El sereno adiós de la primera punk chilena

La artista, inspiradora del under ochentero, fue despedida por su padre, Raúl Bulnes, director de la Fundación Neruda, y sus amigos de la escena.

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Por Juan Carlos Ramírez F. (20 de abril 2018, La Segunda)

En los parlantes del Parque del Recuerdo suena fuerte la versión de “Stand by me” interpretada por John Lennon. La canción era la favorita de la artista Kittin Bulnes Damm y fue elegida para encabezar su funeral.

Falleció el miércoles, a las 5:50 de la mañana, producto de un cáncer al páncreas, en la casa de sus padres, Kittin y Raúl, arquitecto y actual director de la Fundación Neruda. Tenía 53 años, dos hermanas (Paula y Camila), dos hijos -Melina Recart y Vicente Gómez- y un nieto. Llevaba cuatro meses allí y con esto terminaba un complejo historial de desencuentros producto de una depresión que la acompañaría desde su niñez en viajes, clases de pintura o el taller donde trabajaba sus expresivos óleos.

“Fue mientras dormía”, aclaró su padre ante más de un centenar de amigos y familiares. Estaba molesto con el aviso publicado en el diario donde se anunciaba una “ceremonia religiosa” antes del funeral. “No somos religiosos”.

A su hija le hubiera gustado esa pequeña rebelión. Después de todo, es señalada como la que introdujo el punk y la new wave a Chile. De hecho, este domingo el grupo Electrodomésticos le dedicará una canción en su show en el Municipal. Su líder, Carlos Cabezas, pareja de Paula Bulnes, la acompañó en este proceso.

Punk glamorosa

A los 21 años, esta chica inquieta, egresada del Francisco de Miranda, de carácter fuerte y fanática de The Clash, dejó de estudiar Arte en la U. de Chile para viajar a Londres. Allá se sumergió en la contracultura juvenil, en transición desde la oscuridad punk al más pop e irónico new wave. Toda esa estética la “nacionalizó” a su vuelta. “La vi en un recital en el Teatro Providencia con la cara blanca, el pelo corto y la ropa ajustada. Era muy parecida a la cantante Annie Lennox. Y me flechó”, recordó el artista Leopoldo Correa. “Nos hicimos amigos. Y un poco más”.

En cuanto se enteró de su muerte, subió a YouTube un registro del lanzamiento de la exposición “Take a pill”, cuando Kittin llegó a la Galería Bucci, en 1986.

Ella aparece con los ojos delineados, muerta de la risa, con chaqueta clara y cabellos parados, exponiendo sus cuadros que juegan con lo pop, el ícono de la cruz y el blanco y negro. Un periodista de Canal 11 le pregunta por su trabajo: “Es algo muy individual, muy personal. Quisiera que hubieran posibilidades (de proyectarme), pero hay pocas”, dice. Y agrega que todo lo hace “por el amor, la vida”.

El editor de la revista La Noche -donde trabajaría entre 2009 y 2011-, Jaime Piña, señala a La Segunda que “fue la primera punk glamorosa de Chile, trabajó con grandes de la escena, expuso con éxito, sin embargo no desarrolla un trabajo conceptual plástico que la posicione. En esos años dominaba el grupo CADA, el arte conceptual y político, quizás la new wave fue vista como una moda, sin compromiso con el momento que vivía Chile. Sólo contemplaban vivir la juventud, sin llorar, detestando el «charango lila», y en un sentido más existencialista de vivir el momento”.

Bulnes integraba el mismo grupo de Bruna Truffa, Sebastián Leyton, Hugo Cárdenas, la fotógrafa Kena Lorenzini, Los Pinochet Boys y Fiskales Ad-hok, además de las fiestas del Garage Matucana o El Trolley. Ella estudiaba dibujo con Eugenio Dittborn y Adolfo Couve, pero su hito ochentero fue aparecer en La Cuarta el año de su regreso, detenida tras un “descomunal escándalo callejero” en Santiago poniente.

El 2011 diría a La Noche: “Milicos c… me destruyeron la vida, más de la mitad de mi familia se fue exiliada. Nueve allanamientos, el primero a mis 9 años, el 15 de septiembre del 73”.

El 2011 se instalaría en Uruguay a estudiar Gestión Cultural, luego se iría a Pucón y colgaría sus obras en Facebook, donde se reencontraría con sus amigos ochenteros (y a veces los bloquearía) . El periodista Boris Bezama, colega en La Noche, la recuerda: “Era un genio iconoclasta, una punketa con pelo amarillo que inundaba de colores disruptivos lo que tenía alrededor. Una tremenda conversadora y una esperanzadora de la vida”.

El gato triste y azul

Paula cuenta que sus últimos meses fueron de reparación. Eso explica la sorpresa de sus amigos frente a la serenidad del entorno familiar de “Melín”, como le decían en casa. “Sabemos que es una contradicción que en medio de esta terrible enfermedad, agradezcamos la oportunidad de despedirnos y reconciliarnos todos nosotros. Y entender que nos queríamos”.

En un par de semanas será cremada y sus cenizas lanzadas al viento en Isla Negra y Coliaco. Al final de la ceremonia suena muy bajito otra canción: “El gato que está triste y azul”, viejo hit de 1979 de Roberto Carlos, mientras nadie se anima a decir nada más.

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