May – No esperaré más

 

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Por J.C. Ramírez Figueroa (14 de mayo 2010, Emol)

Si algo hay que reconocerle a la “generación Jonas Brothers/Hannah Montana” es que reinstalaron las guitarras eléctricas en un ambiente -el pop adolescente o tween- infectado por baladas y productores de R&B. O mejor dicho, volvieron a masificar los viejos códigos del power pop: distorsión, economía de recursos, estribillos chicle y tontas letras de amor. Y, con mayor o menor éxito, eso ya se convirtió en un estandar que también abarca generaciones algo más “adultas”. El debut de May, pseudónimo de Consuelo Shuster (n. 1982), apela a ese universo: canciones al hueso, pedales de efectos incluso en los lentos, ataques a hombres malvados. Un discurso pop de fácil asimilación y que gracias a una impecable producción y trabajo compositivo podrían ser perfectos himnos para la generación post-Fotolog.

De hecho, “No esperaré más”, la canción que abre el disco, parte con las guitarras arriba y con redobles de batería. El coro, por supuesto, es amable y pensado para arrasar en las radios juveniles. “Sé mentir”, recurre a las notas séptimas tanto en las estrofas como estribillos. Un truco de la canción italiana tipo Eurovisión que aporta dramatismo y que hace imposible pasar a la siguiente canción sin terminarla. En “Es mi juego” y “Guille”, a pesar de los acordes que se aproximan al emocore, las letras son algo flojas. Sobre todo en la segunda con un explícito “Siento tu lengua / tan mojada y tan feliz (…) Te adoro Guille / Aunque seas animal”. ¿Puede una lengua ser feliz?

Si bien May parece más cómoda en las canciones más reposadas, sobre todo las de la segunda mitad del disco, son las composiciones rockeras las más interesantes. Aunque “La tonta razón” y “Mil caminos”, con piano y cierto espíritu épico están bien. O “Nadie más”, con su ritmo funky-pop que recuerda a Natalia Lafourcade podría irle bien en mercados mexicanos, jamás son tan explosivas como las más eléctricas. Así, No esperaré más se convierte en un producto bien hecho pero que como obra total sufre cierta indefinición. Aunque, ojo, en este mundo de singles y videos de YouTube eso no es tan grave. Veamos qué pasa en el segundo disco.

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