Cuecas, siestas y cuadernos recuperados: Así fueron los últimos días de Nicanor

El antipoeta fue el primero en intuir que había que poner orden y le encargó a Tololo y Colombina que prepararan todo.

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Por Juan Carlos Ramírez F. (26 de enero de 2018, La Segunda)

Agitando las manos teatralmente y sonriendo, Nicanor Parra recibió en su casa de Las Cruces un paquete que venía para él. “¡Volvieron!”, exclamó interrumpiendo su escucha de cuecas -a todo volumen- y dejando en la mesa el vasito de vino que sostenía. Fue hace apenas un par de semanas, cuando recibió la primera devolución de sus cuadernos y papeles “perdidos”. El abogado Luis Valentín Ferrada, su hija Colombina y su nieto Cristóbal “Tololo” Ugarte sonreían también.

“Fue un honor estar presente en la que fue la última alegría de su vida”, señaló Ferrada, quien durante estos días se había convertido -por encima de editores, escritores o incluso familiares- en uno más del cerrado círculo del antipoeta.

Es que Parra siguió de cerca todo este proceso, según contó el abogado. Leía todos los diarios. A veces se alegraba de verse en portada. Otras, no tanto. E incluso estuvo a punto de dar a conocer un artefacto especialmente hecho para todos quienes osaran apoyar a los que no querían devolver sus cuadernos.

Aunque pasó la mayor parte del tiempo en Las Cruces, el pasado fin de semana, en una especie de cuenta regresiva que sólo él parecía capaz de intuir, regresó a La Reina para seguir supervisando el orden de su gran -y caótico- legado. En su casa, según cuentan quienes la han visitado últimamente, fue acumulando libros, papeles, recuerdos, regalos, obras de arte. Algo que pedía a gritos un trabajo de catalogación más que de orden.

Además, había contraído una pequeña infección urinaria y llegó a chequearse a la Clínica Alemana. Le recetaron antibióticos y no hubo mayores complicaciones. De hecho, el sábado ya estaba bien, descansando en su pieza o el living, revisando sus escritos, siempre bajo el cuidado de su hija y nieto, además de una empleada y su enfermera personal.

Fue recién la madrugada del lunes, aproximadamente a las dos de la mañana, confirman sus cercanos, mientras dormía plácidamente en el primer piso dejó este mundo.

“Team X anga o X manga”

Dos semanas antes de cumplir 103 años, el 5 de agosto de 2017, Nicanor llegó a su casa en la capital. La única con camino de tierra y que se distingue del resto de condominios. La adquirió a principios de los 60 y era llamada “La universidad abierta de La Reina”. Estaba con Colombina y su angustia fue grande al descubrir que no estaban todas sus cosas. A él le interesaba levantar su proyecto de casa-museo que en los últimos meses tenía en mente. Incluso dejó entrar al programa “City Tour” el 25 de noviembre de 2016 para que grabaran -sin él- su casa de Las Cruces “para que quede registro televisivo”, recordó Tololo.

El propio Tololo lo confirmaba en privado: su abuelo quería dejar un legado, sin tener muy claro el proceso en ese momento, pero la idea de un museo -actualmente se habla de dos casas/museos- lo estaba rondando.

“Mi secreto es el buen dormir”, decía. Al parecer, tenía una obsesión con el tema del sueño. Después de haber pasado por la ecología, el taoísmo y otras filosofías orientales, el secreto para la buena vejez era más simple: jugo de naranja en la mañana, una copita de vino después del almuerzo y luego un sistema estricto de siestas, onces, lecturas y a dormir en las mejores condiciones de silencio, temperatura y tiempo. Aunque siempre se despertaba puntual: a las 9 de la mañana.

Aunque ya no manejaba su “escarabajo” -en realidad tenía varios estacionados en sus cuatro propiedades-, lo llevaban a comer y recorrer el mar de Las Cruces. Estas últimas semanas se sumó al círculo Nicanor “Chamaco” Parra, a quien el antipoeta quería mucho y le alegraba mucho estar de nuevo con él.

Si bien tenía problemas de movilidad y de pérdida auditiva (lo que explicaba que los vecinos escucharan sus tangos y cuecas a volúmenes altísimos), estuvo lúcido hasta el final. Escribiendo cosas en cuadernos y sirviéndose él mismo el vino y la comida.

Le pedía a Colombina que fuera a comprarle queso y longaniz

as, todo lo que le recordara a campo. Bromeaba con Tololo y éste le mostraba música en vinilo. “La música suena bien en equipos de madera y discos antiguos”, teorizaba usando intrincados conceptos de física para defender la música vintage.

El disco de Tololo, “Pérdida total”, lo escuchaba con audífonos y lo encontraba muy bueno. Incluso tenía en su pieza un recorte de “La Segunda” con una foto donde el chico compartía con el reconocido compositor Philip Glass en un evento en el Municipal.

Sólo a Tololo le aceptaba selfies: Nicanor quería que se lo recordara por esas sesiones de los años 90 y 2000 con lentes oscuros y gesto de rockstar maduro, a lo Rolling Stones. De hecho, una de las canciones que más le gustaban era “Angie”.

Al parecer, ya no recibía ni a escritores, ni a poetas jóvenes. Ya no estaba su clásica nana Rosita, famosa por cortar entrevistados o responder si las periodistas que lo buscaban “eran bonitas o no”, aunque finalmente no aceptara cuestionarios.

“Le gustaba abrir un libro de fotos «Parra a la vista» (2013) que contenía fotos descubiertas en un viejo maletín en la casa de La Reina, tras el terremoto. “Era impresionante su memoria. Abría cualquier página y decía cosas como «Esa fue mi polola». «Ah, ésta no me aguantó». «Esta otra no me quiso»”.

Estos últimos días, sin embargo, eran para la familia y los cuadernos perdidos. “A ver; ¿cuántos vamos recuperando ya?”, decía casi sin saludar y con una ansiedad propia de un niño curioso.

“El equipo Parra” llamó a su abogado y Tololo, quienes más presionaron para la recuperación de sus materiales. Tomó una hoja y un lápiz y escribió “Team X anga o X manga”. Posiblemente, el último artefacto en su vida. Nunca habló de la muerte. Ni siquiera en broma.


Colombina, Catalina y Chamaco, los herederos – Lo acompañaron en la despedida

Aunque en el entorno del antipoeta dicen que “no es el momento para hablar de herencias”, lo cierto es que efectivamente habría un testamento y planes concretos de acción en torno a los bienes dejados por Parra. Lo primero es la casa-museo, solicitada expresamente por él y que podría incluir las dos casas donde vivió: La Reina y Las Cruces (aparte tiene dos propiedades más). Los que deberán tomar ese tipo de decisiones son sus hijos, legalmente herederos directos: Colombina y Juan de Dios, alias “Barraco”-hijos que tuvo con la artista

catalana Nury Tuca-; Nicanor “Chamaco” Parra Muñoz (el único hijo que tuvo con Rosita Muñoz) y la artista Catalina (radicada en NYC), Francisca (domiciliada en el sur) y Alberto

(vive en Noruega), de su primer matrimonio con Ana Troncoso. Al funeral no asistieron estos dos últimos. Tampoco Barraco, radicado en México. Sin embargo, de sus 6 hijos, 17

nietos y 15 bisnietos (según el último recuento que se tiene en 2012) el casi “albacea” del antipoeta es Cristóbal “Tololo” Ugarte, hijo de Colombina y el músico Pablo Ugarte. Parra

no sólo lo asignó para recibir el premio Cervantes en Madrid y recuperar sus cuadernos y papeles extraviados.


La otra Violeta Parra: “Lo artístico lo llevamos en la sangre”

“Mi lado artístico no fue influencia ni de mi tío ni de mis padres. Esto, los Parra lo llevamos en la sangre”, dice Violeta Parra Troncoso, hija de Lautaro Parra, destacado folclorista que falleció en Suecia en 2013. Es sobrina de Nicanor y de la emblemática artista folclórica.

“He dejado muy bien puesto el nombre de Violeta Parra, soy cantante, guitarrista y he tenido la oportunidad de desarrollar producciones musicales. El legado de la familia seguirá presente. Somos 10 hermanos y todos han heredado lo artístico. Ahora venimos nosotros. Con Clarita -cantante y folclorista, hija de Lalo Parra y Clara Moreno- ya nos estamos preparando. Viene el «desparramo», como nosotros decimos que se va a llamar el clan que asomará ahora. Vamos a andar sonando. Tienen Parra para rato”, revela.


Entre la merluza frita y los paseos frente al mar – Ultimas andanzas de Nicanor

“Le gustaba ir a comer a varios lugares, pero venía frecuentemente acá porque nadie lo molestaba. Su plato favorito era la merluza frita con ensalada a la chilena y cerveza”, cuenta Marcela Navarro, garzona del restaurante Tenquehuen. Otro de sus paraderos era la Virgen ubicada en Las Cruces, donde llegaba caminando a paso lento -paseando por los alrededores- y se sentaba por horas a escribir. También le gustaba recorrer la costa en su escarabajo conducido por Tololo, ya que hace cinco años dejó de hacerlo por su avanzada edad.


Pablo Ugarte: el Coordinador Ex marido de Colombina

Uno de los deudos de Parra que llamó la atención y ordenó a la prensa era Pablo Ugarte. Es el vocalista de los ochenteros UPA!, pero fundamentalmente, es un reconocido empresario vitivinícola y padre de Tololo.

El tomó el mando por una razón logística. “Justamente, mi rol fue coordinar todas las actividades del funeral”, explicó. Esto incluyó desde el traslado de la carroza fúnebre, la disposición del Gobierno del velorio en la Catedral (con música de Violeta Parra) y el entierro final en Las Cruces. Una operación que resultó perfectamente coordinada. Fue el nexo también entre los Parra y el CNCA.

Se lo vio tenso y diligente, pero se dio el tiempo para abrazar fuertemente a Tololo en la puerta de la parroquia Nuestra Señora de la Asunción en la misa de despida. Su hijo, junto a su ex mujer, Colombina Parra, eran visiblemente los más afectados por la muerte del antipoeta.
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