La historia de cómo Luis Valentín Ferrada se convirtió en el abogado de Nicanor Parra

Amante del campo y elocuente ex diputado RN, conoció al antipoeta en un avión en los ´70. Ese mismo día, asegura que le salvó la vida.

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Por Juan Carlos Ramírez F. (5 de enero de 2018, La Segunda)

Más que una persona, Luis Valentín Ferrada (69) es un concepto que conecta con ese Chile antiguo, culto, ligado al campo, la política y el poder. Abogado UC, casado, ocho hijos (entre 27 y 44 años) y 21 nietos, católico, ex diputado RN, maestro en Derecho Constitucional, presidente de la Fundación de Los Huasos Quincheros y ex miembro del directorio de la Federación de Criadores de Caballos Chilenos. Y eso se traduce en sus gestos y lenguaje: voz profunda e imponente. En el Congreso, donde se desempeñó desde el retorno de la Democracia hasta 1997.

Hoy es el representante de Nicanor Parra en la querella que se presentará el lunes contra todos aquellos que posean sus cuadernos y manuscritos originales.

Su estrategia mediática, diseñada junto a la familia del autor fue exitosa: varios devolvieron el material a cambio del anonimato. Sólo los que aún no lo hayan hecho serán denunciados.

“Nuestro compromiso de honor consiste en no revelar nunca los nombres de las personas que han devuelto voluntariamente manuscritos y documentos, a menos que ellos mismos lo pidan, como ha sucedido en un cierto caso. Pero, iniciadas las acciones judiciales respecto de quienes no lo han hecho, resultará inevitable que sus nombres se hagan públicos. Nicanor ha esperado que culmine con éxito esta etapa de solución pacífica. Pero ante la reticencia no quedará más remedio posible que actuar como se ha dicho”, dice desde Yerbas Buenas, donde reside.

Conoció al autor de “Poemas y Antipoemas” en un avión de vuelta de EE.UU. en los ´70. Coincidieron en los asientos. “Toda la noche de viaje fue una larga conversación”. Cuando llegaron al aeropuerto de Santiago, sus hijos estaban pegados al vidrio de la puerta de salida de pasajeros, mientras revisaban las maletas.

“El estricto funcionario comenzó a sacar todos los juguetes importados de mi equipaje y los niños miraban con horror cómo sus regalos se iban uno a uno para adentro. Yo me había gastado hasta el último dólar y no tenía cómo pagar los derechos de aduana de la importación”, cuenta Ferrada, que no contaba con la astucia de Parra. “Se acercó a mí calladamente y me susurró al oído: «Los niños no pueden quedarse sin sus regalos…eso sería terrible…han esperado semanas»”.

Ferrada continúa entusiasmado: “Secretamente, me metió en el bolsillo un rollito de billetes para pagar los impuestos. Y recién me conocía desde unas pocas horas antes. El valor de esos juguetes se multiplicó entonces mágicamente. Ese día fue la confiada generosidad de Nicanor la causa de la felicidad de mis hijos. Inolvidable. Hace 40 años él confió en mí sin conocerme. ¿ Cómo podría yo jugarle chueco? ¿o hacerme el desentendido?”.

Para el abogado tener la confianza de Nicanor y su familia es todo un honor. “¿Qué motivos tuvieron para elegirme? Quizás el hecho de haber marchado bajo las banderas de la pasión por lo chileno, en lo que él es uno de los más altos portaestandartes”.

Tradicionalista, no conservador

En 1971, en cuanto egresó de Derecho asumió como profesor y secretario del departamento de Derecho Comercial de su Facultad. Entre 1975 y 1980 dirigió el programa de Reforma de Códigos y Leyes Fundamentales de Chile. Su carrera política conoció el éxito (diputado entre 1994 y 1998 por el distrito 39 del Maule que agrupa a Linares, San Javier, Yerbas Buenas y Villa Alegre). Incluso demandó a Douglas Tompkins en 1996 por conductas monopólicas en Los Lagos y Aysén. Aunque también ha tenido caídas: Perdió la senaturía por la circunscripción Los Lagos Sur en 1989 y en 1997 por el 39. Tras esto, volvió ejercer como abogado.

Hay cosas que tener claras para entender el planeta Ferrada. Uno: aunque “habita” en Santiago, “vive” en el Maule. Una distinción no menor para él. “Vivo en los campos de Abránquil y simplemente moro en Santiago algunos días de la semana, por fines de lucro impuestos por las necesidades de la subsistencia”.

Dos: el concepto “conservadurismo” no va con él. “Yo soy tradicionalista. Y no cualquiera: lo que me interesa son las tradiciones auténticas de nuestro pueblo, como expresión de sus sentimientos y de nuestra manera de ser. Las influencias extranjeras sin filtros son siempre peligrosas, porque suponen el extravío de nuestros caminos”.

Tres: no se siente parte de ninguna élite. “A Dios gracias no pertenezco ni he pertenecido jamás a eso. La sola palabra élite me luce farsante y presumida. Todo lo mío proviene del mundo campesino, humilde, sencillo, y de rica cultura social”.

De Krassnoff a la Iglesia Católica

Aprendió a escribir y leer en la Escuela Pública de Abránquil, después en una Escuela Pública de Maipú. No cree en las clases sociales. “La única riqueza que ennoblece es la cultural. Teniendo bien presente que la cultura no es sinónimo de educación formal ni de instrucción. He aprendido cultura de gente que, por diversas razones, nunca pudieron leer un libro. El arte de la argumentación y de lo razonable que uno tiene como abogado, brota desde la virtud de la prudencia”.

Así, Parra se suma al heterogéneo grupo de personas que contrataron los servicios de Ferrada en esta etapa: Servando Jordán y Marcos Aburto, ex ministros de la Corte Suprema acusados constitucionalmente; la familia Allende; el brigadier Miguel Krassnoff y la Iglesia Católica.

“Las injusticias como las pasiones acometen en todas direcciones. Todas las personas, sin distinción alguna, nos encontramos expuestas a sufrir las duras pruebas de la vida. En esto no hay izquierdas, derechas ni centros. Hay personas”, dice. Su posición es simple: cuando ve una injusticia (“y en Chile se cometen muchas y a diario”) y le solicitan ayuda, nunca ha podido negarse moralmente.

“Esa es toda mi pequeña política profesional. Me he sentido siempre orgulloso de haberlo podido hacer sin distinguir colores, creencias, riquezas o pobrezas. Era una forma de vencerme a mí mismo. Esto lo aprendí de mi padre, quien, como médico, jamás preguntó a sus enfermos qué creían, o qué pensaban, o si tenían o no dinero para pagar sus servicios. Los médicos chilenos, en general, son un buen ejemplo de humanidad en este sentido. Mi padre jamás lucró con la medicina en más de sesenta años de ejercicio”.

La vida es sueño

Desde su casa de campo de 200 años, el abogado critica al Chile hiperconectado. “Las redes sociales son un refugio de los cobardes, incapaces de dar la cara ¡y han envenenado la comunicación entre personas!”, reclama. Asegura que si no fuera abogado sería “un campesino aficionado a la historia al modo de nuestro coterráneo linarense don Francisco Antonio Encina”. Y expone una teoría sobre los males de Chile que nos afectan hasta hoy:

“Nuestros pueblos originarios, sábana fundadora del mestizaje, integran con la mayor propiedad la quinta esencia de lo chileno. Pruebas: No hay huaso verdadero que no luzca su manta como bandera. Y esas mantas no existirían sin los telares andinos originarios de donde provienen. Por esto yo estaré siempre del lado de quienes aspiran a una solución de fondo auténtica, justa, verdadera… y lo más pronta posible”.

De la misma forma trabajará recuperando las piezas perdidas de Parra, cuyo poema favorito es “El hombre imaginario”. “Ese poema hunde sus raíces y actualiza a la chilena, la obra de Calderón de la Barca, el más grande poeta de las letras hispanas. Específicamente, «La Vida es Sueño», donde vivimos imaginariamente soñando e imaginando que vivimos: «Que toda la vida es sueño/ y los sueños, sueños son/ Todo en nuestras vidas es imaginario… Una ilusión, una sombra, una ficción…”.


Los hijos de Nicanor

Por Agustín Villaseca A.

Nicanor Parra es el mayor de 9 hermanos. Y con 103 años, su legado lo continúa una familia tan extendida como la suya. “Tres grupos de hijos” son los que conforman la descendencia de Nicanor, según ha contado él mismo. Los mayores (Catalina, Francisca y Alberto) son producto del matrimonio con Ana Troncoso, con quien se casó cuando era un veinteañero. Ricardo Nicanor Parra Muñoz (“Chamaco”) es el único hijo que el antipoeta tuvo con Rosita Muñoz en los 60. Colombina y Juan de Dios (“Barraco”) son los hijos que tuvo junto a Nury Tuca, la artista plástica catalana que falleció en 2015.

Cristóbal Ugarte (“Tololo”, de 25 años) es el nieto que trabaja por su legado, el representante oficial de la familia.
Cuando en 2012 él viajó a Alcalá de Henares a recibir el Premio Cervantes en nombre del poeta, figuraban en
el árbol genealógico 17 nietos más y 15 bisnietos.

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