Analizan los peores “tics” de los chilenos

La académica Cecilia García-Huidobro indaga en los defectos nacionales que no asumimos del todo, a partir de textos de Mistral, Lemebel y otros.

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Por Juan Carlos Ramírez F. (5 de junio 2018, La Segunda)

Veintiún defectos -y virtudes- nos distinguirían de nuestros vecinos según Cecilia García-Huidobro Mac Auliffe en el libro “Tics de los chilenos” (2018, Catalonia). En realidad no lo dice ella, sino la misma cantidad de autores seleccionados y cuyo marco temporal va de Adolfo Ibáñez y Joaquín Edwards Bello a Pedro Lemebel, Roberto Merino y Rafael Gumucio. La decana de Periodismo en la UDP se valió de sus crónicas y textos dispersos para hablar de aspectos como “la cultura del alambrito” (arreglarlo todo superficialmente y sin hacerse responsable), “la fobia a la naturaleza” o “el temor a discrepar”.

Esta es una reedición de un texto de 2008 con una nueva cubierta a cargo del ilustrador Alberto Montt. El plan es sacar una segunda parte. “Me interesa incorporar más mujeres. La edición actual incluye solo dos muy distintas pero asertivas ambas: Gabriela Mistral e Isabel Allende”,e explica la autora.

El odio a la imaginación

La Mistral justamente define la chatura de la mente nacional como “imaginafobia”. Allende, “la improvisación vestida de gris”. Distintas formas para referirse a este defecto. “Tenemos que confesar que la imitación aparece en nosotros más que como un gesto, como una naturaleza”, escribe en el libro donde también reclama la pobreza léxica que “alcanza incluso a las cosas mismas, las que muchas veces se quedan sin nombre”.

Deleitarse en la equivocación

La autora tiene claro que hay muchos pecados compartidos con otros países. “Quienes tuvimos clase de Religión y memorizamos los pecados capitales: pereza, lujuria, envidia, sabemos que estos no pueden ser patrimonio exclusivo de los chilenos. Pero la forma de vivirlos sí que es un rasgo que contribuye a conformar nuestra identidad”, explica.

De hecho la mitad de los cronistas estudiados coinciden en la envidia. O chaqueteo. “Es decir, procurar que nadie sobresalga, hay que tironear hacia abajo a aquellos que destacan mucho, no vaya a ser cosa que adquieran demasiado protagonismo. El chileno parece deleitarse como nadie de la equivocación o caída de un compatriota. Los argentinos, por ejemplo, siguen admirando a Maradona; los chilenos, crucificamos a Zamorano por lo del Transantiago”, dice García-Huidobro.

Desconfianza

“Tal vez por eso seamos proclives a arreglar las cosas con leyes como sostiene Guillermo Blanco. «Hace falta una ley» es la frase recurrente ante cualquier problema”.

La improvisación

“Todo para último minuto, basta ver las filas el último día para renovar el Permiso de Circulación”.

No reconocer defectos

“¿Quién dijo que somos un país que tiende a reconocer sus defectos y, más importante aún, encararlos? Se llaman tics precisamente porque son involuntarios, los realizamos inconscientemente o, por lo menos, no a propósito”, explica García-Huidobro.

Para ella que haya autores capaces de verlo no significa que seamos conscientes de estos rasgos. “Somos más bien negadores. Probablemente porque tenemos terror ancestral a lo que digan los otros, o como dice Benjamín Subercaseaux: «Vivimos horrorizados por las posibles consecuencias de nuestras acciones y por la pesadilla del qué dirán»”.

La fomedad

En el libro hay capítulos dedicados a Salvador Reyes y “la ausencia de la sonrisa” o Jenaro Prieto y “el arte de la burocracia”. Todos ellos rozando algo que la autora llama la versión chilena del aburrimiento. “Hasta inventamos la palabra fome. Ya que se trata de un chilenismo que nos gusta vestirlo de sobriedad”.

El feísmo

Los chilenos nos deleitamos en lo feo. Eso lo sabe “Alone” quien llamaba “feomanía” a nuestra aversión por la belleza. “La tentación al feísmo nos hace destruir, como ocurrió con la flamante Línea 6 del metro, con tecnología de punta, que a la semana de su inauguración fue víctima de actos de vandalismo”.

Racismo y clasismo

Aunque no están especificadas en los textos -o quizá lo impregnan todo- la autora dice que son fundamentales. “Ha quedado en evidencia en el último tiempo”.

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