Arturo Infante: “Todos los candidatos hacen gárgaras con la educación de calidad y ninguno vincula al libro con ella” (12 de noviembre 2013, Plaza Cultura, La Segunda)

El presidente de la Cámara Chilena del Libro celebra las 300 mil personas que asistieron a la feria, y la “venta récord” de libros. Y a la luz de los resultados, saca conclusiones.

arturo infante

Por J.C. Ramírez FIgueroa .Foto, Ricardo Abarca.

Después de cerrar la 33° versión de la Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA), el domingo pasado, el presidente de la Cámara Chilena del Libro, Arturo Infante, pudo descansar un poco. Según cifras oficiales, fueron 300 mil personas las que asistieron al evento desarrollado entre el 25 de octubre y 10 de noviembre en la Estación Mapocho. 25 mil personas más que el año pasado, a pesar de tener un feriado largo.

“Creo que fue la mejor convocatoria de toda su historia”, dice. “Por el público asistente, cerca de 20% más; por los niveles de participación en los actos culturales y presentaciones de libros; por la cantidad de jóvenes que se incorporaron, jamás vista”, enumera.

También destaca las menciones en redes sociales y repercusión en los medios, “algo muy difícil para el libro, que es prácticamente invisible en muchos de ellos”. Sobre las ventas de libros, dice que “hubo ventas récord este año”. Aunque explica que recién en las próximas semanas estarán los números, “te puedo asegurar que los visitantes se llevaron más libros que nunca, sensación general de los expositores, muy satisfechos con sus ventas”.

-¿Como evalúa la “instalación” de la sigla FILSA para identificar la Feria?

-Era una necesidad, para darle localmente una identificación indispensable en el circuito de las grandes ferias del libro en español: FIL (Guadalajara), FILBA (Buenos Aires) o LIBER (España). Lo conseguimos plenamente. Todo el mundo incorporó el nombre FILSA para nuestra feria y dejó de estar difuminada como antes, cuando la llamaban “feria de Mapocho”, “feria de la estación” o “feria chilena del libro”. Este salto lo tenemos acreditado en las menciones en los medios de los últimos 60 días.

-¿Y la creación de nuevos espacios?

-Los nuevos espacios fueron un éxito según los comentarios recibidos y aparecidos en prensa. El espacio infantil, el espacio especial para las pequeñas editoriales o el de las editoriales independientes argentinas agotaron sus stocks. Muy celebrados los espacios de descanso y cafeterías. El “Foro de la palabra” (domo instalado en la entrada) comprobó que era un indispensable complemento de las salas disponibles en la Estación, ya que funcionó plenamente como un espacio cálido y acogedor de debate ciudadano.

“«FILSA pa’l que lee» era un riesgo”
-¿Cuales serían los puntos a corregir para la versión de 2014?

-Pienso que debemos masificar la transmisión por TV en streaming para que las provincias puedan también beneficiarse de los actos culturales.

-Pero, a mediano plazo, ¿existe la idea o voluntad de trasladar la FILSA a un sector especialmente dedicado al evento? Sabemos que la Estación Mapocho no reúne todas las características.

-Este es un problema de difícil solución, pues la ciudad de Santiago carece de un recinto ferial apropiado para esta feria. La Estación es lo mejor que tenemos disponible y además es un recinto noble y hermoso. Debemos hacer esfuerzos conjuntos para resolver los problemas de acceso y estacionamientos. Pero eso requiere de voluntades que deben considerar este evento como fundamental para la ciudad. Si se puede parar una ciudad entera para una maratón o corrida ciclística, no veo por qué no se pueden destinar unas cuantas calles para que los amantes de los libros puedan estacionar tranquilamente sus autos los fines de semana, que es cuando se produjeron los grandes colapsos de acceso.

-¿Algo que concluir con respecto al intercambio de opiniones por el eslogan «FILSA pa’l que lee»?

-El éxito demostró que era sólo eso, un eslogan, nada más, que quería imponer una marca y formaba parte de una campaña publicitaria para desacralizar la feria y hacerla más cercana, preferentemente a los jóvenes. Las opiniones deben ser respetadas, asumiendo que algunas pueden venir cargadas de segundas intenciones. “FILSA pa’l que lee” era un riesgo para un país sustancialmente conservador. Pero el apoyo al eslogan se fue dando en la medida en que se fue entendiendo el conjunto de la propuesta y terminó siendo mayoritario. Seguramente ayudó a que importantes escritores e intelectuales defendieran desde la partida su legitimidad, partiendo por el ministro de Cultura, que lo dijo públicamente.

-Tener a los países nórdicos como invitados de honor para 2014 sería una gran oportunidad para abordar su modelo educativo…

-De cada uno de estos países -Suecia, Dinamarca, Islandia, Noruega, Finlandia- tenemos mucho que aprender. No sólo de su literatura, sino que también de sus tradiciones y cultura. Suecia ha sido por mucho tiempo un modelo de bienestar social. Acogió a miles de chilenos que hicieron ahí su vida y que hoy son parte de esa cultura: artistas, escritores, profesores. Chilenos-suecos asimilados al país. Incluso concejales y parlamentarios de origen chileno.

-Finlandia es un modelo educativo mundial hacia donde Chile está mirando atentamente. Islandia es también un modelo de libertades civiles muy interesante de conocer. Una embajada cultural inédita que seguramente nos sorprenderá. Procuraremos una muestra de toda su producción literaria disponible en español.

-¿Cómo evalúa las propuestas de los candidatos con respecto a la lectura?

-Todos hacen gárgaras con la educación de calidad y ninguno vincula al libro con ella. En los capítulos programáticos relacionados con el tema, de los candidatos con posibilidades de ser electos según las encuestas, sólo hemos visto vaguedades. Parece que el modelo chileno de construcción de lectores de los últimos treinta años hubiera sido un gran éxito y que se requiere más de lo mismo.

-Si los chilenos no entendemos lo que leemos y criticamos el precio de un libro y no de un smartphone, ¿no deberíamos preocuparnos de verdad?

-Chile construyó una gran deuda con la ciudadanía en materia lectora desde el retorno a la democracia. Eximimos a la dictadura que evidentemente prefería que nadie leyera. Lo acusan todos los índices: de lectura, de comprensión, de librerías o de visitas a bibliotecas. Fue indiferente al tema. Hasta le asustó sacar el IVA y prefirió la opinión de los tecnócratas a la de los hombres de cultura. Tampoco creó condiciones para aumentar la base lectora. Esta deuda es tan grande como la de la educación, la salud o las pensiones. Para pagarla y cambiar las cosas se necesitan medidas urgentes y además valientes. El analfabetismo funcional no está acompañando al desarrollo. No verlo es una miopía.

-Como presidente de la Cámara Chilena del Libro, ¿qué lo atormenta y enrabia?

-Hacia fuera me aflige ver que la preocupación por el lector y su destino es recurrente en el discurso político, pero nadie es capaz de ponerle el cascabel al gato. Hacia dentro, me aflige ver a muchos colegas creyendo que la lucha por el destino del libro en Chile comienza y termina en su negocio.

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