Alfredo Sepúlveda: “Lo que se litiga en La Haya estuvo milenios bajo el mar”

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Por J.C. Ramírez Figueroa (2 de abril de 2018, La Segunda)

Un glonfiterio, una especie de mastodonte prehistórico, que da paso a jóvenes manifestantes. Esa es la ilustración de la cubierta de “Breve historia de Chile” (Sudamericana, 2018) del periodista Alfredo Sepúlveda, un repaso de 600 páginas por los hitos que comienza con la primera glaciación y cierra con las consecuencias de las marchas estudiantiles de 2010.

El autor explica que en un contexto dominado por libros que revelan secretos de la historia nacional -desde Baradit a Parvex- “sorprendentemente no había una historia completa con presidentes y generales que se pueda leer en el colegio a la manera de Frías Valenzuela o Castedo”.

Sepúlveda, que también es escritor y editor periodístico, inició esa línea con la biografía de O’Higgins y las historias de la independencia con “Bernardo” (2007) e “¡Independencia! La historia es nuestra” (2010), respectivamente. “La intención es escribir una historia general, ágil y divertida” dice. Aunque el libro apunta más allá de eso y aporta como gran panorámica de nuestro país actual.

Desde los glonfiterios

Dividido en 26 capítulos y escrito como si fuese una novela aunque sin descuidar jamás las fuentes, papers o la investigación académica, el libro avanza por tramos y títulos como “Nuevos Ricos (1884-1890)” o “Punk Rock (1925-1932)”. Este último en relación a la persecución de Ibáñez contra sus opositores, mientras Wall Street caía a pedazos y la breve instauración de la República Socialista.

Pero tampoco descuida hitos específicos: “La guerra de la Independencia (1913-1823)” o el gobierno de Allende en “Los mil días (1970-1973)”. Los años de Pinochet están divididos en dos partes tituladas “La Dictadura” y la transición abarca 1990-2000 (“Civiles y Militares”). El último capítulo se titula sugerentemente: “Los frutos del capitalismo”.

-El primer capítulo (“Volcanes, animales y humanos”) comprende entre el año 64.997.982 Antes de la Era Común (AEC) a 1470 (DEC). ¿Por qué partir ahí?

-Hay que empezar desde el principio, cuando no había nada. Y esta frontera, mágica si quieres, es casi literaria: cuando la historia geológica se funda con la humana. También es un llamado de atención porque sabemos muy poco de nuestra prehistoria. No sabemos sobre las pasiones de los primeros habitantes, ni sus batallas más allá del registro escrito de los conquistadores que rescataron las historias orales.

-Y comienzas con nuestro país despoblado y cubierto de mar.

-Es bueno entender que hubo un momento en que no existimos y lo que se litiga en La Haya estuvo milenios bajo el mar. Es medio poético pensar que recién hace 20 mil años fue la última glaciación y que marca la llegada al territorio de los primeros humanos con una fauna distinta donde había glonfiterios que son estos mastodontes o los milodones cuya piel o caca se puede ver en los Museos de Londres.

-¿Algo que te haya dejado pensando a la hora escribir el libro?

-Tenemos bien documentada la violación de Derechos Humanos durante la dictadura, pero no las muertes del siglo XIX. No encontré ningún dato validado sobre los muertos de la Guerra del Pacífico o la Independencia ¿Cuántos muertos tuvo la guerra de la Independencia? No existía el interés en la época por llevar la cuenta. El valor de la vida humana era muy escaso. En el siglo XX si sacas la dictadura no tuvimos tanta sangre, pero sí inestabilidad. El 31 tienes al ejército enfrentándose a la armada y a la Fuerza Aérea bombardeando su buque insignia.

“Estamos viviendo el 2011”

Sepúlveda se define como divulgador de la historia y su técnica es trabajar con borradores depurados, entrevistas a expertos, revisar textos clásicos y chequear Memoria Chilena. “Como soy divulgador es relativamente más fácil emprender. Los historiadores profesionales trabajan con fuentes primarias. Yo trabajo con las secundarias: libros o papers que se han escrito con los documentos originales. Tengo más manga ancha que un historiador profesional que puede pasar 6 meses en un documento”, explica.

-¿Por qué cerraste con los grandes movimientos estudiantiles en 2011?

-Motivó un cambio de agenda política real y fuerte. La transición se acaba ahí. La nueva generación olvida los temas que la agenda política había alimentado. El tema ahora son las nuevas poblaciones, los frutos del capitalismo, las nuevas familias que se forman y se incorporan a una nueva visión de la modernidad. Ese grito de 2011 ya no es de reforma sustantivas al sistema político, sino de inclusión en él. Nadie quiere botar las murallas, sino forarlas. En base a eso podemos decir que el primer gobierno de Piñera es el último de la Concertación como tal.

-¿Y el futuro, cómo lo ves?

-Predecir el futuro con información del pasado es complicado. Lo claro es que la política actual se basa en suponer que somos un país capitalista. El PC dejó de ser partido de obreros y sindicatos para velar por una clase media baja. No hay relación entre el PC y el Techo para Chile. Los vulnerables no tienen representación política alguna.

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