Armando Uribe, poeta: “Para ser un chileno respetable, lo primero es reconocerse tonto”

En junio lanza Vida viuda, sus memorias. Y aunque ni se acordaba de estos textos, escribe todos los días, encerrado frente al Forestal y reflexiona sobre Dios, la memoria, el inconsciente y la tontera.

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Por Juan Carlos Ramírez F. (25 de mayo 2018, La Segunda)

 

“No me diga usted que me queda mucha vida por delante. Eso es casi una maldición”, espeta Armando Uribe (84) en la penumbra de su habitación, acostado en su cama de una plaza y con las cortinas bajas.

Lo acompañan varios anaqueles con cientos de libros cuyos lomos están dados vueltas (no se pueden leer los títulos). Frente suyo hay una silla, un retrato suyo y un crucifijo.

Tiene el teléfono descolgado la mayor parte del tiempo y pasa sus días en cama. “Estoy esperando la muerte. Pero la muerte no llega y sigo acá esperando. Que no es lo mismo a seguir esperando y que no llegue. Ja. Estoy aburrido. ¡Ya está bueno ya!”.

En junio llegará a librerías “Vida viuda” (Lumen), versión corregida de “De memoria = By heart = Par coeur” publicado originalmente en 2006 como continuación del celebrado “Memorias para Cecilia”, donde Uribe repasaba su vida y sus 44 años junto a su esposa, Cecilia Echeverría, fallecida en 2001 tras un ataque al corazón.

Tal como el original, la edición estuvo a cargo de Iván Quezada. El cambio de título fue para calzar mejor con la primera tapa. Fue ampliada con opiniones y reflexiones del autor. “Hubo nuevas grabaciones que añadimos al final del libro, sin perder el original. Con esto terminamos un proyecto de memorias de más de 15 años. El objetivo es que ambos fueran coherentes y que se lea como obra literaria refinada”, dice Quezada.

Una pieza que se suma a las más de 40 publicaciones que Uribe, profesor experto en derecho minero, padre de 5 hijos y Premio Nacional de Literatura ha editado desde su vuelta a Chile en 1990, entre ensayos, poemarios y conversaciones..

El año pasado apareció por ejemplo, “La vanidad de la soberbia” (Catalonia) y “Antología errante” (Lumen). Aunque él no le vea valor alguno en lo que escribe. A un costado de su cama tiene un cuaderno y lápiz, además de una pequeña pantalla LED donde ve televisión. “Veo las noticias. Y escribo todos los días, siempre. Porque sí”, explica, mientras invita a sentarse frente a él.

“El pecado original es la tontera”

Son las 17:30 y el sol ya se está poniendo, lo que vuelve Santiago una ciudad oscura y helada. Pero acá adentro se disfruta de esa calefacción central típica de las firmes y afrancesadas edificaciones del sector.

Su día transcurre entre estar acostado escribiendo o leyendo en la habitación y recibir cada cierto tiempo la visita de un sacerdote para la comunión, algo que para él -cristiano y católico- es quizá lo más trascendental.

-¿Qué le parece lo que está pasando con la Iglesia Católica?

-Mire, hay que entender que es una institución y no una democracia. Hay cargos, jerarquías y organizaciones. Entonces en ese contexto bien poco vale lo que uno opine al respecto. Y está bien que así sea. Pero no me siento con el derecho de opinar por todo lo que ocurre con los miembros de una iglesia. Por otro lado, uno opina de lo que ha visto. Y yo no he visto… Ya me perdí en lo que estaba diciéndole.

De hecho, Uribe se disculpará al menos cinco veces por perder el hilo de las conversaciones. Lo hace de manera instantánea mientras habla, sin dejar a la laguna manifestarse, para retomar la conversación casi de inmediato.

No cree que esto sea particularmente malo, ni quiere ocultarlo. “Estas son las cosas que pasan al envejecer: que uno se pierde en lo que está hablando. ¡Y qué bueno que pase! Porque quizás qué cosas iba uno a decir. Al final, no es tan importante lo que uno piense o diga”.

-Quizá Dios también sufra con nosotros en lugar de permitir explícitamente el dolor en el mundo, como propone Slavoj Zizek.

-¡Ah no! Yo no puedo atribuirme de ninguna manera el conocimiento de Dios. Como pobre ser humano, me reconozco incapaz de dimensionarlo. Evidentemente, uno puede criticar al Papa, pero la divinidad excede con mucho cualquier organización incluyendo la Iglesia. Creo que es la tontera la que domina a este mundo.

Uribe se entusiasma con estos temas. Su voz se vuelve firme y reflexiva, con ecos posiblemente de sus clases en Derecho en la U. de Chile que retomó entre 1991 y 1998. “El pecado original es la tontera y ya está desde antes que existiéramos: ya cuando somos células nos creemos Dios, aún sabiendo desde el inconciente que eso es imposible. Porque una cosa es el pensamiento consciente que tenemos acá en la cabeza, pero hay otro universo enorme que es el inconsciente y que nos determina más de lo que creemos, abarcando desde la punta de los dedos de los pies hasta la cabeza. En ese contexto el pensamiento de uno es bien superficial”.

-¿Y por eso escribe?

-Bueno, no hay día que pase sin que escriba. Mire todos los cuadernos que tengo, ahí detrás suyo.

En efecto, hay una biblioteca completa con cuadernos perfectamente forrados que contienen poemas y textos de su autoría.

-¿Qué quiere que pase con ellos cuando no esté en este mundo?

-No me interesa lo que pase con mis cuadernos. Me da lo mismo.

-Ya, pero esta es una buena oportunidad para evitar peleas por su legado.

-Ah (se ríe). No creo que mis hijos se peleen por mis textos. Se lo digo sinceramente. No es un problema que vaya a heredar cuando me muera.

“Todo me aburre, partiendo por mí mismo”

“Vida viuda” relata su llegada a Chile a fines de los ´80 y su gran decepción con el retorno a la democracia. “Nunca olvidaré cuando Gabriel Valdés me dijo que nadie negaba mis capacidades ni mi inteligencia, pero que era demasiado conflictivo. Me quedó marcado eso. Y no es que sea una persona con una sed de verdad extenuante ni nada de eso. Soy bastante tonto para tenerla. Pero hay cosas que impresionan de nuestro país”, dice mientras se acomoda la frazada para taparse los pies.

“El valor de uno va disminuyendo con los años. Las aptitudes para ver las realidades y escribirlas, se van limitando y borrando con la edad. Estoy convencido por mi experiencia, y por lo que he visto, que vivir mucho en vez de hacerle a uno más sabio, entontece. Envejecer es acumulación de tiempo. Nada más”.

-¿Fue mucha la decepción de la Transición?

-Es que no es bueno teorizar con lo que no sucedió. Para que Chile pudiese haber salido de esto era necesario un acuerdo colectivo, algo así como un De Gaulle colectivo. Y eso no existe. Además, seguimos con las leyes y el marco jurídico de la Dictadura. La minería, para qué hablar.

-Usted se exilió en Francia y alcanzó a agarrar la resaca de Mayo del ´68. ¿Saluda al movimiento feminista?

-Para un cristiano eso del feminismo no es novedad. Partiendo por el mismo Dios en que creemos que no es masculino, aunque uno por las limitaciones del lenguaje lo conceptualiza así. Cristo mismo, aunque encarnó como hombre, su sexo no tiene mayor importancia en la historia de la salvación. Por lo tanto ser un humano y ser feminista sería lo mismo.

-¿Cristo como primer feminista?

-Mire, es que la tontera nos impide ver todo esto. La caída del hombre se relaciona con pensar tonteras y creerse dioses. “No tengan ídolos”, dice Dios y los otros van y hacen un becerro de oro. Yo tengo una frase que aplico a la vida: la fe y el amor, organizado matrimonialmente es la adhesión brutal a ciegas. José Miguel Varas me preguntaba por qué uso la palabra brutal.

-Sí, es radical.

-Bueno, los seres humanos somos carne. Y por lo tanto no podemos tomar una posición en esta vida sino a través de la carne. Y la carne es bruta. A la mayor parte de las cosas que nos adherimos no es por la inteligencia, que para mí es superficial. Si no, por algo más allá de lo consciente.

Uribe, que tiene formación en psicoanalisis y es evidente su manejo en teología, hace gestos de no querer extenderse. Pero los 20 minutos acordados, para evitar su cansancio, ya se han extendido tanto que al salir de su casa ya todo está oscuro y otoñal. Acaricia la grabadora y sigue, entusiasmado:

“Por todo esto, es más genuino reconocerse tonto que construirse una identidad en torno a la conciencia, memoria e inteligencia. Para ser un chileno respetable, lo primero es reconocerse tonto. Partiendo por uno mismo y luego con los alrededores”. Y sonríe, por primera vez con total picardía.

“Eso. Somos herederos y partícipes de esta tontera colectiva”. La luz le golpea en la cabeza de tal forma que no cuesta imaginarlo a los 25 años, delgado, fuerte.

-¿Extraña a Cecilia?

-Todos los días de mi vida. Quiero morirme para reencontrarme con ella. Sé que evidentemente será así.

-Pero le deben quedar muchos años por delante todavía.

-No me diga esas cosas, por favor, que me aburro mucho acá. Ese es mi principal defecto y pecado. Todo me aburre, partiendo por mí mismo.


La versión definitiva

Vida Viuda – Armando Uribe (Lumen, 2018). Segunda parte de las memorias, ampliadas y actualizadas de “De memoria – By Heart- Per coeur”, editada originalmente en 2006 y que funcionó como continuación de “Memorias para Cecilia” (2002), también con una nueva versión publicada en 2016 por el mismo sello. Todas estas quedaron a cargo del crítico y periodista Iván Quezada. La idea, era dejar ambos volúmenes unificados y coherentes.

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