatídica en la historia del país, comenzando con el alzamiento indígena de Michimalonco que destruyó toda la ciudad en 1541. O los años de gloria de los flippers en el paseo Ahumada y muchos incendios y personajes como “los pelusas”. La mayoría de ellas es incluida en las 250 páginas de “Crónicas de un Santiago oculto” (RIL, 2017).

Antes de emprender el trabajo que hizo junto a la investigadora de folclor Karen Müller Turina, viuda de Oreste Plath, había rechazado la invitación de dos editoriales. “Fue difícil, tuve que elegir de entre unas 2.000 entradas. Mi criterio fue establecer una línea cronológica, desde la Colonia hasta nuestros días. La necesidad era entregar información poco conocida a nivel popular sobre la ciudad de Santiago, de la que también haya huellas aún visibles en el paisaje urbano”.

“Hay un evidente choque de valoraciones”

El autor aspira a que su publicación funcione como una guía para revalorar nuestras caminatas por Santiago y “dejar de visualizarlo como algo ajeno, distante, un trámite engorroso hacia un destino”. Por eso en sus textos se hace especial hincapié sobre dónde podemos encontrar “elementos vestigiales” del pasado, como el lugar donde están las campanas que pertenecieron a la Compañía de Jesús, las ubicaciones sobrevivientes del antiguo escudo que tuvo Santiago o las placas de ductos con versos escritos con chispero de soldadora. “Es una invitación al lector para iniciar su propia tarea de redescubrimiento de su medio urbano”.

-Santiago es una ciudad que, por culpa del esmog y los terremotos, no contemplamos mucho, pero tiene secretos y peligros, como toda ciudad respetable. ¿Estás de acuerdo con eso?

-Las ciudades, por su propia condición de tales, son espacios críticos importantes. Súmese a que por nuestra mentalidad de terremoto, nos acostumbramos a perderlo todo, a resignarnos a la idea de que todo desaparecerá tarde o temprano. Es cierto que la concentración humana de las ciudades ha tendido a generar sus propios problemas. Y muchas veces se convierten en parte de su identidad de urbes: ser grises, peligrosas, intransitables, pero también tienen interacciones, códigos, flora y fauna propias. A eso lo llamo en mi blog la “metropósfera”, aludiendo al espacio de intercambio entre seres inteligentes análogo a la “noósfera”, pero en un teatro artificial como es la ciudad.

-¿Crees que hoy se valora algo más Santiago o sigue siendo una élite ansiosa de recuperar la historia?

-Hay un evidente choque de valoraciones. Por un lado están los que intentan el rescate y se ponen del lado de la recuperación. Por otro, hay un grupo culturalmente predispuesto a ponerse del lado decadente e involutivo de las ciudades. El que pinta con aerosol los vagones del metro y el agente inmobiliario que no resiste destruir un edificio de 150 años son elementos corrosivos de la ciudad.

-Durante este proceso, ¿que historias te sorprendieron o te dieron una nueva perspectiva de nuestra historia?

-No hubo muchos elementos sorpresa ahora, pero sí cuando conocí estos datos y decidí llevarlos al blog, a partir de 2005. Me asombraba escuchar a reputados intelectuales insistiendo en que el Puente de Cal y Canto se cayó sólo por una crecida de aguas. O que la tradición del Viejito Pascuero nos llega recién en los 30 con una gaseosa cola. Había datos a la vista haciendo muy poco creíbles esas versiones, pero por alguna razón se los desestimaba. O no se los consideraba.

-Después de tu libro, ¿qué se debería leer?

-Hay una gran cantidad de trabajos nuevos que permiten ir armando un panorama amplio, abarcando lo menos explorado de la historia e identidad patrimonial urbana. Destaco a jóvenes investigadores como Fernando Imas Brügmann, Mario Rojas Torrejón, Caudio Díaz Vial, Catalina Aravena Soto, Camila Sáez Ibáñez. Ellos se ha involucrado en temas culturales como la arquitectura histórica, urbanismo, coctelería popular, folclor, arte sacro, etc.

-Este redescubrimiento de la metropósfera ya había recibido importantes inyecciones de entusiasmo gracias a Miguel Laborde, Roberto Merino, el rasgo freak de Sergio Paz y uno más oscuro de César Parra. Sin embargo, sugeriría clásicos que son la base de todas estas investigaciones: Armando de Ramón, Sady Zañartu, René León Echaíz, Eugenio Pereira Salas, Oreste Plath, Alfonso Calderón, etc. Sólo así se logrará esbozar un amplio y panorámico retrato del Santiago de ayer, hoy y siempre.

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